Agradecimientos

A supporter of President Donald Trump holds a U.S. flag in front of anti-Trump protesters during a demonstration in Pershing Square, in downtown Los Angeles, California, U.S., January 9, 2021. REUTERS/Ringo Chiu



Su administración no podía haber terminado de mejor forma, confirmando que ha sido el mayor enemigo de la democracia norteamericana en las últimas décadas; una amenaza directa y constante, que cierra su ciclo en el poder desconociendo el resultado electoral, fomentando el odio e incentivando el ultraje a las instituciones. Se debe dar las gracias cuando la realidad finalmente se explicita como lo ha hecho esta semana con el ataque al Capitolio, cuando las palabras y sus consecuencias convergen en una puesta en escena descarnada y, a la vez, perfecta para representar su verdadero sentido.

A días de abandonar la Casa Blanca, Donald Trump ha dejado las cosas en su lugar, logró que el Congreso de su país fuera mancillado, se quedó sin vicepresidente y provocó una ola de renuncias entre sus colaboradores más cercanos. Tuvo al final que retractarse de sus iniciales adulaciones, condenar lo que horas antes había valorado, asumir una derrota que hasta ahora no había querido reconocer y optar por no asistir a su funeral político. Así, después de lo vivido esta semana en EE.UU. sus ciudadanos tendrán un poco más claro que la democracia nunca está garantizada, que es necesario defenderla y, sobre todo, estar dispuestos a enfrentar a sus enemigos

Con menos estridencia, en Chile esta semana también han ocurrido cosas que responden a la misma lógica y que es bueno agradecer. El PC y sectores del Frente Amplio no estuvieron dispuestos a converger en una lista unitaria para la convención constitucional, y los argumentos para ello fueron plenamente consistentes con las posiciones que han defendido en el último tiempo. En efecto, ya habían rechazado el acuerdo político que abrió las puertas al proceso constituyente, votado contra la reforma que dio lugar al plebiscito e intentado modificar el imperativo de construir mayorías con 2/3 de respaldo. Ahora, no quisieron sumar fuerzas con la socialdemocracia “neoliberal”, ya que, en palabras de Daniel Jadue, “no hay ninguna posibilidad de hacer una lista con los que quieren solo maquillar este modelo, ni con los que son partidarios del modelo”.

Por tanto, no tenía ningún sentido que los firmantes del acuerdo del 15 de noviembre, que dio curso al actual proceso constituyente, fueran en un mismo pacto con aquellos que lo rechazan, buscan “rodearlo” a través de la fuerza y hacerlo fracasar. Es mejor que el escenario esté claro desde el inicio y que el país sepa a qué atenerse, de la misma manera como los ciudadanos de EE.UU. terminaron de descubrir esta semana dónde están y quiénes son las reales amenazas a su democracia. Siempre es mejor tener certeza sobre quienes buscan socavar las instituciones, desconocer el resultado de las urnas e impedir los acuerdos.

De nuevo, hay que dar las gracias cuando los que no creen que sus adversarios puedan ser una mayoría legítima encuentran al final la ocasión para develarse sin eufemismos.

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