Víctimas de derrumbe en fábrica de textiles en Bangladesh exigen indemnización después de un año

Los supervivientes lloraron al recordar el derrumbe de la planta textil, en la que murieron sobre mil personas y otras 140 permanecen desaparecidas.




Miles de manifestantes expresaron su  tristeza y su cólera el jueves, un año después del peor accidente del sector textil en Bangladesh, y exigieron a los distribuidores occidentales de ropa el  pago de indemnizaciones.

"Queremos una indemnización", "Muerte para los culpables", gritaban los manifestantes, en un suburbio de Dacca, cerca de las ruinas de la planta que se derrumbó.

Algunos de ellos llevaban flores y coronas o estaban envueltos en sudarios. Entre ellos había varios heridos y familiares de los 1.138 muertos en el  derrumbe del Rana Plaza. 

Las familias de 140 obreros declarados desaparecidos se sumaron al movimiento, pidiendo la ayuda del gobierno para encontrar los cuerpos. Varios  niños participaron en el desfile, con fotos de sus madres desaparecidas.

"Quiero el cuerpo de mi hija. Así tendría un pequeño consuelo", declaró sollozando Minu Begum, mostrando la foto de su hija Sumi, quien trabajaba en uno de los talleres.

Por primera vez desde el accidente, se permitió ingresar a la planta. Algunos supervivientes lloraron o tomaron puñados de tierra, mientras otros  rezaban. 

En la capital se registraron choques con la policía, que usó gases lacrimógenos contra unos 2.000 manifestantes que lanzaron ladrillos, pidiendo mejores sueldos e indemnizaciones más altas.

Con motivo del primer aniversario del derrumbe del edificio, las ONG y  sindicatos denunciaron la actitud de 29 cadenas de distribución de ropa, entre  ellos Benetton, Auchan, Mango o Carrefour, de quienes se sospecha  subcontrataron su producción, en un momento u otro, en el Rana Plaza.

"Esas marcas abandonaron a los obreros una segunda vez", escribió Ineke  Zeldenrust, de la organización Clean Clothes Campaign (Campaña Ropas Limpias)  en un comunicado.

"No se preocuparon de la seguridad de los talleres en los que se abastecían  y ahora abandonan a los sobrevivientes y a las familias de quienes perdieron a  los suyos", añadió.

El derrumbe del Rana Plaza causó la muerte de 1.138 obreros y heridas a  otros 2.000, revelando las condiciones de seguridad deplorables en los talleres  y los bajos salarios.  

La catástrofe obligó a los distribuidores occidentales a lanzar  inspecciones de seguridad y al gobierno a aumentar el salario mínimo.

Sin embargo la coordinadora de sindicatos IndustriALL considera que los  distribuidores solo han aportado contribuciones "tristemente insuficientes" al  fondo de 40 millones creado para ayudar a los heridos y a los familiares de las  personas muertas.

Solo 15 millones de dólares han sido aportados y el adelanto de 640 dólares  prometido a cada damnificado solo se pagó esta semana. 

"Un año después del derrumbe del Rana Plaza, muchas de las víctimas y sus  familias están en una gran pobreza", denunció Phil Robertson, de Human Rights  Watch.

"Las marcas internacionales deben ayudar a los heridos y a los familiares  de las obreros muertos que han fabricado su ropa", añade.

Unas 200 marcas han creado dos estructuras distintas para reorganizar los  3.500 talleres textiles de Bangladesh, segundo productor de ropa en el mundo,  detrás de China. Estas firmas rechazan las acusaciones de indiferencia e  inmovilismo.

Por otra parte, las inspecciones llevaron al cierre de 16 fábricas y  cientos más tendrán que mejorar las condiciones de seguridad, mientras que la  Asociación de Fabricantes y Exportadores Textiles (BGMEA) ordenó el cierre de  23 talleres.

Las exportaciones de la industria textil de Bangladesh, que se oponía a  aumentar el salario mínimo -el cual pasó tras el derrumbe del Rana Plaza de 38  a 68 dólares por mes- aumentaron 15% en un año.

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