Theresa May asume con el desafío de evitar la partición de Reino Unido

La nueva primera ministra asumió el poder en medio de una crisis política y constitucional, producto del referendo que aprobó la salida del país de la Unión Europea. Escocia desea seguir en la UE.

Theresa May se convirtió en la nueva primera ministra británica tras recibir el encargo de la Reina  Isabel II de formar un gobierno que tendrá como desafíos clave evitar la partición del país, implementar la salida de Reino Unido de la Unión Europea (UE) y superar los problemas económicos.

May se convierte así en la segunda mujer de la historia en dirigir al  gobierno británico luego de la era de Margaret Thatcher, tres semanas después del voto de los británicos para salirse del bloque, lo que gatilló una severa crisis política. La ex ministra del Interior, de 59 años, sucede a David Cameron, que presentó su renuncia a la Reina en Buckingham.

En su comparecencia ante los medios afuera del número 10 de Downing Street, May prometió liderar un gobierno de “una nación”, en clara alusión a las voces tanto escocesas como norirlandesas que hablan de una posible independencia. 

La ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon dijo que la insistencia de May de que “Brexit significa Brexit” no se aplica para esta región del norte de la isla, porque ellos votaron por permanecer en la UE.  Sturgeon, que ayer se encontraba en Londres sosteniendo una serie de reuniones, dijo que buscaría conversar con la nueva jefa de gobierno en los próximos días y que le pediría que los intereses escoceses fueran una prioridad. Incluso más: cuando se conocieron los resultados del referendo Sturgeon dijo que la posibilidad de realizar un segundo referendo independentista se encontraba “sobre la mesa, ya que puede que sea la mejor forma en que Escocia se quede en la UE”.

Escocia celebró un referendo  en septiembre de 2014 sobre su independencia de Reino Unido, en la que la opción a favor de la unión se impuso con un 55% de los votos.

“La prioridad más importante del gobierno escocés debería ser presionar a Reino Unido tanto como sea posible”, dijo al diario Daily Telegraph,  Jim Gallagher, profesor de la Universidad de Oxford. 

“Ningún gobierno escocés responsable podría promocionar la independencia sin asegurarse la posición de Escocia en la UE y sin saber la probable posición del resto de Reino Unido en relación al libre movimiento y el comercio y sin un plan económico que sea practicable en relación al gasto público”, agregó.

En este contexto, Irlanda del Norte mira muy atento lo que ocurra con Escocia, considerando que este territorio también votó por permanecer en el bloque. 

Como una forma de evitar la desintegración según señala el diario The Guardian, el Grupo de Reforma Constitucional del Parlamento quiere proponer establecer una unión voluntaria entre Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte, para tener algo parecido a Estados Unidos. 

Economía

Además de mantener al país unido, May deberá intentar limitar el daño al comercio y las inversiones británicas mientras negocie nuevamente los lazos del país con Europa. También debe tratar de unificar a un dividido Partido Conservador y una nación en la que muchos -como atestigua la votación en el referendo- se sienten molestos con la elite política y abandonados por las fuerzas de la globalización.

En comentarios dirigidos a los británicos, May habló de la “ardiente injusticia” sufrida por amplios sectores de la sociedad: las personas pobres que tienen menor esperanza de vida; los negros tratados con más dureza por el sistema de justicia penal; las mujeres que ganan menos que los hombres; los enfermos mentales; y los jóvenes que luchan para comprar casa. Al reconocer las dificultades que enfrentan muchos británicos, declaró: “El gobierno que lidero será conducido no por los intereses de unos pocos privilegiados, sino por ustedes”.

Tras elegir a dos brexistas en puestos clave de su gabinete -como es el caso de Boris Johnson y David Davis- May dio luces de que no existe vuelta atrás respecto del referendo. Hace unos días descartó la realización de una segunda elección y la convocatoria a una segunda consulta parece más un sueño. La nueva premier ya había manifestado su intención de invocar el artículo 50 del Tratado de Lisboa a fines de año, para tener tiempo de preparar una estrategia.

Distintos analistas concordaban ayer que el camino que tiene por delante es difícil. “La economía está tambaleante, nuestro lugar en el mundo no está claro. Y sus planes para enfrentar cualquier problema del país o introducir nuevas ideas, debe saltar las vallas de una pequeña mayoría en los Comunes. El margen de sólo una docena provocó que David Cameron o el ex ministro de Finanzas, George Osborne cambiaran o desecharan algunos planes. Y unos testarudos y gran grupo de tories están duramente comprometidos a abandonar la UE, pueden trabajar juntos para hacerle la vida más difícil si los planes de May no los satisfacen”, señaló la BBC. “El partido de May está dividido sobre la UE. Mantenerse en el ministerio del Interior por seis años no será nada en comparación a lo que se viene”, añadió.

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