Un gol eterno: La cifra que marcó la despedida de Caszely de la Roja

Autor: La Tercera

A tres décadas del triunfo 2-1 ante Brasil, ex compañeros de selección reconstruyen la última exhibición del Rey del metro cuadrado.

Dicen que había 20.274 personas aquel domingo en el Estadio Nacional. Que era 21 de mayo de 1985 y que el boliviano Óscar Ortubé era el encargado de impartir justicia.  Que la recaudación superó los cuatro millones de pesos y que Chile llevaba 19 años sin ganarle a Brasil. Dicen que aquella fue la última vez que Carlos Caszely defendió la camiseta de la Roja, y que el gol que marcó dura todavía.

Ocho minutos tardó la selección chilena, dirigida entonces por Pedro Morales, en decretar la apertura de la cuenta en aquel partido amistoso que nunca llegó a parecerlo. Sucedió tras una triangulación entre Caszely, Aravena y Hugo Rubio, culminada en gol por éste último. Una anotación, la del Pájaro, a la que siguieron varias embestidas de Brasil. “Después del gol de Hugo (Rubio) ellos tuvieron algunas oportunidades para empatar, pero no estuvieron acertados. Diría que fue un partido muy estrecho y atractivo que se decidió, básicamente, por aquella genialidad”. Son palabras de Mario Lepe, ex seleccionado nacional presente aquella tarde sobre el césped del Nacional.

Con el devenir de los minutos, las fuerzas comenzaron a equilibrarse. No era de extrañar. Aquel combinado brasileño contaba con futbolistas excepcionales, como Careca, Alemao, Casagrande o incluso un jovencísimo Bebeto. Pero Chile tenía a Caszely. De manera que cuando el duelo amenazaba con marcharse al entretiempo con mínima ventaja local, sucedió lo que todos estaban aguardando. Lo que todos sabían que podía ocurrir, aunque se resistieran a creerlo. Porque el Gerente era así, tan imprevisible como certero. 

Éste es el relato de Jorge Aravena sobre lo vivido desde la primera línea de fuego durante aquel histórico minuto 43: “Recuerdo que arrancó desde nuestro campo por la posición del 10, metió una pelota a la izquierda, se la devolvieron profundo y ahí él hizo el resto. Se deshizo del arquero y marcó”. Una tesis, la del ex volante, que corroboran todos los supervivientes de aquel encuentro. “Fue muy bonito porque ya estaba en el ocaso de su carrera y se especulaba demasiado sobre él, y aquel gol sirvió para tapar muchas bocas y puso de manifiesto EL extraordinario jugador que era”, argumenta convencido Mario Lepe. “Fue en un pase de Miguel Ángel Neira. Carlos (Caszely) enfrentó al arquero, lo dribló y anotó. Lo dejó parado. Por ese tipo de cosas le llamaban el Rey del metro cuadrado. Lado izquierdo, arco norte y pase de Neira. Lo tengo clarísimo”, manifiesta el zaguero Leonel Herrera, compañero en Colo Colo. 

Lo que sucedió una vez que el delantero -autor de 29 goles en 48 partidos con la selección- logró eludir la desesperada salida del arquero Carlos para alojar con suavidad la pelota en el fondo del arco brasileño, forma parte ya de la memoria colectiva chilena. “Después del golazo que le marcó con Colo Colo a Emelec por la Libertadores, en el 73, nació un cántico, el de “se pasó, se pasó, se pasó”. Aquel día, con el gran gol que había hecho, todo el estadio volvió a corear lo mismo. Fue muy emocionante”, confiesa Herrera. 

El descuento de Casagrande para el Scratch, ya en el segundo tiempo, rubricando el definitivo 2-1, pasó a un segundo plano cuando, a falta de 20 minutos, el Chino Caszely dejó su lugar en la cancha a Osvaldo Hurtado. El ariete, tercer máximo goleador histórico de la Roja tras Salas y Zamorano, no volvería nunca más a enfundarse la casaquilla de Chile. Aquel fue el adiós a la selección de uno de los mejores jugadores chilenos de todos los tiempos, de un futbolista que “rompió con el estereotipo del jugador chileno porque era muy bueno, pero sobre todo muy distinto al resto”, como rescata Mario Lepe. De un revolucionario del balompié, como atestigua la elocuente anécdota que Leonel Herrera recuerda de los inicios del jugador: “Carlos llegó al primer equipo de Colo Colo con 15 años. Yo tenía 17. Era muy rebelde, muchísimo, y recuerdo que recién integrado al plantel de honor, llegó a su primer entrenamiento con unos jeans rotos, una polera tropical, pelo largo y crespo, gorro y un jeep descapotable. Paco Molina, que estaba a cargo del equipo, lo vio llegar así y le dijo: si tú no llegas con el pelo corto y bien vestido la próxima vez, no te vas a meter acá. Se fue y no volvió más. Pero era tan bueno que tuvieron que ir a buscarlo de nuevo. El día que volvió iba vestido exactamente igual, pero tuvieron que aceptarlo”.

Interrogado sobre su posible continuidad tras la victoria ante Brasil, el delantero dijo: “Quién sabe, a lo mejor aún hay Caszely para rato”. 30 años después, su legado permanece intacto. 

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