De las 100 mil especies de hongos conocidos por la ciencia, 71 emiten una llamativa luz verde brillante. Esta luz hasta hoy se mantenía como un enigma para los científicos, quienes pensaban que se trataba de un subproducto de su metabolismo.

Sin embargo, un nuevo estudio dio a conocer la verdad tras la bioluminiscencia, fenómeno que llamó la atención del filósofo griego Aristóteles hace 2 mil años, y quien fue el primero en cuestionarse por qué ocurría.

Así, la investigación publicada en Current Biology, se centró en la especie flor de coco (Neonthopanus gardneri), una de las variedades más grandes y brillantes de hongos luminosos habitualmente encontrados en Brasil, determinando que el único fin era la reproducción.

El estudio analizó el sitio donde el hongo fue encontrado, descubriendo gracias a hongos falsos LED que la bíoluminisencia atraía muchos más escarabajos, avispas, moscas y hormigas que los que no estaban "encendidos". De esta forma, los insectos ayudan a que el hongo colonice nuevos hábitats, tal como ocurre con los pétalos de flores de colores.

Al irse los insectos, en sus patas llevaban las esporas que luego de ser dispersas por el terreno, quedaban a la espera de las condiciones ideales para germinar.

En los hongos se encontró un ritmo circadiano sensible a la luz y temperatura exteriores, el mismo que permite a los humanos levantarse en la mañana. Además, este "sensor" le permite ahorrar energía, brillando sólo cuando sea necesario.

El descubrimiento permitirá establecer cómo se dispersan los hongos en el medio ambiente, y comprender su papel en el ecosistema de los bosques.

Fuente: Current Biology