La vida al otro lado del muro de la Legua

Un grupo de 22 familias de la Villa San Joaquín vive separado por un muro de los pasajes más peligrosos de La Legua. Esa -aseguran- es la única defensa que tienen frente a las balas que llegan a sus paredes provenientes de los enfrentamientos entre narcotraficantes. La intendencia comenzó el jueves pasado a derrumbar el muro, pese a la resistencia de los vecinos.




Lo primero que se nota al entrar a la Villa Los Jardines, ubicada al norte de la comuna de San Joaquín, es que no es una población común. El pavimento recién asfaltado revela que fue construida hace poco tiempo. Sin embargo, el abandono es notorio. El pasto parece no haber sido cortado desde que fue sembrado, creciendo sin control y llenándose de basura en algunas partes. En la población hay un solo almacén con unos pocos productos a la venta y casi no pasa locomoción colectiva. Las casas, hechas de ladrillo en el primer piso y de material ligero en el segundo, han sido reforzadas por sus propios habitantes con tablas, rejas y ventanas más gruesas de lo normal.

Por esas calles parece haber poca vida. Los juegos infantiles están totalmente desocupados, porque los niños ya no salen a jugar, mientras que los adultos caminan apurados por la vereda y evitan acercarse al muro en el que termina el complejo habitacional. Ellos miran con desconfianza a las personas que no conocen. Los vehículos blindados de Carabineros que pasan cada cierto tiempo son lo único que rompe la monotonía en la Villa Los Jardines.

"Hoy hubo balacera a las seis de la mañana, pero gracias a Dios no pasó nada acá", comenta una vecina con resignación.

Ella invita a pasar al segundo piso de su casa. Pide que no le saquemos fotos y que su identidad no sea revelada. Teme que eso le pueda traer problemas con sus vecinos al otro lado del muro.

Entramos a la habitación de su hija de cuatro años, pero la mujer cuenta que su familia pasa poco tiempo en esa parte de la casa. Desde arriba se ven claramente los pasajes más complicados de La Legua Emergencia. Las balas que vienen de enfrentamientos entre bandas de narcotraficantes siempre impactan cerca de ese segundo piso, dejando marcas en las paredes. Ellos se dieron cuenta de ese problema apenas llegaron a vivir a la villa. Tras la primera balacera decidieron que lo mejor era pasar la mayoría del tiempo en el primer piso de la casa. Y dormir ahí si los enfrentamientos se producían en la noche.

A diferencia del segundo piso, la parte baja de la casa está protegida por un muro de concreto que tiene más de 50 años de antigüedad y que antes marcaba el límite norte de la población La Legua con las fábricas que había en San Joaquín. Ese muro es la frontera entre los habitantes de Villa Los Jardines y La Legua.

Sin embargo, eso comenzó a acabar esta semana. El Plan Integral La Legua, que fue desarrollado por la Intendencia de la Región Metropolitana en diciembre pasado, incluye la destrucción del muro para abrir los pasajes de la población que no tienen salida. Esos pasajes en la actualidad constituyen una complicada barrera para la intervención de Carabineros y la Policía de Investigaciones, que entran a allanamientos y detenciones en la población.

Las personas que viven en Los Jardines de San Joaquín se oponen con fuerza a la decisión. Hay 22 familias que son las principales afectadas con la eventual medida, pues tienen al frente los pasajes más peligrosos de La Legua. Ellos temen por la inseguridad y que se ponga en riesgo la vida de cada uno. "Ahora las balas van a llegar a los primeros pisos. Y cuando haya persecuciones entre narcos van a pasar por estas calles. Ahora que están con más problemas vienen a decir que quieren botar el muro. No entendemos por qué quieren hacerlo", dicen las familias afectadas, quienes pidieron mantener en reserva su identidad para hablar con Reportajes.

La idea en la intendencia es abrir los muros de manera gradual. Primero, hacerlo en la parte de la estructura que no colinda con las calles más peligrosas. Ese proceso empezó el pasado viernes. Trabajadores de la empresa encargada de las obras de derrumbe llegaron a la población para empezar a trabajar en un sector del muro que no tiene casas al frente, sino que una plaza de juegos infantiles. De igual manera, los vecinos se opusieron con barricadas, enfrentándose a Carabineros que llegaron con carros lanzagua para dispersar a las familias afectadas. Hasta el cierre de esta edición, había siete personas detenidas por las protestas.

Las 22 casas que sí están en zonas riesgosas deberán ser reforzadas antes de abrir completamente la estructura. Ambas partes se encuentran en negociaciones para ver la manera de asegurarles que la caída del muro no los deje aún más expuestos a los disparos sin destino de los narcotraficantes.

La abogada especialista en derechos humanos y candidata a diputada por el distrito 10, Julia Urquieta, solicitó a la Corte de Apelaciones de San Miguel una orden de no innovar, para suspender el derrumbe del muro que protege a las 22 familias. "Queremos resguardar la integridad física y psíquica de los pobladores, por las balaceras", dice la abogada.

Al cierre de esta edición, Urquieta aún estaba a la espera de la respuesta de los tribunales.

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La Villa Los Jardines de San Joaquín nació como el primer conjunto de viviendas sociales de La Legua Emergencia. Fue construida en un terreno que antes pertenecía a una fábrica que se encontraba entre las avenidas Carlos Valdovinos, Santa Rosa y Carmen. El terreno fue intervenido con una inversión de más de nueve mil millones de pesos para construir la población. La obra fue liderada por la intendencia y el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu).

La primera piedra fue colocada el 15 de octubre de 2015, cuando se empezaron a construir 44 casas de dos pisos y 210 departamentos de 60 metros cuadrados cada uno. La inauguración del proyecto fue el 29 de marzo pasado, beneficiando de esta manera a 244 familias que postularon al Subsidio Fondo Solidario de Elección de Vivienda.

"Este es el cuarto hito más importante en la historia de La Legua y quizás el hito de renovación urbana en San Joaquín", dijo durante la inauguración el alcalde de la comuna, Sergio Echeverría.

Las familias que llegaron a la nueva solución habitacional vivían en La Legua de allegados con familiares o de arrendatarios en piezas. Tenían que convivir con varias personas en espacios pequeños, compartiendo el baño, cocina y patios. Todos ellos fueron testigos de los conflictos que hoy tienen a La Legua en la mira de la Subsecretaría de Prevención del Delito tras la intensa balacera de 72 horas entre bandas narcotraficantes ocurrida el jueves 12 de octubre.

"La vida allá no era fácil, los carabineros no entran y todo está dominado por los narcotraficantes. Nos tienen olvidados", dicen.

Los pobladores que venían de vivir en La Legua sabían de balaceras, pero nunca de impactos tan cercanos.

"Como vivíamos en piezas, teníamos donde cubrirnos. Ahora estamos de escudos. En La Legua son muchos pasajes y las peleas eran entre pasajes. Los que vivíamos ahí no teníamos problemas. Ahora las balas vienen para acá. Por seguridad, a todos nos conviene seguir arrendando una pieza, pero no es la idea", dicen los antiguos pobladores de La Legua.

Todos pensaron que la calidad de vida iba a subir cuando llegaron a la Villa Los Jardines. La alegría fue general. Por primera vez eran dueños de un espacio. Para muchos, también era la primera vez que podían contar con baño propio, habitaciones personales y con un patio. "Era todo muy lindo, los niños se la pasaban en la calle jugando. Incluso, personas de La Legua preferían caminar por las calles de la villa porque era más seguro. Venían niños de allá a jugar acá. Nos decían que éramos la envidia de la población", recuerda una de las pobladoras que fue beneficiada con el subsidio.

Esa alegría e ilusión duró dos semanas. Apenas se estaban instalando cuando pasó la primera balacera. Entonces se dieron cuenta de que el muro funcionaba como barrera, pero los impactos llegaban al segundo piso. "Sentíamos la balas pasar por encima nuestro. Las podíamos escuchar", dicen.

Al momento de recibir las llaves de las casas, algunas personas se dieron cuenta de los problemas que podía traer la cercanía con los pasajes más problemáticos de La Legua. Sin embargo, trabajadores del Minvu, encargados del traslado, respondieron que la organización de la casas no se podía cambiar. Si se negaban a recibir la casa por su ubicación, perdían el subsidio.

"Un día salí a comprar y dejé a mi hijo acostado porque estaba enfermo y llovía. Le dije que si llegaban a tirar balazos, girara y se escondiera debajo de la cama. Cuando fui a comprar, empezó una balacera. Me asusté y me devolví. Como pude crucé la calle y llegué a mi casa. Mi hijo estaba muy asustado. Le dije que gracias a Dios no había pasado nada. Él me dijo que algo había llegado a su pieza. Fuimos a ver y había una marca. Si mi hijo no se hubiese movido, una bala lo hubiese atravesado", cuenta otra de las vecinas que vive al otro lado del muro. La bala quedó a un costado de la cama del menor de 10 años. La marca en la habitación aún está visible.

Las 22 familias decidieron dormir en el primer piso siempre que hubiera enfrentamientos de ese tipo al otro lado del muro. "Siempre que hay balacera, después nos preguntamos si llegó a la casa de algún vecino", comentan.

Hace dos semanas, cuando un histórico miembro del clan narco "Los Gálvez" volvió a La Legua, tuvieron que encerrarse por un largo tiempo, debido a que en la población se desató una balacera entre clanes rivales que duró 72 horas.

"Ni siquiera pudimos ocupar los baños, porque están todos en el segundo piso. Es indigno", reclaman los expobladores de La Legua.

Pese a que llevan menos de siete meses viviendo en la villa de San Joaquín, todos sus habitantes tienen historias con los disparos que provienen de narcotraficantes.

"Después de una balacera empezamos a mirar y encontramos una bala en el colchón de mi nieto. Mi hija ese día justo lo había bajado y lo había hecho dormir en el sillón. Si hubiese estado durmiendo ahí, lo hubiesen matado. Ahora colocamos una placa metálica y la cajonera para detener las balas", cuenta otra de las vecinas.

Los niños de la Villa Los Jardines han sido los más afectados. Sus padres cuentan que apenas pueden dormir, han debido faltar constantemente al colegio y que tienen crisis de pánico. Nadie ha podido encontrar un sicólogo que los ayude. Sin embargo, los esfuerzos están puestos en que no crezcan con miedo. "Les decimos que esto no es normal", dicen algunos de los expobladores de La Legua.

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El inicio del Plan Integral de la intendencia fue el pasado jueves 26. La parte posterior del muro empezó a ser debilitada para su posterior retiro, pese a los reclamos de los vecinos, que organizaron barricadas y se enfrentaron a Carabineros. En esa parte no viven familias y no colinda con los pasajes más duros de La Legua.

La medida de la intendencia fue respaldada por el gobierno durante la tarde. "Abrir los pasajes forma parte de un trabajo importante, además que no es justo estigmatizar", dijo la vocera de gobierno, Paula Narváez.

El inicio de las obras los tiene preocupados. La promesa de la intendencia es resolver la situación de inseguridad en la que viven antes de botar el muro por completo.

"O nos colocan más seguridad en los segundos pisos, con blindaje, o nos cambian a otro lugar, con las mismas condiciones. Pero no podemos seguir viviendo así", dicen los habitantes de Los Jardines, de San Joaquín, quienes esperan que la situación se resuelva rápidamente, para poder vivir tranquilos.

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