El violento perfil del grupo que protagonizó el letal motín en Brasil

El Primer Comando de la Capital es definida como la organización criminal más grande del país. Desde su ruptura con el Comando Vermelho se desató un baño de sangre en las cárceles.

Fueron 17 horas de terror. El motín en el Complejo Penitenciario Anísio Jobim, en Manaos, que el lunes se saldó con 56 muertos, se convirtió en la segunda rebelión más letal de la historia del sistema carcelario de Brasil desde la masacre de Carandiru, en 1992, cuando una intervención policial dejó 111 presos muertos en ese recinto de Sao Paulo.

Pero lo ocurrido en Manaos se veía venir. Las autoridades ya percibían los riesgos de confrontación en las prisiones del estado Amazonas hace por lo menos un año. Según documentos obtenidos por el diario O Estado de Sao Paulo, la Policía Federal descubrió “planos para el asesinato de todos los miembros” del Primer Comando de la Capital (PCC), originario de Sao Paulo, a manos de la Familia do Norte, facción criminal aliada del Comando Vermelho (CV), de Río de Janeiro.

¿Pero por qué el PCC es objetivo de varios grupos criminales brasileños? Básicamente por el control de las rutas de tráfico de drogas. Según el portal InSight Crime, el Primer Comando Capital es una pandilla “inspirada” por el Comando Vermelho. Al igual que el CV, el PCC nació en una prisión, en la de Taubaté, en Sao Paulo, en 1993. Y surgió como un grupo de autodefensa tras la masacre de Carandiru. Desde entonces ha librado una continua y sangrienta pelea con la policía de la ciudad.

En 2001 dio el salto a la fama al protagonizar una protesta sin precedentes con motines en 29 prisiones. Pero en 2006 se superó a sí misma. Bajo el mando de su líder Marcos Willians Herbas Camacho, alias “Marcola”, el PCC encabezó motines en 70 cárceles, que se saldaron con 170 muertos.

Según O Estado de Sao Paulo, el saldo de los ataques ocurridos en mayo de ese año revelaron un “cuadro de violencia sin precedentes en Brasil”, ya que además de las rebeliones carcelarias, una incontable cantidad de buses fueron incendiados por bandidos en diversas ciudades paulistas. “Todo bajo el mando del PCC”, señala el periódico.

Durante estos años, el PCC se fue expandiendo, siempre a la sombra del CV. Pero después de una alianza de más de dos décadas, el grupo criminal de Sao Paulo decidió romper, hace más de un año, con el Comando Vermelho y su divorcio se oficializó en octubre pasado con un baño de sangre en cárceles del norte del país, donde 21 reclusos fueron asesinados.

La ruptura ha dado pie a una guerra sin precedentes entre ambas facciones. Y no es para menos. En una atrevida movida, el PCC ahora busca entrar a pelear con el CV por la codiciada Río de Janeiro. La arriesgada apuesta quedó al descubierto luego que la Policía Civil de Río de Janeiro descubriera que entre las conversaciones telefónicas de los traficantes cariocas presos había interlocutores con acento de Sao Paulo. La razón: los traficantes del PCC quieren ahora conquistar el terreno de los viejos socios y empezaron su tarea cooptando aliados en las cárceles.

La ofensiva, según consigna el diario español El País, incluye también acuerdos comerciales con otros grupos criminales y el monopolio de la distribución de drogas y armas en la favela más rentable de Río, la gigantesca Rocinha. El objetivo es aumentar los beneficios y debilitar al nuevo enemigo. “Esos desgraciados del CV se van a joder con nosotros”, dijeron los paulistas en sus celdas, según las escuchas.

El agente de policía que coordinó la investigación sobre la expansión del PCC en Río, Antenor Lopes, declaró que la estrategia del grupo es tomarse en un comienzo el negocio de la droga en los municipios del estado de Río antes de pasar a la capital, lugar de nacimiento y bastión tradicional del CV.

Según un informe de O Globo basado en la investigación de Lopes, el PCC ya ha logrado unir a 80 elementos criminales en siete ciudades diferentes del estado de Río de Janeiro, con la meta de socavar el control del CV en la zona. Pero el interés del PCC por instalarse en Río llega en el peor momento, señala El País. El estado está debilitado económicamente, tiene serias dificultades para pagar a sus funcionarios -incluidos los policías- y los índices de delincuencia continúan en aumento.

Con todo, InSight Crime define al PCC como “la organización criminal más grande y mejor organizada en Brasil”, la cual ya “cuenta con miembros en dos terceras partes de los estados del país, y controla las rutas de tráfico de drogas entre Brasil, Bolivia y Paraguay”.imagen-lt-primer-comando-del-norte-de-brasi-36213122

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