Sellos locales: el camino de la independencia

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[Obras chilenas] Con librería propia, cerca de 200 editoriales independientes operan en Chile. Hoy finaliza la feria Primavera del Libro y en diciembre se realizará la Furia del Libro en el GAM.




Algunos apuestan por los lanzamientos de libros para vincularse con sus lectores, en vez de dejar ejemplares en librerías. Las redes sociales son sus aliados y la creación editorial propia, una posibilidad de manejar criterios éticos y estéticos más amplios.

En la última década, las editoriales independientes se han consolidado. Ya suman cerca de 200 sellos, o incluso más. Entre sus novedades hay autores debutantes, traducciones, ensayos, poesía y rescates literarios.

Hoy finaliza la Primavera del Libro, en el Parque Bustamante de Providencia. El evento reunió a 120 editoriales: desde Tajamar, que lleva 14 años y un catálogo que alcanza los 200 títulos, hasta Cástor y Pólux -"una aventura editorial", como señala su creadora, la escritora Paula Ilabaca-, que dio su puntapié inicial con el libro Simio meditando, del poeta peruano Mario Montalbetti.

La consolidación del trabajo local se refleja en la apertura, en septiembre pasado, de la librería Editores de La Furia (Av. Salvador con Santa Isabel). También en la Furia del Libro, que se desarrollará entre el 1 y el 4 de diciembre en el GAM. Además, por primera vez las editoriales independientes ocuparán el pabellón central de la Feria Internacional del Libro de Santiago (Filsa), que comienza el 20 de octubre. Las organizaciones que las reúnen son Editores de Chile y Cooperativa Editores de la Furia. Sus libros, en promedio, bordean los $ 10.000.

"El rubro editorial independiente chileno es más poético que económico: todo es afecto y trabajo. Por eso la creación de nuevas editoriales me parece un fenómeno maravilloso, la prueba de que el mercado no lo es todo", dice Galo Ghigliotto, uno de los organizadores de la Furia del Libro y editor de Cuneta. En su catálogo hay autores nacionales (Marcelo Mellado, Alejandra Costamagna) y extranjeros (César Aira, Edmundo Paz Soldán).

Entre las editoriales con más de una década en el mercado figuran Lom, Pehuén, RIL, Uqbar, Cuarto Propio, Catalonia, Ocho Libros y La Calabaza del Diablo. "Es importante que los sellos puedan desarrollar su catálogo y mantenerse en el sistema editorial", opina Marcelo Montecinos, presidente de Editores de la Furia y creador de La Calabaza del Diablo. Su sello ha publicado poesía de consagrados como José Ángel Cuevas y primeros poemarios, como los de Gladys González. Tambien ha traducido los versos de Patti Smith.

"La gran ventaja de mantener hoy un sello independiente es la libertad que otorga un proyecto de este tipo para construir un catálogo en sintonía con intereses diversos, de lo estético a lo político, y que no pasan necesariamente por la presión comercial", dice Marcela Kupfer, de Narrativa Punto Aparte, cuyo catálogo incluye autores de regiones y el debut de algunos narradores. Entre sus últimos títulos firman Juan José Podestá (Playa Panteón) y Rodrigo Ramos Bañados (Pinochet Boy). En tanto, el sello Alquimia publica trabajos inéditos de autores conocidos como Nona Fernández (Space Invaders), Rafael Gumucio (Contra la inocencia), Alvaro Bisama (Taxidermia) y Elvira Hernández (Actas urbes).

"No somos 'independientes' en todos los ámbitos porque, al igual que las editoriales más grandes, tenemos que pagar sueldos, proveedores y hacer un plan para el pago de impuestos. Como decía Héctor Libertella, un editor tiene un cerro de libros a su izquierda y una calculadora a la derecha", plantea Guido Arroyo, editor de Alquimia.

Trabajos voluntarios

En sus vitrinas suelen asomar los superventas, pero las librerías también han apostado por editoriales locales cuando hay obras de calidad. Sobre la relación con los libreros, Alvaro Matus, del sello Hueders, afirma que "es difícil lograr visibilidad. Los libreros tienden a privilegiar los libros que tienen más pegada. En ese sentido, seas de la editorial que seas, te van a destacar en la medida en que logres conectar con los lectores". El sello dio a conocer Qué vergüenza, el primer libro de Paulina Flores, que ahora fue editado en España por Planeta, y la nueva novela de Daniel Hidalgo, Manual para robar en el supermercado. Además, destacan los ensayos de Carlos Peña (Ideas de perfil), Al Alvarez (El Dios salvaje) y Rebecca Solnit (Wanderlust).

La periodista Marcela Fuentealba fue una de las fundadoras de Hueders. Ahora inauguró un sello llamado Saposcat. Su primer título es Antología del amor de Claudia Schvartz, que funde la poesía con las artes visuales, firmado por el poeta Francisco Ide y el pintor Francisco Morales.

"Me parece bien que aparezcan nuevos sellos: hay abundancia de producción nacional, mejores y más variados títulos. Si hasta hace poco muchos libros tenías que leerlos editados en otros lados, ahora también se hacen en Chile y eso es una gran cosa", señala Fuentealba.

En cuanto a traducciones de autores contemporáneos, destaca Los Libros de la Mujer Rota. En su catálogo han sido elogiados títulos de dos autores norteamericanos: Nadie sabe por qué estamos aquí, de Tao Lin, y Cuán paranoico puedo volverme esta noche, de Noah Cicero.

"Más que una ventaja, es una opción, una modalidad de trabajo. La ventaja puede ser que uno disfruta mucho teniendo una editorial: puedes leer, editar y traducir libros que realmente te gustan", dice la escritora Claudia Apablaza, creadora del sello. Y agrega: "Nuestros libros están en una red de librerías que respeta nuestro trabajo, como Catalonia, Takk, Metales Pesados, Livin, Altamira, algunas Qué Leo, Universitaria, Crisis y Pániko. Constantemente realizamos actividades con ellos. La comunicación es muy importante. También, llevar cierto orden en la distribución; dejar de lado el hippismo, el caos".

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