Marcelo Allende, el faro de la Baby Roja

El capitán de la Rojita Sub 17, formado en Cobreloa, no contaba para el anterior seleccionador. Con 16 años y 162 centímetros, el jugador más bajo y más joven del plantel no le teme a Nigeria.

Cuando Miguel Ponce asumió la dirección técnica de la Sub 17, Marcelo Allende tenía sólo 15 años. El fracaso y posterior renuncia de su predecesor, el argentino Alfredo Grelak, en el mes marzo,  provocó que se instalasen en el seno de la selección chilena aires de cambio.

Pero lo que el Chueco Ponce no podía imaginar entonces, en el momento de tomar las riendas del equipo con el Mundial instalado ya en el horizonte más inmediato, era que su particular revolución comenzaría con la inclusión en el plantel de un chico de 162 centímetros de estatura que no había formado parte del proceso nacional anteriormente. 

Marcelo Iván Allende Bravo es el futbolista más joven y de menor estatura de los 21 con los que Chile ha concurrido a su cita planetaria. Sin embargo, el peso específico que este volante  tiene en el funcionamiento del equipo -dentro y fuera de la cancha- es mucho más significativo de lo que los 58 kilogramos que figuran en su ficha médica podrían dar a entender en primera instancia.  Allende es el líder natural de esta selección. El capitán de la Baby Roja. 

“Es un orgullo ser el capitán de la Selección. Es algo que uno sueña desde chico y es muy lindo poder vivirlo, pero lo más importante es el equipo. Nuestra fortaleza está en el equipo”, reconoce, con humildad, el jugador, quien en tan sólo medio año ha pasado de no ser considerado a lucir la jineta de capitán en su brazo.

Una meteórica ascensión que el centrocampista asume con una normalidad abrumadora, impropia en un chico de su edad: “Yo sólo vivo el presente. Ahora mismo sólo pienso en vivir este Mundial, que es una experiencia única”, asegura. 

Formado en la “madriguera santiaguina” de Cobreloa, ese club que dio a luz a otras jóvenes promesas que no tardaron demasiado en convertirse en realidad, como Alexis Sánchez, Eduardo Vargas o Charles Aránguiz, entre otros, Allende, que deberá ahora decidir si mudar su residencia a Calama (para continuar su progresión en las series menores de los Zorros del Desierto) o permanecer en Santiago, su ciudad natal, vinculándose a otra entidad;  tiene claros quiénes son sus referentes, pero no se arruga a la hora de defender su estilo ni de demandar espacio para poder escribir su propia historia: “Me gusta mucho cómo juega el Mago, Jorge Valdivia, y por mi posición, por supuesto que me identifico con Aránguiz, pero quiero hacer mi propio camino en la Selección” , proclama. 

Un camino que, como capitán de la Baby Roja, el volante comenzó a recorrer el pasado sábado, en el estreno mundialista ante Croacia.  “Estábamos con ansiedad, con nerviosismo por cómo nos iba a recibir la gente, pero fue un bonito partido. Un empate en un torneo así y ante un rival como Croacia, no es un mal resultado”, sintetiza.

Hoy, en Viña del Mar, los dirigidos por Miguel Ponce volverán a subirse a la lona para enfrentar a la poderosa Nigeria, un combinado cuya fortaleza física no quita el sueño a Marcelo Allende:  “Con Croacia ya demostramos que la diferencia física no influye tanto y trataremos de hacer algo similar contra Nigeria”, augura el seleccionado, quien tampoco titubea a la hora de evaluar el cambio de actitud experimentado por el equipo tras la llegada a la banca del Chueco Ponce: “El ‘profe’ Ponce ha sido súper importante, porque ayudó a cambiar el chip al equipo. Le puso orden, motivación y mucho trabajo a esta selección, y el resultado se ve”. 

Y situó, además, en el centro de la cancha, a un líder con madera y apellido de líder, a uno de esos jugadores lúcidos, capaces de desestabilizar con su visión de juego las líneas enemigas. 

 “Un fracaso para nosotros sería no poder hacer nuestro fútbol”, finaliza el capitán de la Baby Roja en vísperas del comienzo de la segunda batalla.

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