La Telenovela Errante de Raúl Ruiz: un modelo para armar

Durante 25 años, los negativos, la copia y el guión de la primera película que el director rodó en Chile tras el retorno a la democracia estuvieron repartidos entre Santiago, París y EE.UU. Nunca se estrenó. Hoy su viuda Valeria Sarmiento trabaja para exhibirla a fin de año.

Luis Alarcón dice, con ciertas dudas, que era una citroneta. Francisco Reyes, bastante más convencido, asegura que no, que era un Fiat 600 y que él lo manejaba. Ambos eso sí, coinciden en que fue en una calle en la comuna de Providencia, tal vez cerca de la casa de algún amigo. El imposible vehículo no daba más y ambos debían empujarlo cuesta arriba. De cerca, Raúl Ruiz y su pequeño equipo de filmación los seguían, registrando los pormenores de una de las escenas de La telenovela errante. Todo era parte de una fiesta intelectual y sensorial de Ruiz en su retorno a Chile tras el fin del régimen militar. Era su película 121. Su largometraje perdido.

Rodada en seis días de noviembre de 1990 en Santiago, La telenovela errante ha sido profética en muchos sentidos, empezando por un título que en parte se cumplió: tomó un camino errabundo, no se supo demasiado de ella por 25 años y recién el año pasado comenzaron a unirse las diversas piezas de lo que parecía un rompecabezas insoluble. Quienes decidieron meterse en el trabajo de hormiga fueron la actriz Chamila Rodríguez y el montajista Galut Alarcón, que a través de su productora Poetastros obtuvieron 90 millones de pesos del Fondo de Fomento Audiovisual para devolverle la vida al largometraje.

Ayudada por las pistas que le iba dando Valeria Sarmiento, la cineasta y viuda de Raúl Ruiz, Chamila Rodríguez supo además de la copia de trabajo que el cineasta había dejado en la Universidad de Duke (Durham, Estados Unidos), de los negativos que mantenía la Cineteca Nacional y de un guión en perfectas condiciones que Raúl Ruiz había dejado en un clóset de su departamento en París. Hace sólo una semana volvió desde Duke con siete latas bajo el brazo. El resto de este peregrinaje de reestructuración está aún por hacer: implica un montaje definitivo y la filmación de nuevas escenas. Todo estará a cargo de Valeria Sarmiento como directora general del proyecto, Chamila Rodríguez como directora artística y productora ejecutiva y Galut Alarcón en calidad de montajista y director de post-producción.

“Nosotros estábamos haciendo un ciclo a mediados del 2015 que se llamaba Making of: Trabajar con Raúl Ruiz, dedicado a su obra. Lo hicimos junto a Galut Alarcón (hijo del actor Luis Alarcón). Un día se le acercó el diseñador Pablo Martínez y le dijo que tenía en su casa material de la película. Finalmente, le mostraron varias horas de un making of de La telenovela errante. Para Galut fue fascinante, porque él mismo tuvo un pequeño rol en La telenovela errante”, explica Chamila Rodríguez, que actuó en tres producciones de Ruiz, incluyendo la póstuma La noche de enfrente (2012).

Con un elenco muy amplio, La telenovela errante tiene entre otros actores a Luis Alarcón, Francisco Reyes y Mauricio Pesutic. Como sucede con Ruiz, no hay una historia clásica, sino que un mosaico de situaciones cuyo eje central es la idea de que Chile se ha convertido básicamente en una telenovela. Al menos eso era lo que el cineasta pensaba del país en 1990.

Esta gran telenovela que es Chile es de signo neoliberal y consumista. Desde París, Valeria Sarmiento explica su visión: “El filme es una reflexión sobre el Chile de los años 90, los primeros pasos en esa nueva democracia tan especial después de la dictadura”. La telenovela errante fue además la primera obra que Ruiz hacía en el país tras el régimen de Pinochet. Su filmación fue simbólica y al mismo tiempo una casualidad: el realizador estaba embarcado en una producción para la BBC y mientras hacía un taller decidió enseñar haciendo una película.

“Cuando Raúl filmó La telenovela… yo no estaba en Chile. En esos momentos estaba preocupada de terminar y presentar en festivales mi película Amelia Lopes O’Neill. Pero nos llamábamos casi todos los días por teléfono y me habló de un ‘atelier’ para técnicos y actores con la complicidad como siempre de sus amigos. Como le sucede a los verdaderos artistas, para él era la posibilidad de experimentar una nueva forma”, recuerda Valeria Sarmiento, que afirma que el plan es estrenar a fin de año.

En rodaje

La realidad que Ruiz encontró en Chile en 1990 tiene poco que ver quizás con la telenovela que conoció a fines de los 60, cuando rodó Tres tristes tigres (1967). En la película hay bastante bar, cantina y conversación de noche, pero ya nada es en blanco y negro, sino que campea un desaforado color. Los diálogos, en cualquier caso, siguen siendo Ruiz en estado puro, como cuando Mauricio Pesutic dice: “Como le iba diciendo, irse no lleva a ninguna parte, porque hay que ser muy ido para haber querido irse donde no había por qué irse. Si ayer ya lo habían dicho: no había que irse”. Y Francisco Reyes responde: “Yo no iba a lo que había que haber hecho, sino que había que hacerlo cuando había que haberlo hecho; si no, no se hace de frentón”.

Es el mismo país de personajes que no dicen nada con muchas palabras y donde hay premoniciones como ésta: en una escena Francisco Reyes se dispone a ver una teleserie turca, hit de la TV local. Todo este material, que Ruiz escribía sobre la marcha con abrumadora rapidez era entregado a los actores día a día y hora a hora.

Había que adaptarse al ritmo del cineasta, pero eso no era problema: en 1990, todos querían aprender del más grande de los cineastas chilenos.

“Yo llegué a ver el rodaje invitado por mi papá, pero al mismo tiempo tenía la tarjeta amarilla de él. Evidentemente había una complicidad entre él y Raúl Ruiz, donde la familia no entraba. Un día me llegó un papelito con un diálogo escrito a mano y terminé actuando en la película”, recuerda el montajista Galut Alarcón. Tras realizar una edición final de una hora y 40 minutos a partir de las tres horas y media originales de Ruiz, Alarcón aventura la siguiente explicación de la trama: “La película parte muy parecida a una teleserie real, con actuaciones muy engoladas y acartonadas. Hay tres o cuatro niveles narrativos: está la teleserie de las mujeres abandonadas, que fueron dejadas por sus maridos; la de las retornadas, que volvieron del exilio; la teleserie de espaldas, donde los personajes son pelucas que dan la espalda; y la teleserie errante, que es esta especie de telenovela árabe o turca, de colores muy fuertes, kitsch. En un momento los niveles narrativos se entrecruzan y los parlamentos dejan de ser tan populares e irónicos para ser más cultos y en versos endecasílabos”.

Rodada en diversos sectores de Providencia, en casas de amigos y hasta en un sitio eriazo donde se construiría un edificio, La telenovela errante pasó por Santiago como una experiencia irrepetible que duró de lunes a sábado para extinguirse en silencio. Nunca se vieron los resultados y cuando hoy se les pregunta a los actores por la filmación, se toman su tiempo para recordar.

“Hasta que vi hace poco algunas escenas, no me acordaba para nada. De hecho, aparezco haciendo una brillante disertación sobre La Araucana, de Alonso de Ercilla, y ni siquiera sé como se nos ocurrió eso. Las que sí se me vienen a la cabeza son las escenas del auto que empujábamos y, sobre todo, una conversación con Francisco Reyes. Estábamos comiendo y, de repente, le venía un ataque de epilepsia. Se caía al suelo, se mordía la lengua, se cortaba un pedazo y yo le pedía al mozo que me trajera un vaso con sangre de pollo. De los que había en un gallinero que estaba ahí mismo. Francisco Reyes se tomaba la sangre y la lengua se recuperaba. Me acuerdo por lo raro, obviamente”, cuenta Luis Alarcón, que actuó en ocho películas de Ruiz, incluyendo su debut El tango del viudo (1967).

El que no había estado nunca en un set con Ruiz era el propio Francisco Reyes. Después de La telenovela errante lo acompañaría en cuatro producciones, incluyendo Días de campo (2004) y La recta provincia (2007). “Significó que yo conociera el estilo de trabajo de Ruiz: por ejemplo, de repente desaparecía durante una o dos horas y volvía con unos diálogos nuevos para mí. Nunca supe tampoco quién era mi personaje. Uno se sentía tonto preguntándole esas cosas. No tenía sentido. Yo era sólo un color con el que pintaba. Sólo puedo decir que era un tipo que se parecía a un viejo político radical: hablaba y comía demasiado”.

Para Reyes resulta hasta hoy inexplicable la pérdida de la pista de La telenovela errante por casi un cuarto de siglo: “Nunca nadie me lo pudo explicar”. Con Ruiz, a fin de cuentas, nunca se sabe qué más puede aparecer bajo las piedras. Creó demasiado y Valeria Sarmiento lo sabe: “En el closet donde encontré el guión, hay mucho más, novelas comenzadas y no terminadas, piezas de teatro, cuadernos, etc. Aún queda mucho material por clasificar y varias películas por terminar. Raúl como Pulgarcito dejo muchas piedritas para volver a casa”.

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