La vigencia de las ideas de "El otro Modelo"

La lógica de los derechos sociales se expande como El otro Modelo preveía. Entender que los derechos sociales no se pueden proveer como mercancías, y construir un régimen que les sea adecuado,  es más importante que antes.

LOS COMENTARISTAS políticos (esos que no vieron venir el movimiento del 2011, que teorizaban sobre una generación que “no estaba ni ahí”, que creyeron que “la constitución de 2005” había solucionado el problema constitucional, etc.) dicen que El Otro Modelo se ha mostrado equivocado. Que “sobreinterpretó” el movimiento de 2011, cuyo sentido no era menos sino más mercado.

El Otro Modelo, dicen los críticos, rechazaba lo “construido” durante los 20 años anteriores y proponía demolerlo para construir de nuevo desde cero. Ese nuevo comienzo sería estatista, “demonizaría” el lucro y buscaría ahogar la actividad privada, etc.

Pero basta leer El Otro Modelo para saber que ahí no hay nada de eso. El libro expresamente se niega a optar “entre quienes celebran esos 20 años y quienes los critican”, porque “desde ambas posiciones es posible converger en el punto desde el cual este libro comienza”; aboga por una transformación real pero gradual; distingue lo “estatal” y lo “público”, y anuncia, en su propio subtítulo, la posibilidad de que iniciativas privadas desempeñen genuinamente funciones públicas.

El “otro modelo” pretende rescatar lo público. En lo político, mediante una nueva Constitución, libre de trampas. En lo social, introduciendo la noción de derechos sociales. En lo económico, reconociéndole al Estado un rol relevante en la asignación de recursos.

Todo esto sigue vigente. Hoy es más claro que la institucionalidad política requiere un momento relegitimatorio (de hecho, hoy puede decirse algo no dicho en El Otro Modelo: que es difícil que se logre un momento relegitimatorio sin asamblea constituyente).

La lógica de los derechos sociales se expande como El Otro Modelo preveía: hoy es solidaridad en el sistema de pensiones, y luego será en la salud. Entender que los derechos sociales no se pueden proveer como mercancías, y construir un régimen que les sea adecuado, es hoy más importante que antes.

Por último, es cada vez más claro que Chile desaprovechó la bonanza creada por el “superciclo de los commodities”, repitiendo trágicamente lo ocurrido hace un siglo con el salitre. Aprender de eso implica discutir una estrategia de desarrollo que permita creíblemente superar nuestra extrema dependencia de pocos productos primarios. 

En breve, El Otro Modelo tiene más vigencia que hace tres años.

Sin embargo, los críticos dicen que, como el libro habría sido el fundamento del programa de la Presidenta Bachelet, el bajo nivel de apoyo del gobierno debe en parte ser leído como un rechazo a sus ideas.

Pero la baja aprobación del gobierno no es un rechazo al contenido de las reformas. Si lo fuera, quienes se han opuesto a las reformas serían premiados por esa oposición. Más bien ocurre lo contrario, porque lo que hay es rechazo a la república binominal y su “elite”, no a las reformas. ¿Alguien puede realmente creer que quienes marchan pidiendo el fin de las AFP lo hacen en defensa del proceso de modernización capitalista?

Hay mucho que criticar y aprender de los problemas que ha enfrentado el gobierno: de la importancia de formular cuidadosamente las reformas, de las causas de tanta oposición interna, del modo en que el propio gobierno contribuyó a dificultar las reformas, etc. Todo esto y mucho más es importante, pero no implica apoyo al modelo de los últimos 30 años. Eso sí que sería un fenomenal error de diagnóstico.

Por último, El Otro Modelo fue una obra colectiva. Cinco personas, todos con más o menos destacadas carreras políticas o académicas, buscamos una visión común mediante la discusión. No estábamos inicialmente de acuerdo, pero podíamos discutir sin caricaturas ni distorsiones, y así construir una posición común. Yo creo que políticamente hablando ese hecho tiene en sí mismo relevancia.

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