La guerra por el anime

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Netflix, Amazon, Crunchyroll y varios otros protagonistas de la industria del streaming buscan frenéticamente conseguir y producir la mayor cantidad de animación japonesa posible. El dinero que mueve este centenario género, además de la diversidad de historias y de públicos que atrae en el mundo –Chile incluido- está detrás de esta competencia.




A mediados de 2007, Natsuki Matsumoto, un profesor de cine de la Universidad de Artes Musashino, en Japón, deambulaba por un mercado de cosas usadas en Osaka cuando descubrió un tesoro: dentro de un paquete había una copia perfectamente preservada de Namakura Katana, una obra sin sonido de 1917 que dura dos minutos y que resultó ser la animación japonesa más antigua conocida. La cinta trata sobre un samurái que compra una espada roma que no sirve para nada y convirtió a su director Junichi Kouchi en pionero de un millonario y popular género conocido hoy como anime y que, justo cuando cumple un siglo, está siendo tomado por asalto por los gigantes del streaming en internet.

A comienzos de agosto Netflix anunció 13 series y películas animadas nuevas y originales que ofrecerá durante los próximos años y mostró el fuerte interés de la empresa en este arte nipón. Desde Tokio, la meca del anime, Greg Peters, ejecutivo de Netflix que ha vivido los últimos tres años en Japón explicó que la nueva programación estará a cargo de algunos de los estudios más prestigiosos en esta área, tales como Bones –que creó la popular serie Fullmetal Alchemist- y Project I.G, responsable de la clásica película Ghost in The Shell.

Además de estas producciones, destaca un nuevo filme original sobre el clásico monstruo Godzilla y una serie basada en los recordados Caballeros del Zodíaco, que se sumarán a Naruto, Death Note y otras licencias de terceros que ya ofrece Netflix. "Queremos pensar en nuestra plataforma como un ventilador del anime para el mundo", dijo Peters.

Pero la empresa estadounidense no está sola en esta carrera: Amazon y Hulu también se han sumado a la moda. A comienzos de año Amazon lanzó a través de su plataforma Prime un canal dedicado a este género llamado Anime Strike, y hace unos días Sony pagó 143 millones de dólares por Funimation, el mayor distribuidor de anime en Estados Unidos que ya tiene su propio servicio streaming llamado FunimationNow.

A esta tendencia se suma la arremetida de Crunchyroll. La empresa, disponible en Chile y Latinoamérica mediante plataformas como la consola PlayStation, es uno de los mayores servicios de anime vía streaming del mundo, con un millón de suscriptores y más de 25 mil episodios. En julio la compañía anunció una sociedad con NBC Universal Entertainment Japan para crear sus propias series, las que tendrán un "carácter lo más internacional" posible.

Para entender este súbito interés por la animación japonesa, basta mencionar el dinero que mueve este mercado: según la Asociación de Animadores Japoneses, la industria generó 15,9 mil millones de dólares en 2016. "El anime ha sido un fenómeno mundial desde la década de los 80, pero si bien se ha convertido en una tendencia muy conocida en Japón todavía sigue siendo un mercado de nicho en Europa y América. No obstante, ese segmento ha ido creciendo paulatinamente y Netflix está reaccionando a ese cambio. Eso no significa que todos sus suscriptores estén viendo anime, pero una parte considerable de ellos lo está consumiendo y se ha vuelto lo suficientemente grande como para que la empresa invierta más en este género", explica a Tendencias Marc Hairston, físico de la Universidad de Texas en Dallas y experto en anime.

De hecho, el año pasado Todd Yellin, vicepresidente de innovación de productos en Netflix, le dijo a la revista Wired que sólo el 10 por ciento de los usuarios de su plataforma que ven anime reside en Japón y los demás se reparten en el resto del mundo. En la reciente conferencia realizada en Tokio la empresa incluso mostró un mapa con las zonas del planeta más interesadas en este género y en él destacaban Norteamérica, Brasil y Chile.

De Japón para el mundo

Los analistas coinciden en que, además del dinero y el atractivo que genera el anime, hay razones prácticas para invertir en series propias como las que están creando Netflix y Crunchyroll. La primera es que el contenido original les facilita la vida, ya que no tienen que lidiar con licencias distintas para cada región que impiden que puedan ofrecer el mismo catálogo en el mundo. Además, cuando esos contratos vencen las series o películas simplemente desaparecen de sus parrillas sin importar si los usuarios terminaron de verlas o no.

Roland Kelts, autor del libro Japanamerica: Cómo la cultura popular japonesa ha invadido Estados Unidos, explica a Tendencias que crear contenido propio es "mucho más eficiente que lidiar con los comités de producción en Japón, los cuales tienen varios participantes que aportan pequeñas cantidades de dinero y son dueños parciales de los derechos, que demoran las negociaciones y a veces las bloquean".

La diversidad de la animación japonesa es otro rasgo que seduce a las empresas, que encuentran en este género una amplia gama de historias que van desde los deportes hasta el terror, y un sin fin de combinaciones entre sí. "Usualmente, los géneros más populares son los de acción/aventura, la ciencia ficción y el romance. De hecho, Yuri On Ice es hoy un fenómeno enorme entre los fans", señala Kelts, refiriéndose a una popular serie que trata sobre patinaje artístico y que ha sido alabada por la inclusión de una pareja gay. Según un informe de la consultora Kadokawa Ascii Research, Yuri On Ice fue el anime que generó más publicaciones en Twitter cuando se estrenó a fines de 2016 –más de 1.400.000- y en los Anime Awards entregados por Crunchyroll se llevó premios como "anime del año", "mejor obertura" y "mejor pareja".

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La exitosa historia de patinaje artístico Yuri on Ice.

La exitosa historia de patinaje artístico Yuri on Ice.[/caption]

Esta variedad de temáticas también se refleja en el aspecto demográfico, señala Susan Napier, experta en animación japonesa de la Universidad Tufts en Estados Unidos y autora de Anime de Akira al Castillo Ambulante: experimentando la animación japonesa contemporánea. "Todavía se inclina hacia los hombres jóvenes, pero hay muchos otros que son más adultos. Hoy también existe una proporción 50/50 en términos de presencia de género, algo muy distinto a lo que ocurría en un comienzo cuando predominaban los hombres", dijo a Wired.

"Hay una gran cantidad de fans más adultos que, como yo, tienen más dinero para pagar una suscripción a sitios como Netflix, pero creo que al menos en Estados Unidos el interés despegó con la generación que se interesó en Pokémon en los 90. Desde entonces, todos han crecido con un género como el anime que se convirtió en otra parte más de la cultura popular, tal como pasó con las producciones de Marvel. Conozco a varias personas de 30 años que juegan Pokémon Go regularmente en sus celulares", dice Marc Hairston.

En cuanto el creciente interés de las mujeres en la animación japonesa, Roland Kelts cree que ciertos "títulos clave como Sailor Moon en la categoría del manga y anime tipo shoujo –un subgénero enfocado en adolescentes y niñas más jóvenes- atrajo a muchas fans a partir de los 90. Hoy existen muchos personajes femeninos fuertes en las obras del Estudio Ghibli (La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro)". El experto agrega que la supervivencia del anime depende precisamente de cautivar a distintos tipos de audiencias más allá de Tokio: "En Japón, el mercado se está retrayendo debido a los bajos índices de natalidad y la consiguiente caída en el dinero que gastan los jóvenes. Por eso, fuera de Japón el streaming debería convertirse en parte esencial del futuro del anime".

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