La lenta reconstrucción de Chanco

A cuatro años del 27/F, los vecinos de esta Zona Típica piden celeridad en la reconstrucción de sus casas. Las autoridades dicen que hay avances, pero los plazos se han extendido. 




La postal de Chanco es sacada del siglo XIX. Las decenas de casas conservan tejuelas de arcilla, corredores largos y ventanales que hacen ver a los afuerinos que en ese pueblo del Maule aún se preserva la herencia colonial y campesina. Sin embargo, muchas propiedades lucen un candado en la puerta, una letra "X" y la leyenda: "Inhabitable".

 En otras esquinas se puede ver el permanente ajetreo de obreros levantando viviendas nuevas de ladrillo, donde antes había adobe y paja. 

Se trata de la Zona Típica más afectada por terremoto del 27/F, en el Maule. Juan de Dios Letelier se ve atareado: dice que hace unos días terminó de poner cerámica a su casona nueva. Tiene una fachada de tres metros de altura, es de un color azul profundo y sus puertas son de madera nativa. Todo se ve listo, pero afirma que "hace varios meses me dijeron que está terminada, pero aún no me puedo ir a vivir. Ha sido una espera demasiado larga (...). Por mientras vivo en la mediagua que está en el patio de atrás". Junto a otros 15 chanquinos, tiene su vivienda patrimonial a la espera de la recepción final. Reconoce que ha sido duro: su propiedad se desplomó y sólo hace cuatro meses se comenzó a trabajar. Todo reluce, pero ansía poder mudarse allí. Letelier es la cara de una reconstrucción que ha demorado más de lo planificado: en 2010 recibieron los subsidios -cada vivienda tiene un costo de 708 UF-, pero el trámite de diseñar y aprobar los proyectos llevó a que se comenzaran las obras recién el año pasado.

El catastro del Ministerio de  Vivienda indica que 162 familias recibieron el beneficio. De ese grupo, 56 corresponden a rehabilitaciones de propiedades patrimoniales y 106, a casas nuevas. Setenta de ellas están en obras, aclara la cartera. Juan Hormazával Figueroa, quien tenía una casa de 100 años, dice que también postuló a la ayuda, pero la casa nueva no llegó. "Y uno se pregunta: ¿Por cuánto tiempo tendré que vivir en una mejora con mi esposa y dos hijos? Nadie dice nada". Por ahora, guarda como un tesoro algunas tejas de su antiguo hogar, con el fin de reponerlas algún día.

En la vecina calle San Ambrosio, Margarita Amaya conversa con sus maestros sobre los avances de su obra. Se ve contenta, pues en noviembre comenzaron las faenas: "Mi casa era de adobe, la compré con mi esposo y acá crecieron mis hijos. Se cayó, pero tendré una nueva. Aunque nunca será lo mismo, porque tenía cuatro dormitorios, era fresca en verano por lo grande". Dice estar conforme, aunque le inquieta pasar otro invierno en la mediagua que le dieron tras el terremoto.

La directora del Serviu del Maule, Clarisa Ayala, califica el proceso como "positivo", aunque admite que los plazos se han extendido por "baja cantidad de profesionales que trabajen este rubro". Por ejemplo, hubo un consultor que no logró la aprobación de los proyectos, lo cambiaron y generó demoras. Cada diseño lo revisa el consejo, lo que también lleva tiempo. Luego, se buscaron constructoras interesadas, pero en la comuna hay pleno empleo y poca especialización en patrimonio.

Junto con los vecinos que ya tienen sus obras en curso, hay otros que, expectantes, aún no han visto cambios en sus propiedades. Cristián Orellana cuenta que la casona aún está inhabitable, la que será remozada: "Para mí es vital, porque es la única herencia familiar. Quiero  volver a tener una hermosa casona, pero no pasa nada".

Del total de rehabilitaciones patrimoniales, todas están aprobadas, pero no se inician. El mismo caso vive la Parroquia San Ambrosio, emplazada en el siglo XIX, la que se derrumbó en 2010. Francisco Hormazával, párroco local, sostiene que mientras no cuentan con una iglesia, realizan las misas en una carpa al aire libre. "Mantengo viva la esperanza", dice. El MOP realizó el diseño e informó que luego de esto se buscará financiamiento para la edificación en el gobierno regional en 2014.

Christian Muñoz es presidente de la Cámara de Comercio local y dueño de un inmueble erigido en 1782. Vigila a los maestros que reconstruyen su casona todos los días: "¿Sabe cuál es la conclusión? Mucha gente quería que el pueblo dejara de ser Zona Típica, porque eso impidió que se edificara en menor tiempo". Admite, sin embargo, que pese a lo sucedido, "hay turismo y pese a todo quieren ver lo que quedó. Alguien debió haber agilizado esto".

El director de Obras del municipio, Francisco Rojas, plantea que aún no hay personas viviendo en sus casas patrimoniales, pero afirma que "ha sido un desafío mayor construir y generar una guía especial para poder diseñar y preservar. Estamos trabajando para que en el menor plazo posible los vecinos puedan retornar".

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Aunque se trata de una investigación básica realizada en ratones, el científico que dirige el estudio, Baptiste Piqueret, asegura que los resultados "son prometedores".