Bajo amenaza

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El presidente de la Democracia Cristiana (DC), Fuad Chahin. Foto: AgenciaUno/Archivo


No será la última vez que un acuerdo sea objeto de interpretaciones respecto de sus alcances. Pero qué duda cabe, el ejercicio intelectual que importa la interpretación siempre habrá de tener como límite cautelar el sentido común, lo razonable. Es el caso del compromiso suscrito por los partidos opositores para dirigir la Cámara de Diputados hace 10 meses. Unos lo interpretaron como acuerdo de administración, y otros, como pacto político para enfrentar al gobierno de Piñera. En marzo termina el período de Maya Fernández, del PS, y correspondía que asumiera Gabriel Silber, de la DC. ¡Pues hasta ahí no más llegó el acuerdo! El Frente Amplio (FA), yendo más allá de lo razonable a la hora de interpretar, ha cuestionado la condición de fuerza opositora de la DC, por haber dado su apoyo a ciertas iniciativas del gobierno, lo que, por lo demás, enhorabuena, también han hecho los otros partidos en diversos momentos.

Queda en evidencia lo que valen los acuerdos con el FA y las toscas nociones sobre la política que tienen algunos de sus dirigentes. En su particular lógica, ser opositor -al parecer- importa convertirse en un muro, en el que deberían estrellarse los proyectos del gobierno, cualquiera sea el valor de tales iniciativas. O sea, el obstruccionismo convertido en doctrina, negar la sal y el agua a quienes gobiernan. ¿Y en qué queda entonces el interés del país y la necesidad de legislar para que las cosas mejoren? Para el FA, esos son detalles.

La DC no ha hecho otra cosa que cumplir con su responsabilidad política frente al país, vale decir, juzgar las propuestas del gobierno en su mérito, sin prejuicios, con independencia de criterio y, por supuesto, con espíritu constructivo. Por eso, está dispuesta a dialogar, a intercambiar ideas, a razonar, para encontrar en conjunto con el gobierno u otras fuerzas opositoras las mejores respuestas posibles a las necesidades nacionales. Por eso, varios representantes de la DC entregaron su aporte a las comisiones presidenciales pluralistas que funcionaron el año pasado. Y por eso, sus parlamentarios ayudaron a que el país tuviera una Ley de Migraciones.

Hay que terminar con los malentendidos. Aunque parezca obvio, la DC y el FA solo tienen en común el que no forman parte del gobierno. Nada más. Y de allí no se deriva ninguna conclusión política ni programática. Representan sensibilidades y visiones muy distintas. Los acuerdos que se produzcan entre ellos deben tener alcances muy claros, para que nadie se llame a engaño.

Dado que los dirigentes del FA están quedando mal por incumplir su palabra, ahora proponen restablecer el acuerdo de la Cámara, siempre y cuando haya uniformidad de criterios en los partidos opositores frente a las reformas tributaria, previsional, agenda indígena y Admisión Justa. Eso es delirio puro. Implica que los partidos hipotequen su independencia para dar en el gusto al FA.

Confiamos en que la DC no se preste para validar este intento de imponer el pensamiento único en la oposición. Hay que oponerse a todas las formas de autoritarismo. Imagínese si esa tesis hubiera triunfado, ya habrían caído dos ministros de Estado y tres de la Corte Suprema.

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