El acuerdo ante Pedro León Gallo

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Lo ocurrido en la madrugada del viernes 15 de noviembre sin duda es un acontecimiento significativo e histórico, por primera vez desde el nacimiento de la república los ciudadanos tendremos la posibilidad de participar directamente en la construcción de la Carta Fundamental, en efecto, la existencia de un plebiscito de entrada para votar sobre si se quiere o no una nueva Constitución y cuál es la instancia o mecanismo para la elaboración de su texto por una Convención Mixta Constituyente integrada en un cincuenta por ciento por delegados electos y en el otro cincuenta por ciento por parlamentarios, o por una Convención Constituyente (que no es otra cosa que una Asamblea Constituyente con otro nombre) conformada exclusivamente por representantes electos directamente por la ciudadanía, requiere tener en consideración, al menos preliminarmente, tres aspectos a considerar.

Primero, la votación para definir el mecanismo al igual que la elección de los delgados, debiese ser obligatoria y no voluntaria, si lo que se quiere y requiere es obtener la mayor legitimidad en este proceso, inducir la participación resulta fundamental, más todavía si para ratificar el texto constitucional se hará un plebiscito por sufragio universal obligatorio, con mayor razón las votaciones de abril y octubre próximos para aprobar la elaboración de una nueva carta política y para la redacción de la misma respectivamente, debiesen incluir el más amplio espectro electoral posible.

En segundo lugar, el cuerpo colegiado o constituyente debe integrar a independientes, debe ser paritario y debe incorporar a representantes de los pueblos originarios, en efecto, si bien el acuerdo es el resultado de un direccionamiento político partidista, su indiscutido origen es la manifestación popular, sumado a que diversos estudios dan cuenta del alejamiento y falta de credibilidad que sufren las colectividades políticas, pues bien, una válvula de oxígeno para eso y para contribuir al menos incipientemente a devolverles credibilidad, implica que los diferentes partidos políticos habrán espacio para que se integren a sus respectivas listas de candidaturas constituyentes, candidatos que no militen en partido político alguno.

Asimismo, teniendo en cuenta el déficit de participación de mujeres en la toma de decisiones, especialmente en la historia constitucional chilena, cuestión que se expresa por ejemplo en la denominada Comisión Ortúzar original del año 1973 (Comisión de Estudios de la Constitución de 1980 designada por la dictadura militar) instancia donde no hubo ninguna mujer, solo en el año 1977, después de la renuncia de varios comisionados, se integró la profesora Luz Bulnes Aldunate, en la actualidad el reconocimiento de género y la integración paritaria entre los constituyentes resulta ineludible. De igual forma, este cuerpo colegiado debe saldar otra deuda histórica incorporando en algún porcentaje a representantes de los pueblos originarios, los que contribuirán a impulsar su reconocimiento expreso en la nueva Carta Política.

En tercer lugar, parece importante precisar que los quórums establecidos para la redacción de la nueva Constitución, es decir dos tercios de los delegados constituyentes, obliga a la generación de acuerdos, lo que tiene sentido si estamos pensando en una constitución para las próximas décadas que sea la expresión de las reglas del juego democrático que amplios sectores de una sociedad han definido en un determinado momento histórico. Eso sí con un elemento trascendental, lo que no sea posible definir por dicha regla de los dos tercios deberá ser regulado por la ley, la que no tendrá los quórums contra mayoritarios que ahora la afectan y que impiden la adecuada expresión de las mayorías.

Sin dudarlo en los próximos días habrá muchas otras claves del acuerdo por una nueva Constitución para descifrar y precisar, esa será la tarea a la que deberá avocarse la comisión técnica que las distintas fuerzas políticas que lo suscribieron conformarán, pero lo que hasta aquí sabemos, más las precisiones sugeridas, abren un camino de optimismo para el devenir, futuro que también trazó el hombre del retrato en el salón del Congreso Nacional en Santiago que presidió la firma de este histórico acuerdo, Pedro León Gallo, que al igual que ahora pero en 1859, fue uno de los artífices del proceso constituyente para derogar la Constitución de 1833.

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