Caen las máscaras de la Convención



Por Luis Larraín, presidente del Consejo Asesor de Libertad y Desarrollo

La nueva Constitución sería la casa de todos, aquella en que los chilenos de diversas condiciones y pensamientos fueran acogidos y haría posible que demandas incumplidas de la ciudadanía se pudieran satisfacer en un proceso virtuoso. Se reemplazaría así la Constitución impuesta a los chilenos, que supuestamente impedía resolver demandas sociales.

Pero en la medida en que se acerca el plazo para que la Convención entregue su proyecto de borrador, nos hemos ido enterando de sus acuerdos, tan lejos de estos nobles propósitos, que se puede afirmar que se caen todas las máscaras de la Convención y aparecen, con toda su deformidad, los verdaderos propósitos de quienes dirigen este proceso.

Bajo el concepto de democracia sustantiva se pretende reemplazar la democracia representativa, levantando un cerco más allá del cual es peligroso transitar, pues la Constitución definirá en base a pertenencia a identidades quiénes tienen derecho a representación política preferencial y quiénes, en cambio, la tendrán desmedrada; qué régimen de justicia se aplicará a unos y cuál a otros.

El instrumento principal para lograr este propósito es el cambio del sistema político, debilitando al Poder Ejecutivo en sus iniciativas de ley, nombramiento de autoridades, ejercicio de vetos, entre otros; para construir así una Cámara de Diputados todopoderosa, plurinacional (han inventado once naciones para transformarnos en una república indigenista), paritaria, con representación de minorías transexuales y no binarias. Todas éstas, características destinadas a alterar la voluntad popular de la regla de una persona, un voto. Se elimina el Senado, instaurando un bicameralismo trucho con una Cámara de las Regiones decorativa. Se cercenan facultades y resta independencia al Poder Judicial, terminando con la igualdad ante la ley, y se reduce el poder de la sociedad civil frente al del Estado.

El inconfesado propósito de esta Constitución es perpetuarse en el poder, pues esta democracia “sustantiva” privilegia de tal manera al socialismo, que las votaciones de la Cámara de Diputados les permitirán controlar el poder político aún sin tener la mayoría de votos ciudadanos, dadas las distorsiones introducidas al sistema electoral.

Los textos contienen algunos placebos, como derechos declarativos en materia de propiedad, sin instrumentos para ejercerlos, por la indefinición acerca de la forma de garantizar la legalidad de los mecanismos expropiatorios, los montos de indemnización y los plazos de pago; y derechos sociales aún no definidos, de difícil provisión si al mismo tiempo se avanza a una economía socialista.

Quienes idearon este proceso han usado toda la imaginación que exhibieron al atribuir defectos y arbitrariedades a la Constitución que nos rige, para construir el engendro que presentarán al país.

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