Jean Delumeau, historiador francés de las religiones: "El cristianismo debe dar a la mujer un lugar a la par con el del hombre"

Es uno de los mayores historiadores franceses, cultor de la "historia de las mentalidades".

Cuando Jean Delumeau acuñó la noción de la “pastoral del miedo” probablemente no imaginó la fortuna que tendría. Se refería al énfasis, entre los siglos XIV y XVIII, en los aspectos más amenazadores del cristianismo: en el infierno más que en el paraíso, en la confesión más que en perdón, en el castigo más que en la misericordia.

No sólo por su edad, Delumeau (nacido en 1923, cumplirá pronto los 93 años) es uno de los historiadores mayores de Francia. Profesor emérito del Collège de France, comenzó su carrera como historiador económico (por consejo de Fernand Braudel), pero pronto derivó hacia la historia de las mentalidades y la religión. Alcanzó una gran notoriedad con sus obras sobre los temores: El miedo en Occidente (1978), su libro más difundido, y  Le Péché et la peur (1983), el más extenso. 

Pero no sólo se ha ocupado de los miedos, sino que ha seguido otros caminos, como los remedios al miedo: el sentimiento de seguridad y las esperanzas celestiales, que culminan con su Historia del paraíso (3 tomos, 1992-2000), que ahora cuenta en castellano con su versión resumida: En busca del paraíso (FCE/Luna, 2014). Posteriormente ha escrito una biografía del dominico del siglo XVII Tommaso Campanella, profeta apocalíptico, lector erudito y de saberes esotéricos: El misterio Campanella (2008; Akal, 2014) y un conjunto de ensayos sobre temas diversos que van desde sus ideas sobre la Iglesia católica actual (es católico practicante) hasta su vida como historiador: L´avenir de Dieu (2015). 

¿Ha sido un problema o una ventaja ser un historiador de las religiones y, al mismo tiempo, creyente?

Creo que ha sido una ventaja para mí ser cristiano, nacido en una familia católica, para después convertirme en un historiador del hecho religioso cristiano. Era capaz de vivir desde dentro la religión que luego traté en mis libros. Al mismo tiempo, puede ser que haya sido -y soy- más sensible que otros a las dificultades y problemas que el cristianismo encontró en la historia. Probablemente soy más receptivo que un agnóstico a los problemas (radicalmente nuevos) que enfrenta el cristianismo de hoy.

En El miedo en Occidente afirma que la civilización occidental ha cruzado entre los siglos XIV y XVIII una fase de profunda inquietud y angustia. ¿Cuál fue el inicio del gran sentimiento de culpa?

Creo que la peste negra de 1348-1350 se vivió en Occidente como un enorme cataclismo, en cuanto se trataba de una enfermedad de la que se había perdido memoria, al menos en Europa Occidental y Central. Esta zona geográfica pierde, de hecho, en menos de tres años al menos la mitad de su población. Hay que recordar, por otra parte, que el miedo a los sucesivos regresos de la plaga se mantuvo en Europa hasta la epidemia que asoló a Marsella en 1720 y se llevó en algunos meses la mitad de la población de la ciudad (60 mil de 120 mil  habitantes). Pienso, en consecuencia, que la epidemia de 1348-1350 marcó una herida durable en la historia de Europa, incluyendo el punto de vista religioso, invitando de alguna manera a enfatizar los castigos divinos que afectaban a la población pecadora.

Es entonces cuando se desarrollan aspectos como el énfasis en el pecado, el infierno, lo que llamó “pastoral del miedo”. ¿Continúa algo de eso?

No creo que el discurso cristiano de hoy deba volver a la “pastoral del miedo” (del purgatorio o del infierno), de la cual el catolicismo ha abusado alguna vez. Por el contrario, me parece hoy necesario que se insista en los “fundamentos” del Evangelio: el amor mutuo, la paz entre las naciones, la ayuda recíproca, la salvaguarda de la tierra, nuestro hogar común. Al mismo tiempo, me parece que el culto cristiano debe privilegiar la sobriedad de las ceremonias y de los trajes litúrgicos. Además -y subrayo esto- creo que el cristianismo, sobre todo en su versión católica, debe finalmente dar a la mujer el lugar que debería ser el suyo, es decir, a la par con el del hombre.

¿Cómo se interesó por Campanella, personaje curioso?

Fue un poco por azar que me encontré con Campanella en el curso de mi recorrido como historiador. Yo le había concedido un lugar bastante modesto en mi Civilisation de la Renaissance (1967). Sin embargo, poco tiempo después tuve la oportunidad de tratar largamente en París a Marguerite Yourcenar, quien entonces contemplaba escribir sobre Campanella, lo que no hizo. Muchos años después de su muerte, retomé ese proyecto por mi cuenta: de ahí la biografía que he dedicado a él, después de completar mi Historia del paraíso. Es un personaje muy representativo del período que llamamos “Renacimiento”, con su mezcla de sueños y de anticipaciones.

En La Ciudad del sol la educación es obligatoria y gratuita. ¿Es sólo utopía?

En la obra de Campanella la escuela gratuita y obligatoria se presenta como una especie de sueño utópico… el que se ha convertido en realidad en los siglos XIX y XX.

Después de haber examinado siglos de altibajos de la historia cristiana. ¿Cómo cree que está ahora?

En tanto que historiador constato que nunca hubo en el pasado un período comparable al que estamos viviendo en el presente. Los siglos XIX y XX, y ahora el comienzo del siglo XXI nos han aportado inventos y avances tecnológicos inimaginables con anterioridad. Y uno puede legítimamente preguntarse cuándo podremos vivir un período de estabilidad. No se puede discutir que todo nuestro conocimiento, lo mismo que todos nuestros conceptos religiosos y filosóficos, deben ser reexaminados a la luz de esta situación totalmente inédita en la historia. En otras palabras, estamos viviendo hoy una etapa a la vez apasionante y perturbadora del destino humano.

Tras los atentados de 2001 en Nueva York o los más recientes en París, ¿entró Occidente en una nueva fase del miedo?

Con el colapso del imperio soviético se esperaba entrar en un período de equilibrio y apaciguamiento. Los ataques de 2001 en los Estados Unidos y los del año pasado en París demuestran lo contrario. No sólo el miedo sigue estando a la orden del día a nivel mundial, sino que además esta es una situación que era inimaginable antes. De ahí, nuestra legítima preocupación.

Ha dedicado un estudio detallado al paraíso. ¿Qué representa para Ud.?

En mi proyecto original la historia del sentimiento de seguridad y el de las esperanzas paradisíacas debían constituir un conjunto historiográfico, un largo itinerario coherente y continuo. Pero me tomó más de 20 años realizarlo después de mis precedentes historias de los miedos. Temí muchas veces no ser capaz de llegar al final de esta empresa. Estuve apoyado a lo largo de este trayecto por la asiduidad del público parisino, como el que tuve, durante años, en mi curso en el Collège de France.

¿Y cree en el paraíso?

Ese largo trayecto me condujo lógicamente al paraíso, al que reservé tres libros consagrados sucesivamente al jardín de las delicias, a la esperanza de un período de mil años de felicidad sobre la tierra y a la tensión sobre una situación de felicidad definitiva más allá de la muerte. Ese futuro paradisíaco parece ahora inimaginable para el hombre, contrariamente a lo que creían los artistas y los poetas de la Edad Media e incluso de la época clásica. Pero eso no quiere decir que constituya un sueño sin consistencia, en el que todavía creo.

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