Picnics a la hora de almuerzo: pequeños placeres sobre el pasto

Jóvenes oficinistas de los barrios financieros de la capital optan por comer en áreas verdes cercanas.




Illia González toma su bicicleta todas las mañanas y viaja desde su departamento en el barrio Bellas Artes hasta su trabajo, una agencia de turismo en Av. Apoquindo. Apenas llega a su oficina, a las 8 de la mañana, revisa el correo para saber qué le ofrecerá ese día la empresa que le lleva el almuerzo. En cuanto arriba su pedido, cerca de la 1 de la tarde, parte hacia la Plaza Perú junto a sus compañeros.

Algunos de ellos llevan  meriendas desde sus casas y otros compran ensaladas o sándwiches en Isidora Goyenechea. "Hay que apurarse, porque todos quieren la sombra. Ahí sacamos manteles, cuchillos y servilletas", cuenta la jefa de recursos humanos de la empresa TurAvión. 

Este mismo ritual se repite en diversos puntos del sector oriente. Decenas de santiaguinos prefieren disfrutar de un picnic a la hora de almuerzo.

Según las estimaciones de la Municipalidad de Las Condes, entre 100 y 200 personas concurren de 13 a 15 horas al Parque Araucano y la Plaza Perú.

"La gente se va turnando. Muchos parten a la 1 y están ahí hasta las 2. Otro grupo entra a las 2 y sale una hora después", explica el alcalde Francisco de la Maza.

Las corbatas o los trajes no impiden que ejecutivos de distintas empresas se sienten sobre el pasto e, incluso, se saquen los zapatos.

"Llevo cuatro años trabajando en el barrio y hace dos que empezamos a venir todos los días. Partimos en primavera y seguimos en verano, aunque haga calor. Antes miraban feo a los pocos que lo hacíamos, pero ahora es completamente natural. Cada vez veo más gente acá en la Plaza Perú", cuenta Illia González.

La moda también se amplió a Vitacura. Hasta el Parque Bicentenario llegan oficinistas del propio centro cívico municipal y la Cepal.
 
"Acá todavía no es tan masivo. Vienen 20 personas cada día. No hay tanta sombra de árboles, pero existe la opción de los toldos para protegerse del sol", explica Javiera Rodríguez, asistente de ventas de un laboratorio.

En Providencia, el Parque Uruguay (que recorre la Av. Andrés Bello) es el espacio que acoge a los ejecutivos de las empresas del sector de la Costanera.

AL AIRE LIBRE
El presidente del Colegio de Arquitectos y máster en diseño urbano de Harvard, Luis Eduardo Bresciani, explica el fenómeno: "La densificación de los centros urbanos provoca que muchos oficinistas vivan en departamentos y trabajen en oficinas. Por esa razón el espacio público es muy valorado, porque no tienen fácil acceso a él".

Bresciani considera que el ingreso de personas más jóvenes al mercado laboral, más desprejuiciadas, ha permitido valorizar los espacios públicos.

"Existe mayor demanda de los ciudadanos por el uso de lugares abiertos. La vida al aire libre es necesaria para encontrarse con otros y para mejorar, de paso, la calidad de vida laboral", asegura.

Hay otras áreas verdes menos vistosas que se han transformado en una alternativa para la hora de almuerzo. Es el caso del Cerro Navidad (ubicado en la calle Golda Meir con Av. Apoquindo), la Plaza Loreto en El Golf y el antejardín de los edificios de cuatro pisos ubicados en Renato_Sánchez con Gertrudis Echenique. Es común ver hasta cuatro personas tendidas sobre un mantel, comiendo en envases plásticos.

Los ingleses Kura Solon y Richard Magennis van habitualmente a la Plaza Perú. Ella trabaja en una consultora minera y él en la Cámara de Comercio de Australia.

Ambos reconocen que el picnic es una tendencia ya consolidada en grandes ciudades como Londres, Nueva York o San Francisco. "Es habitual en Europa y Estados Unidos. Te permite desconectarte de la oficina y llegar renovado a la segunda parte del día", indica Solon.

Algunas áreas verdes incluso cuentan con toldos que dan sombra cuando los árboles no son suficientes, como el Parque Araucano, que ofrece una veintena de mesas de madera con techo de totora. Ahí, a las 13 horas, se repleta de grupos que llegan con bolsos, coolers y termos.

 "Aquí, además podemos fumar y dormir una siesta a veces", cuenta la analista contable Camila Rojas, que en esta época cruza todos los días de su oficina en Av. Presidente Riesco hasta los pastos del Araucano. Para ella, la primavera es la temporada de picnics por excelencia. Las temperaturas agradables la invitan a comer afuera y a disfrutar de la ciudad, incluso junto a sus compañeros de oficina.

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