Atención, candidatos

Fondos de pensiones más riesgosos registran ganancias ante avance de las bolsas internacionales



Por Pablo Ortúzar, investigador del IES

A inicios de febrero ya se conocía el peligro de nuevas cepas de Covid que se propagan más rápido y/o son más resistentes a las vacunas disponibles. Chile ya iba bien con la vacunación, y lo lógico habría sido restringir al máximo el tráfico internacional de viajeros, cerrando rutas o imponiendo cuarentenas de hotel.

Sin embargo, “todo reino dividido contra sí mismo es asolado; y una casa dividida contra sí misma se derrumba”. Y Chile, hoy, es eso: no hay tema, por diáfano que sea, que no sea destilado en alambiques de hiel y convertido en motivo de oposición irreconciliable. En ese contexto, se termina por imponer siempre el despelote (cosa de ver el triste desorden en la fila de vacunación, asaltada por gremios y grupos de interés de todos los colores).

Un buen número de chilenos pasaron parte de sus vacaciones de verano entre Miami, Cancún y Río de Janeiro. Y no es raro: las tarifas estaban en el suelo y era más fácil, dadas las restricciones, viajar a otro país que a otra comuna. Mientras tanto, miles de inmigrantes ilegales eran traficados por pasos “no habilitados” en el norte. Pero cuando el gobierno hizo el amague de detener este abuso, la comunidad bienpensante -misma que exige siempre medidas sanitarias extremas- puso el grito en el cielo.

Así, al alza de contagios esperable (y asumida) producto de la interacción estival se terminaron sumando brotes agresivos que tienen toda la cara de estar relacionados a nuevas cepas. Y ahora, tarde, se introdujeron medidas de cuarentena efectivas para viajeros. Respecto del paso de ilegales en el norte no hay noticias frescas, pero si creemos en testimonios locales, lo más probable es que el asunto siga mal, aunque sin escenas vistosas. El gobierno, para variar, llega tarde a la pelota y la pierde rapidito.

¿Qué nos depara el futuro? Por lo pronto, es necesario comunicar que esta nueva ola pasará. Será entre un mes y un mes y medio de pesadilla. Y luego, distanciamiento social mediante, el tema volverá a estar bajo control. Las cuentas, incluso, serán relativamente alegres: la vacunación masiva que vamos logrando se reflejará en las cifras de muertos. Las elecciones, en todo caso, probablemente deban ser movidas. Pero arrojarlas demasiado adentro del otoño es tan riesgoso como hacerlas con demasiados casos dando vueltas: el aire libre es nuestro mejor aliado.

Después de las elecciones el tema es vacunar hasta que las velas no ardan. Y, en paralelo, es necesario que Chile haga un esfuerzo definitivo por tomar control de sus fronteras. Si las cosas siguen como van, seremos por un par de años el único país vacunado del continente. Y si queremos volver a algo parecido a la normalidad (me perdonarán los octubristas, pero entienden a lo que me refiero), necesitamos un consenso total en este ámbito, y todos los medios para convertirlo en realidad.

Por otro lado, esta es la primera gran pandemia que enfrentamos en casi un siglo, pero si la literatura científica tiene razón, puede que no sea la última que nos agarre vivos. En ese contexto, uno de los mayores legados que podemos construir hoy es un país cuyos bordes estén debidamente custodiados. Tema ineludible para la gran masa de candidatos en busca de votos.

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbase aquí.