A rodear el palacio




Debemos celebrar la pronta inauguración del remodelado Palacio Pereira en Santiago. Edificio patrimonial que no solo albergará las dependencias del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, sino que además servirá como sede para la histórica Convención Constituyente, encargada de redactar la primera Carta Fundamental de un país democrático del siglo XXI y la primera de la era post Covid-19.

La relevancia de esta sede es mayor, si se entiende el gesto simbólico de convertir un palacio de la elite aristocrática del siglo XIX en un edificio público, propiedad de todos los chilenos, y donde representantes independientes y militantes de todas las regiones, ideas, géneros y etnias dialogarán para construir -en base a las ideas, el respeto y responsabilidad republicanas-, la plataforma institucional de lo que será el nuevo Chile.

Hace casi diez años, el Palacio Pereira estuvo a punto de ser jibarizado por un megaproyecto inmobiliario, una desproporcionada torre de varios pisos que dejaba al palacio como una pobre cáscara sometida al exceso de los más rentables usos del suelo. Pese a lo avanzado del proyecto, las autoridades de la Dibam y el propio Presidente Piñera intercedieron para la compra y recuperación por parte del Estado de este valioso inmueble. Luego de un concurso, el flamante proyecto de las arquitectas Cecilia Puga y Paula Velasco junto a Alberto Moletto no solo recuperó el valor original del palacio, sino además lo encauzó al futuro en una sublime síntesis de intervenciones contemporáneas, artesanía y tecnología, transversalmente celebrados por la crítica.

Lamentablemente, y pese a lo bien recibida de la noticia, surgen voces que legítimamente temen que este nuevo protagonismo del palacio como sede de la Convención Constituyente lo exponga a ataques violentos de grupos antisistémicos que busquen funar a algunos delegados, o que iracundamente respondan la irresponsable arenga del diputado comunista Teillier de “rodear con la movilización de masas, el desarrollo de la Convención Constitucional”.

Es hora de dejar el miedo atrás, e imponer el poder de la razón y las ideas por sobre la violencia. De condenar al unísono a esos 400 violentistas que majaderamente insisten en destruir todos los viernes el entorno urbano, patrimonial y las vidas de los vecinos de Plaza Baquedano, Lastarria, San Borja y el centro de Antofagasta, Valparaíso o Concepción. Llegó el momento de recuperar los espacios simbólicos de la ciudad para celebrar los valores de la concordia, el diálogo y el respeto propios de una democracia pluralista. Si vamos a rodear al Palacio Pereira, que no sea con barricadas, rayados, cercos o guanacos, sino que coparlo pacíficamente con ideas y propuestas sensibles, innovadoras, acuerdos responsables y realizables.

Si realmente creemos en la madurez democrática de nuestro país, si queremos que valga la pena el costo y sacrificio que significó el estallido social de 2019, y si estamos dispuestos a dar el salto hacia mejores futuros para Chile, bien vale la pena correr el riesgo de exponer este nuevo y flamante palacio constituyente ante la amenaza de los violentos. Estoy seguro que seremos miles quienes nos movilizaremos pacíficamente a rodearlo para protegerlo, ya que el futuro de Chile se jugará en sus salones… en nuestro palacio.

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