Carlos Acevedo

Carlos Acevedo

Encargado de Proyectos Fundación Ronda e instructor en tiflotecnología

Opinión

Ayudas Técnicas: incentivar el emprendimiento para mejorar la inclusión


La Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad a la que Chile adhirió en 2008, y que este año cumple una década, incita a los países a promover la investigación y el desarrollo de bienes, servicios, equipos e instalaciones de diseño universal, para así propender a la menor adaptación posible y al menor costo en las ayudas técnicas que necesitan las personas con discapacidad. Así también insta a los países a promover la disponibilidad y el uso de nuevas tecnologías que faciliten su autonomía.

Son dos desafíos en los que Chile ha avanzado pero que vale la pena revisar a 10 años de nuestra adhesión a la Convención. Las ayudas técnicas son más que un apoyo para una persona con discapacidad. Son tecnologías vitales para que pueda recuperar parte de su funcionalidad y así su autonomía y que en Chile están establecidas en la ley 20422, que promueve la igualdad de oportunidades y la inclusión social, en la que se mandata su administración al Servicio Nacional de la Discapacidad. Este organismo está a cargo de financiarlas y asignarlas de acuerdo al grado de discapacidad de la persona y a su nivel socioeconómico, lo cual cobra especial relevancia cuando sabemos que algunas de ellas, como por ejemplo los lectores de pantallas para personas ciegas, pueden alcanzar el millón de pesos y cuando un alto porcentaje de las personas con discapacidad se encuentra en situación de vulnerabilidad.

En los últimos años se ha aumentado el monto asignado a este programa y a mejorar la calidad de vida de quienes dependen de él, al igual que ha habido una apertura a la entrega de nuevos productos con diseño universal adquirido. Al mismo tiempo, su asignación se ha restringido en la medida que se ha dado prioridad a personas que se encuentren empleadas o cursando estudios superiores, lo cual nos parece del todo lógico como una forma de reconocer e incentivar su empoderamiento, desarrollo e inserción en distintas esferas del ámbito público y privado.

Así todo, Chile está al debe en su rol de promotor de la investigación y del emprendimiento local para la generación de altas tecnologías universales, al igual que en el vínculo con más proveedores lo que permitiría el acceso a más y mejores modelos tecnológicos. Hoy esta falta de industria local ha impactado en que tecnologías tan útiles y necesarias como programas para teléfonos móviles de escaneo de documentos impresos, tengan costos inaccesibles impidiendo el acceso a la información y que, por otro lado, la dependencia a la importación implique que usuarios deban esperar incluso hasta un año para la llegada de su dispositivo al país. ¿Cómo se inserta una persona en la sociedad si prescinde de una tecnología que para ella es básica?

En este mismo contexto, las investigaciones y los prototipos desarrollados por estudiantes de áreas tecnológicas, suelen quedar entre paredes porque no hay mayores incentivos para su producción. Ello es lamentable cuando sabemos que hay creaciones efectivas, creativas y de alto impacto, como fue el desarrollo de la mano prostética en impresión 3D.

Una alternativa para ampliar y mejorar el acceso a estas tecnologías sería darle mayor promoción al uso de tecnologías gratuitas, como los lectores de pantallas para personas con discapacidad visual, los cuales son efectivos y se alinean con la facilidad y la rapidez propia de la era digital.

Por último, cabe recordar la necesidad y el deber que tenemos de capacitar al usuario y también a los profesionales que trabajan con personas con discapacidad en el uso de las mismas, porque hoy ese traspaso de conocimiento es casi inexistente. Lo podemos ver en el caso de los Programas de Integración Escolar, donde muchas veces los profesionales no están familiarizados con el uso de las herramientas, por ejemplo con sistemas de lectura o de impresoras braille, por lo cual terminan acudiendo de forma particular a personas para que las instruyan en su uso. La capacitación en estas tecnologías es una necesidad importante y también parte de las recomendaciones de la Convención.

Este año que cumplimos 10 años desde nuestra adhesión vale la pena reconocer aquellos aspectos en los que podemos mejorar, aprovechando un contexto de diversidad como nunca antes visto impulsado en buena parte por la puesta en marcha de la nueva ley de inclusión laboral.

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