Marianela Núñez, la bailarina más importante del Royal Ballet, se presenta en Chile

La argentina estará mañana en el Teatro del Lago de Frutillar, en la Gala Internacional de Ballet. La figura de la compañía londinense cuenta su historia artística, que nació a los seis años.

El alcohol no corre por sus venas. Tampoco las grasas saturadas ni el exceso de azúcar. Su disciplina es de temer: ejercicios, ensayos, clases y otra vez ejercicios. Finalmente, llega  la función ante el público y todo se redime. En su caso, tal gratificación significa ser una de las primeras bailarinas del Royal Ballet de Londres. Tal vez la más popular, portada de los  libros, DVD y afiches de la compañía, foco de revistas especializadas y ganadora del Premio Laurence Olivier 2014, el más importante de las artes escénicas en Gran Bretaña.

Sin provenir de una familia ligada a la danza, la argentina Marianela Núñez ha construido su carrera con una precocidad peculiar: a los seis años dijo a sus padres que quería ser bailarina clásica, a los ocho entró al Teatro Colón, con 14 ya estaba danzando en la compañía y viajó a La Habana para presentarse con el Ballet Nacional de Cuba. En 1995, con 15 años, vivía en Londres, estudiaba en el Royal Ballet y, al mismo tiempo, debutaba en la capital británica con los ballets Raymonda y La bayadera.

“Lo más duro que he vivido es dejar a mi familia atrás. Es muy fuerte, sobre todo siendo tan chiquita cuando partí a Londres”, relata la bailarina, hoy con 32 años. Es en este momento de madurez artística que también viene por primera vez a Chile, para presentarse en la Gala Internacional de Ballet que se realiza mañana, a las 19 horas, en el Teatro del Lago de Frutillar. Lo hará junto a su compatriota Alejandro Parente, el primer bailarín del Ballet del Teatro Colón de Buenos Aires, en dos piezas especialmente elegidas para la ocasión: el Adagio de la Rosa, del ballet La bella durmiente, y el Cisne negro, de El lago de los cisnes.

Las presentaciones de Marianela Núñez son parte de una jornada que incluye la presencia de otros destacados intérpretes mundiales (ver recuadro). “Va a estar Julie Kent, una de aquellas mujeres que yo admiraba desde que era pequeña, un modelo. Ha sido por mucho tiempo primera bailarina del American Ballet de Nueva York”, dice Núñez, que en septiembre protagoniza Don Quijote en el Royal Ballet. 

Sus métodos de trabajo, asegura, descansan básicamente en el rigor. “La disciplina es fundamental. Los bailarines tenemos una actividad física altísima y hay que estar siempre a punto, en el mejor estado posible. No se puede descuidar nada. Para mí, en cualquier caso, es una necesidad: siempre estoy trabajando mi cuerpo. No paro”, explica la artista, que ayer en la mañana dio clases en Frutillar y luego ensayó. 

MUNDO GLOBAL

La película Cisne negro entregó una imagen de vida espartana sobre la danza. Ella matiza: “Digamos que la película es exagerada. A nadie le crecen alas bailando El lago de los cisnes ni la pasa tan mal como Natalie Portman ahí. Aun así, tiene el mérito de haber puesto nuestro arte en el terreno masivo. Hay muchas chicas y chicos que se pueden haber interesado en la danza viendo la película”.

Pareja profesional y esposa de Thiago Soares, el brasileño que es primer bailarín en el Royal Ballet, Marianela Núñez estuvo con su compañía en el Teatro Bolshoi de Moscú a fines de junio. Es decir, una de las catedrales del ballet, el escenario donde se estrenó El lago de los cisnes en 1877. “Fue una experiencia maravillosa. Hace 10 años que el Royal Ballet no visitaba ese teatro y justo llegamos cuando se reinauguró. Se respira la tradición”, cuenta.

A pesar del valor de la historia en el ballet, la artista es una representante de la globalización. Es más, es una defensora: “Hay bastantes bailarines rusos en el Royal Ballet, pero no es como ‘uy, llegaron los rusos, qué vamos a hacer, ¿seremos tan buenos como ellos?’. Eso ya no existe. En el ballet de ahora te valoran por talento y tu esfuerzo, no tu nacionalidad. Es un poco como el fútbol, donde las grandes ligas de Europa tienen deportistas de todas partes”. 

Consciente de que la danza clásica aún tiene el sesgo elitista con que también carga la ópera, Núñez cree que, por lo menos, en el primer mundo ha logrado romper tabúes y barreras. “En Londres grabamos cinco producciones al año para cines. Y la gente va a las salas, que son más accesibles. Es increíble la cantidad de gente que llega”, cuenta sobre estas transmisiones, que alguna vez se dieron en Chile en Cinemark.

Aunque la edad de retiro en muchos bailarines ronda los 35 años, Núñez aspira a ser una largaduración del rubro. Hay ejemplos: Julio Boca dejó los escenarios a los 40 y la francesa Sylvie Guillem aún baila a los 49. “Amo lo que hago. ¿Cómo puedo llegar a amarlo tanto? No lo sé. En verdad, hasta me da miedo. Algún día esto se va a acabar y no sé si voy a encontrar otra pasión similar”, dice.

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