Con Bolivia post fallo

LA HAYA: Evo Morales lee un comunicado luego del termino de los alegatos Bolivianos

Rodrigo Sáenz



¡Impresionante!, ese es el primer término que aparece en la cabeza cuándo quiero explicar lo que significó escuchar atentamente el relato del último párrafo por parte del Presidente de la CIJ.

No lo esperé y creo que nadie en Chile pensó este resultado. Debo aceptar que la historia nos acompaña en materia de fallos adversos, por ello, era casi impensable el resultado obtenido.

Esta emoción y sorpresa que nos invadió, es la otra cara de la moneda respecto de Bolivia; no nos corresponde a nosotros hacernos cargos del resultado emocional de una embestida personal del Presidente de Bolivia. Hoy le pasa la cuenta a la Corte y la denosta con su vocabulario especialmente elegido como tratar de Informe al fallo y señalarle a un tribunal de justicia que es injusto; junto con ello, insistir en su idea de la invasión y cuestionar al Tratado de Paz y Amistad de 1904, firmado veinticuatro años después de su salida de la guerra, provocada por ellos mismos.

Hoy para Chile es un momento de reivindicación de su historia; ya no es éticamente aceptable el cuestionar nuestros pactos o tratados. Un tribunal de la más alta calificación internacional ha dado su pleno respaldo a la legitimidad del Tratado de 1904, ha sostenido que es válido en sus puntos y que marca el límite entre Chile y Bolivia después de la Guerra del Pacífico. Con esto, ha terminado, de paso, la discusión respecto a la invasión dispuesta por Bolívar y ejecutada por Sucre en Cobija y la ampliación posterior a su nacimiento, del departamento litoral de Bolivia inserto en un espacio de frontera entre Chile y Perú. Fue guerra, no invasión. Ha terminado la discusión jurídica respecto del inicio y validez de la Guerra, dejándola sólo como un hecho para la discusión histórica. La CIJ ha zanjado el tema y ha marcado el punto de partida de las relaciones formales entre Chile y Bolivia. El Tratado de 1904.

Ha sido un duro encontronazo con la realidad para Evo Morales, qué duda cabe, pero cuando se busca la opinión de un tercero, es fundamental acatar lo que ese tercero decida. Si falla la apuesta, no hay que buscar al culpable en el vecino o en ese tercero imparcial, hay que hacerlo en aquellos que lo convencieron de su mesianismo, en aquellos que vendieron una peregrina idea de burlar el derecho a través de rebuscados resquicios que no fructificaron, en las propias acciones materializadas en un vocabulario agresivo e insolente, en ilusionar a su pueblo con una idea imposible como era el acceso soberano al mar, morigerar el lenguaje. No existe hoy en el mundo, autoridad que pueda disponer a un Estado soberano el ceder su soberanía o entregar un pedazo de territorio en espacios definidos por tratados internacionales válidamente firmados.

No es posible cuestionar la firma del Tratado de 1904 bajo el argumento de la presión cuando han pasado más de 20 años de la guerra y el documento se trató y ratificó en los respectivos Congresos Nacionales. No es justo, como lo hizo Morales, mancillar a aquellos que les tocó tratar, negociar, firmar y ratificar el Tratado de 1904 a nombre de Bolivia. La realidad y la justicia del acto llevado adelante hace más de 100 años, hoy se le apareció de frente y ratificado a través del máximo Tribunal Internacional de Justicia, elegido por él para discutir el caso.

Para Chile, sólo queda esperar que Bolivia asuma el fallo, se reconstruya en una nueva realidad histórica para ellos, ya no existe la ilusión de derechos sobre el mar, esperar que reanude relaciones diplomáticas en el tiempo que dure la recuperación del golpe y explicarle a América primero y al mundo después, todo lo que Chile entrega a Bolivia para su acceso al mar, pero no en un documento que conocerá sólo quién lo reciba, si no que una campaña comunicacional formal, consistente, persistente, en que se desmonte esta imagen del gigante invasor y egoísta.

Seguiremos viviendo con Bolivia de vecino, pero superado el dolor de ellos, tenemos la oportunidad de llevar adelante proyectos enormes como el corredor Arica – Santos, la materialización del cluster del litio, la negociación por el agua que falta en el norte y que le sobra a Bolivia, la creación por ejemplo, de una autopista sellada para el comercio Boliviano hacia el Pacífico, la implementación de medidas que permitan recobrar las confianzas. Ya lo hicimos con Argentina luego de estar a menos de veinticuatro horas de una guerra hace cuarenta años, lo podemos lograr con Bolivia si nos sacamos de encima el tema de la soberanía marítima. Nos quedan muchas otras herramientas para avanzar como vecinos ahora que la CIJ eliminó los argumentos bolivianos que tensionaban las relaciones vecinales.

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