Venezolanos: La próxima gran oleada

Con su país atravesando hace tiempo una profunda crisis que la semana pasada se agudizó cuando el Parlamento declaró al presidente Nicolás Maduro en abandono del cargo, hay expertos que apuntan que el próximo grupo de migrantes que comenzará a verse con más fuerza este año son los venezolanos. Una diáspora que se diferencia del resto de los latinoamericanos y que ya se está haciendo sentir.

Jorge León (32) llegó a Santiago el 15 de enero de 2015 desde Maracaibo, la segunda ciudad más importante de Venezuela. Vino con algo de ahorros y un cartón de ingeniero informático que esperaba lo ayudara a encontrar un trabajo, el que consiguió a los dos meses en la misma empresa de capacitación donde hoy es gerente de marketing y sistemas. “Cuando me vine empecé a recibir de inmediato preguntas sobre cómo era estar acá, cómo estaba el país o cómo sacar visa”, cuenta.

Motivado por ese interés, en mayo de 2015 creó la página venezolanoenchile.com. Ahí cuenta su experiencia y aclara las dudas de sus compatriotas que están pensando en migrar desde el país caribeño. El sitio ha sido un éxito: “Se convirtió en una bola de nieve. En promedio tengo 400 mil visitas en el mes”, explica.

Según datos del Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior, hoy en Chile viven ocho mil venezolanos, que corresponden al 1,9 de los extranjeros en el país. Pero más importante que cuántos son, es cuántos pueden llegar a ser. Según Interior, la cantidad de visas temporales entregadas a personas de esa nacionalidad ha crecido exponencialmente: si en 2005 se otorgaron 383, en 2015 –el último año sobre el que se tienen datos consolidados– fueron 8.381. Lo mismo ocurre con las visas de permanencia definitiva, las que pasaron de 184 a 1.349 entre esos años.

Jorge León, el creador de venezolanoenchile.com.
Jorge León, el creador de venezolanoenchile.com. Foto: Marcelo Segura

Aunque con respecto a la llegada de personas de otros países es muy difícil proyectar flujos, para quienes analizan este fenómeno los venezolanos son uno de los grupos que más va a crecer en Chile en 2017. “Podrían empezar a tener más presencia porque tienen un crecimiento sostenido como tuvieron hace un año los colombianos o dominicanos”, dice Daisy Margarit, directora de la Escuela de Trabajo Social de la U. Central y del Núcleo de Investigación en Migrantes de Facso.

“En Venezuela siempre se ha trabajado ‘el modismo’. Si hace tres años la moda era emigrar a Panamá, ahora es hacerlo a Chile”, cuenta la periodista Maylin Naveda (30), quien aterrizó en Santiago en 2014 y ahora reparte su tiempo entre su empleo como asistente de marketing en una multitienda y su página venezolanosenchile.cl –no, no es el mismo nombre que la de Jorge León, acá el gentilicio está en plural–, otra web con recomendaciones para venirse a nuestro país.

Dice que su sitio se ha transformado en un pasatiempo exigente, que la situación política, la falta de empleo, la inseguridad y la dificultad para acceder a bienes ha hecho que muchos se quieran ir de Venezuela. Que en junio de 2016, cuando un grupo de diputados presentó un proyecto de ley donde se estipulaba que los extranjeros que ingresaban a Chile como turistas tenían que regresar a sus países y tramitar ahí sus visas temporales o definitivas, recibió 500 correos en un día de venezolanos asustados por la noticia. “Los respondo en mi hora de almuerzo”, dice.

La periodista Mailyn Naveda dirige el primer canal de la comunidad venezolana en Chile. Foto: Marcelo Segura.
La periodista Maylin Naveda dirige el primer canal de la comunidad venezolana en Chile. Foto: Marcelo Segura.

Los migrantes ABC1
Rafael Santeliz (48) llegó a Chile el 7 de marzo del año pasado desde Maracaibo, siguiendo los pasos de una prima que ya vivía acá. Hoy está instalado en un departamento en La Dehesa, desde donde se traslada todos los días hasta Hello Café, un local de inspiración venezolana –muchos colores patrios, arepas y música tropical a tope– que puso en plena Plaza Italia. “Nosotros teníamos negocios en Venezuela y la situación del país los complicó. Con mi esposa vendimos algunas cosas y nos vinimos con algo de dinero para ver qué podíamos hacer”, cuenta. Tenía una constructora y una ferretería, mientras que su esposa era dueña de restaurant.

El perfil de los venezolanos que llegan a Chile es diferente al de los otros latinoamericanos que vienen a buscar suerte: muchos son profesionales o empresarios. “Vienen directamente a trabajos más calificados o llegan con dinero para instalarse con un negocio”, explica Margarit.
Para hacerse una idea, de los que recibieron visas definitivas en 2015, el 25 por ciento eran ingenieros, lejos la ocupación más frecuente de los venezolanos en Chile. En este sentido además llegan muchos médicos, contadores y abogados. También estudiantes.

La familia, dueños del Hello Cafe.
La familia Santeliz, dueños del Hello Café. Foto: Marcelo Segura

El ingeniero mecánico Jean Espejo (39), un caraqueño que se instaló en este país hace ocho años y trabaja en una empresa de servicios de ingeniería en Puchuncaví, es otro que tiene sitio web: En 2011 armó uno en Facebook para orientar a sus compatriotas a venirse a Chile. “Lo hice porque en general los venezolanos somos pésimos inmigrantes. No nos ayudamos, no somos solidarios. Yo quería ayudar”. Al principio recibía preguntas esporádicas y precisas, pero en 2016, dice, la página explotó. “Hace un año recibía cinco mensajes y ahora recibo 50 o más diarios”, cuenta el profesional, para quien la masiva llegada de ingenieros de este país responde a que se ha corrido la voz de que en Chile hay buenos empleos. Dentro de la comunidad explican que este perfil más profesional se forjó en la década pasada con quienes empezaron a llegar a trabajar en multinacionales que instalaron su base para Latinoamérica en Chile y luego jóvenes recién egresados de las universidades.

Como tienen estudios, llegan con más recursos y todavía son pocos, los venezolanos no enfrentan la discriminación que viven otros grupos de migrantes. “El segmento en que se ubican en la sociedad chilena no los expone a una discriminación tan evidente. Por ejemplo, si tienes vehículo propio y no usas el transporte público te expones menos”, dice Margarit. Esto es algo que los mismos venezolanos reconocen. “Acá nos reciben bien. Por ejemplo, en Panamá (destino habitual de la migración venezolana) hay mucha xenofobia y han hecho marchas contra los venezolanos”, dice Naveda.

Sin embargo, junto con el crecimiento de la comunidad, también están empezando a llegar personas con menos estudios, por tierra a través de Brasil y con 300 dólares en el bolsillo. “Se vienen por venirse o por desesperación. Al principio el 99 por ciento de los que llegaba eran profesionales, ahora debe ser un 80 por ciento. Crecieron mucho el año pasado los que no son profesionales”, dice Maylin Naveda.

Carmenzuela
Hay dos hitos que sirven de ejemplo para mostrar que hoy hay más venezolanos instalados en Chile. Uno fue el 18 de noviembre pasado cuando se realizó por primera vez en Chile la Feria de la Chinita, la celebración religiosa de la virgen patrona de Maracaibo. La festividad se hizo en la Iglesia de los Sacramentinos, en Arturo Prat con Santa Isabel. Llegaron unas mil personas.

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Que se haya elegido esta iglesia no fue casualidad. Calles de Santiago Centro como Arturo Prat, San Francisco, Serrano, Tarapacá, Eleuterio Ramírez o Carmen, ahora último más conocida como “Carmenzuela”, se han transformado en la zona venezolana de Santiago. “Yo vivo en Arturo Prat y cuando camino por ahí a veces siento que estoy en Venezuela”, dice Naveda sobre el sector donde está uno de los negocios más populares de este grupo en la capital, el Guayoyo Market ubicado en Serrano con Tarapacá, y donde es habitual encontrar vendedores ambulantes que ofrecen arepas o patacones.

Otro lugar de encuentro para parte de la colonia son las fiestas venezolanas que se organizan desde hace cinco años y tienen hoy un público fiel que se reúne dos veces al mes en la salsoteca Salsa Brava, en Providencia, y en Las Urracas, de Vitacura. “De 72 asistentes hemos pasado a casi 400 por fiesta”, cuenta el caraqueño Ruy de Abreu (31), uno de los socios de la productora que monta las “rumbas”.

La fiesta venezolana se hace en Santiago dos veces al mes. Foto: Gentileza Christian Puello
La fiesta venezolana se hace en Santiago dos veces al mes. Foto: Gentileza Christian Puello

Maveda, por su parte, cuenta que está afinando los últimos detalles para lanzar un canal de YouTube para los venezolanos en Chile. “Queremos fomentar una migración responsable y destacar al venezolano como una persona respetuosa”, dice y agrega que está terminando de reclutar periodistas de su país. “Me llegaron más de 150 currículos”, cuenta.

Además, hace un mes salió a la calle El Vinotinto, el primer periódico de esta comunidad, quincenal y con un tiraje de tres mil ejemplares. “Estamos recién arrancando”, dice Ernesto Aular, jefe de mercadeo de la publicación.

Pero no todo es tan feliz: la política marca a la diáspora venezolana, que trae a Chile las divisiones que se experimentan en su país. “El 99,9 por ciento de las personas que salen están en contra del gobierno”, dice Jorge León. El ingeniero cuenta que los detractores se organizan en las redes sociales y que cuando se enteran de que ha llegado alguien afín al liderazgo de Nicolás Maduro viralizan la información y llaman a funarlo. “Ponen una foto diciendo ‘si los ven lo maldicen o no le abran las puertas’. Es fuerte”, detalla León y agrega que los partidarios del gobierno tienen sus propias instancias y fiestas aparte del resto de la comunidad.

Este factor también hace distinto al éxodo venezolano al de otros países latinoamericanos: para algunos tiene fecha de vencimiento. “Mi percepción es que vienen de paso, mientras se mantenga la situación allá”, parte explicando Margarit, y continúa con algo que suena a conclusión: “Cuando eso cambie van a volver a Venezuela”.

Testimonio: 

Dorángel Colmenarez (Periodista, 28)

“Aunque somos nativos de Yaracuy, vivíamos en Caracas por mi trabajo en el canal del Parlamento. Para migrar vendimos el carro, todo. Mi esposo se vino primero, y dependiendo de cómo le fuese a él me mandaba a buscar. Él es técnico en seguridad industrial y trabaja acá en Concón de asistente de cocina en un restorán de comida china. Como le fue relativamente bien, yo me vine cinco meses después, embarazada.

Estoy muy agradecida de la gente de aquí, de verdad me han tratado super bien. Yo jamás me había tomado las vitaminas del embarazo porque en mi país no hay. Tampoco hay pañales. Poco antes de venirme, ya embarazada, hice una cola de cinco horas para conseguir un paquete. Cuando los militares vieron que me iba a desmayar fue que me dejaron pasar. Ahí decidí irme de Venezuela.

Luna es chilena, tiene cuatro meses y nació en el hospital de Viña, en el (Hospital Dr. Gustavo) Fricke. Estuve hospitalizada prácticamente una semana porque ustedes tienen una cultura para amamantar muy estricta. Me tocó sola en el hospital porque mi marido se enfermó. Lloraba por todo y tuve el rechazo de una doctora que me trató muy duro. “¿Cómo es posible que alguien se venga a migrar con ocho meses de embarazo?”, me dijo. Yo no contesté pero nadie migra porque quiere, lo hace por necesidad.

Cuando llegué a Chile hice una publicación en Facebook. Dije ciertas cosas, como que fui partidista del progreso social que implementaba el comandante Chávez. Me parecía que era una propuesta excelente, yo la vi. ¿Se imagina que una persona pobre pueda recibir un departamento gratis en el centro de Caracas o que pueda montarse en un avión para operarse en otro país? Lamentablemente todo eso se perdió cuando murió Chávez. Todo empezó a caer en la corrupción. Lamentablemente me tuve que venir del país por ver la decadencia de un proceso que era maravilloso y se perdió. Cuando escribí eso en Facebook me dijeron de todo, como que personas como yo eran las que pusieron al país así. Me decían ‘después de que ayudaste a destruir Venezuela, te vas, ¿por qué no te quedas a pasar la roncha que pasamos aquí?’.

Acá en Chile tenemos redes sociales donde estamos todos los venezolanos y cuando se habla de Chávez y dices que los apoyaste el proceso revolucionario te insultan y te sacan del grupo. Ellos te dicen como en broma ‘no, no, no, ésta no, porque es chavista’. Lo dicen como bromeando, pero sí no vas, mejor. Es doloroso.

Ya llevo cinco meses aquí y ahora quiero buscar trabajo. Si sale en lo mío, como periodista, bien, pero sino, trabajaré en lo que sea. Hay momentos en que digo: ‘le he pegado’. Pero a veces estamos en alto y a veces en bajo”.

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