Atrincherado



Por Gonzalo Cordero, abogado

Las trincheras son el símbolo del período en la Primera Guerra Mundial en que los ejércitos enemigos se mantuvieron prácticamente estáticos en sus posiciones. Estas zanjas representan la última defensa de una línea, el soldado ubicado en una de ellas no avanza por definición.

En el último tiempo, se ha puesto de moda definir como “atrincherarse” el proponer ciertas ideas que, en opinión de quienes las sustentamos, permiten configurar un orden social justo y próspero. De hecho, en las tres décadas en que se aplicaron razonablemente, permitieron a nuestro país casi terminar con la pobreza, llevar a la educación superior a cerca de la mitad de los jóvenes y ser líder en América Latina, tanto en desarrollo humano como económico; es decir, la mejor época de nuestra historia republicana.

Las últimas elecciones muestran que, al menos temporalmente, la mayoría del país no está de acuerdo con todo esto, más de dos tercios de los constituyentes son de los que creen que se configuró un país desigual e injusto, en el que unos pocos lucran con los llamados derechos sociales, con los recursos naturales, especialmente con el agua, y promueven un cambio profundo que sustituya el llamado modelo neoliberal por un Estado social, así como restringir la democracia representativa para combinarla con la participativa; vale decir, conducir la sociedad a punta de plebiscitos.

Parece ser que lo importante no es quiénes están equivocados y quiénes en lo cierto, sino la cantidad de personas que se encuentran en una y otra posición, confiriendo a la mayoría cualidades epistemológicas que, obviamente, no tiene. Así, una parte importante de la centroderecha parece haber sustituido la fidelidad al mejor proyecto de sociedad por la eficacia electoral, algo así como la versión política del “¿qué se le ofrece caserita?”.

Galileo estaba atrincherado diciendo que la tierra se mueve alrededor del sol, contra la mayoría que veía lo contrario, y Churchill atrincherado contra el nazismo. Aunque tampoco es claro dónde está la mayoría y quiénes atrincherados; es extraño que seguir siendo comunista en pleno siglo XXI no sea percibido como una posición de trinchera, ni siquiera como una posición política extrema; la presidenta del Senado rechaza cualquier oferta de mínimos comunes, la idea es competir por encabezar el otro modelo, el fondo de las propuestas importa poco.

No me gustan las analogías belicistas, ni su lenguaje, en la política; de hecho, las ideas se promueven mucho más que se defienden, por ejemplo, eso de “terminar” con el sistema neoliberal es lo más belicista y absurdo, a lo más se podrá terminar por un tiempo con su aplicación, pero las ideas no se matan, algo que los fanáticos todavía no asumen. Pero ya que estamos en esto, prefiero seguir en la trinchera por convicción, antes que pasarme al “ejército” adversario para tratar -sin éxito- de ganar elecciones.

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