¿Cómo administrar un teatro para las artes escénicas de manera sostenible?

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Frente a la inminente implementación del nuevo Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, urge diseñar políticas públicas que transformen los teatros en centros de innovación cultural, capaces de crear acciones concretas que les permitan mayor autonomía en su financiamiento, transparencia en el uso de recursos, eficiencia en su utilización y, obviamente, una programación artística de primer nivel, que influya en la formación, educación y desarrollo de nuestra sociedad. ¿Idealista? ¿Ambicioso? Por cierto, pero, ¿no son estos los objetivos que esperamos de nuestras instituciones privadas y públicas?

Para lograr instituciones culturales exitosas y sostenibles hay que dar algunos pasos esenciales:

  1. El primero es que el Estado utilice eficientemente sus órganos fiscalizadores, para velar por el buen uso de recursos públicos. No tiene sentido discutir cuánto aporta el Estado (ministerio, municipalidades, gobiernos regionales) a los teatros sin un examen previo de probidad y transparencia del buen uso de los recursos que ya entrega. El rol beneficioso y noble de las instituciones culturales no las exime de una buena gestión administrativa, con información fácilmente auditable, idealmente en portales de transparencia en sus sitios web. La sociedad civil, en especial los medios, debieran cumplir un papel clave en esta materia. La transparencia fomentaría, además, la participación del mundo privado.
  2. Las producciones artísticas son caras. La programación de una sala para más de 800 personas requiere un presupuesto de millones de dólares, no de pesos. En el mejor escenario, los ingresos por venta de entradas representan el 10% del costo de funcionamiento de estas instituciones. La solución no es disminuir el presupuesto de las temporadas artísticas, pues la programación debe ser de primer nivel, competitiva a nivel nacional y con miras a lograr repercusión internacional. Las orquestas, cuerpos de danza, grupos de teatro, cantantes y talleres técnicos, entre otros, deben siempre buscar la excelencia. Cada vez más personas pueden asistir a espectáculos fuera de Chile y acceder a la programación de los mejores teatros del mundo online. La competencia aumenta también al haber en nuestro país más teatros que no existían hace diez años. Esto exige a los gestores una programación de calidad más atractiva para las audiencias y a precios más competitivos —lo que también disminuye los ingresos por taquilla—. Generalizando, la programación en teatros con cuerpos artísticos estables representa 20% del total de sus costos, por lo que 80% de los recursos corresponde a honorarios artísticos, administrativos y costos operacionales. No tiene sentido gastar ese 80% si no es de alta calidad la programación artística, que es lo que llega al público. Aunque parezca paradójico, pese a su alto costo, se debe invertir más en los artistas y la programación, para elevar el nivel local y transformar la institución en un hito enriquecedor del entorno.
  3. Valorar a los artistas es fundamental para una administración sostenible. Ellos crean y fidelizan audiencias, traspasan conocimiento a sus grupos cercanos, generan enlaces educacionales, diplomáticos y comerciales. Como embajadores de las instituciones culturales, tienen un poder enorme para conectarse con el mundo privado y, con su creatividad, canalizar formas de colaboración. La valoración se expresa en mejorar sus condiciones salariales, permitiéndoles tomar ciertas decisiones artísticas y dándoles mayor participación en algunas áreas del teatro.
  4. Dado el supuesto de una institución que recibe recursos públicos, los utiliza con diligencia, valora a sus artistas y construye junto a ellos una programación de alta calidad, pero a un elevado costo, ¿cómo hacerla sostenible? La creatividad y la innovación son casi los únicos recursos que abundan en los teatros. ¿Por qué no utilizarlos en la búsqueda de nuevas formas de financiamiento y gestión? El Centro Cultural de la Universidad de Guadalajara, por ejemplo, pragmáticamente contempla la construcción de numerosos edificios que serán arrendados para financiar su enorme infraestructura cultural. Similarmente, una teórica tercera etapa de desarrollo del GAM contempla entregarle la propiedad de la torre de oficinas del ex edificio Diego Portales, para arriendo. Yendo más lejos, el Centro Cultural de Guadalajara, sin alterar su independencia como ente autónomo, estableció una conexión con distintas facultades de la universidad, precisamente para ofrecer una fuente ilimitada de innovación y reflexión en términos artísticos, comunicacionales, económicos y de marketing.

Son los gestores quienes deben hacerse cargo de los problemas de sus instituciones, en vez de pedir al Estado que los solucione, o lamentar la falta de filantropía privada. Así lo hace la mayoría de las personas diariamente. Del paternalismo hay que pasar al liderazgo.

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