Acuerdo nacional



Más de 200 personalidades que cumplieron relevantes funciones de gobierno durante administraciones de la Concertación y la Nueva Mayoría han dado a conocer un documento donde hacen un urgente llamado a un acuerdo nacional para superar la crisis que vive el país. Hablan de producir un momento de concordia y aprovechar la fuerza de los acuerdos democráticos, en un período que califican como lleno de odio y desconfianza que, de persistir, podría terminar en un lacerante enfrentamiento.

Son por cierto expresiones fuertes y los firmantes se la juegan para motivar un diálogo político que lleve a materializar este acuerdo, resaltando el sentido de urgencia que ello tiene.

¿Cuál es el valor de una iniciativa como ésta? Más allá de sus indudables buenas intenciones, el valor de este llamado está en que innova respecto a la actitud que han tenido dirigentes de los partidos de oposición frente a la crisis y, en particular, frente al gobierno.

En efecto, el llamado tiene tres ejes en torno a los cuales se estructura la tarea de diálogo que debiera dar origen a este acuerdo nacional. Ellos son: 1) un programa social relevante y sostenible; 2) el logro de la paz social y el orden público, y 3) la recuperación y crecimiento de la economía. La necesariamente breve redacción de un documento de esta naturaleza deja ver algunos de los objetivos que, en cada uno de estos ejes, debieran lograrse; sin llegar no obstante a detallar cómo esto podría realizarse, considerando que buena parte de las cuestiones atingentes a estos temas se discuten desde hace tiempo en el Congreso.

Un acuerdo nacional, entonces, requerirá un proceso en el que pueda lograrse dar contenidos concretos y precisos a estos tres ejes. Pero hay desde ya una esperanza, al constatar que en el eje que se refiera al logro de la paz social y el orden público se innova respecto a la estrategia de los partidos de oposición, que ha consistido, hasta ahora, en radicar exclusivamente en el gobierno la responsabilidad de resguardar el orden público. Está implícito en este llamado un reconocimiento al hecho innegable de que, si bien el Ejecutivo tiene una responsabilidad mayor en esta materia, los demás poderes del Estado no pueden restarse a ella en un momento como el que vivimos.

Hay en consecuencia en el documento la voluntad de ponerse de acuerdo en torno a cuestiones fundamentales, que no habían estado presentes hasta ahora en la esgrima política entre gobierno y oposición, y que pareciera ignorar la gravedad de la situación que vive el país y la división que se está produciendo entre los chilenos.

No es esta una tarea fácil. De hecho, algunos de los objetivos planteados en los ejes pueden llegar a ser contradictorios con otros. Pero en eso consiste la política y ha llegado la hora de probar dónde están los verdaderos liderazgos.


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