Magical Girl, el extraño y magnético filme ganador de San Sebastián

La segunda película del español Carlos Vermut es un oscuro thriller inspirado en el manga japonés.




Nadie quiso comprarle. Con su primer guión, el español Carlos Vermut sólo consiguió rechazos entre las productoras de cine. No le importó: él mismo produjo Diamond flash y la estrenó directamente en internet. Tres años más tarde, Vermut logra el premio al Mejor Director y la Concha de Oro al Mejor Filme en el Festival de Cine de San Sebastián, por su segunda película, Magical girl.

Formado en el cómic, Vermut (Madrid, 1980) es la nueva sensación del cine español. Tras el premio, todos hablan del mundo que ha construido con sólo dos filmes. Un mundo en el que se cruzan las referencias al manga japonés, al cine negro, Almodóvar y Buñuel.

Magical girl relata la historia de Luis (Luis Bermejo), un profesor de literatura cesante que buscará por todos los medios hacer realidad el último deseo de su hija Alicia (Lucía Pollán), de 12 años, con cáncer terminal: un vestido oficial de la serie animada japonesa Magical Girl Yukiko.

El precio del vestido es inalcanzable para Luis, pero éste hará lo imposible por obtenerlo. En su camino se topará con Bárbara (Bárbara Lennie), una atractiva joven con desórdenes mentales, y con Damián (José Sacristán), un profesor retirado de pasado tormentoso, y se verá involucrado en una red de oscuros chantajes.

"Creo que Magical girl habla de códigos y signos que, aunque sé que puede sonar pretencioso, conectan con el ser humano, como la dominación. Por supuesto he hecho cine negro, hay una trama de suspenso, pero por debajo palpita un río subterráneo, que llega al corazón de la gente", dijo tras la premiación.

Una "película tan desconcertante como hipnótica", comentó Carlos Boyero, crítico de El País. Una película oscura, poblada de personajes peligrosos, dañados. "Lo cual no impide que a veces lo trágico se torne cómico, destellos de un sentido del humor maligno y surrealista", agregó.

Con Magical girl, comentó el diario El Mundo, Vermut "se confirma como un depurado creador de laberintos, de atmósferas (todas perfectamente turbias)". Toda la historia "discurre en la parte de atrás de la pantalla. Es el espectador el que es invitado a construir el relato fracturado de una mujer herida", añadió. El resultado "es una cinta en el límite entre la verdad y el miedo".

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