Alfredo Jocelyn-Holt

Alfredo Jocelyn-Holt

Historiador

Opinión

Chadwick

El ministro Andrés Chadwick este jueves, en La Araucanía, junto al intendente Jorge Atton.

¿Qué habrían dicho de Chadwick los hermanos Arteaga Alemparte o Lira Massi, maestros del perfil político biográfico? Supongo que lo habrían ubicado en la infantería, no en la caballería, junto a J. M. Insulza, Sergio Fernández o Carlos Cáceres más que al lado de ese prohombre que fue Antonio Varas. Es decir, no un delfín de su alter ego con quien pudiera compartir pedestal y estatua, sino pieza circunstancial, útil, en el tablero. Clave hasta cierto punto, pero no suficientemente “histórico” en rango.

Bastante más que “primo hermano del presidente”, aunque aún no se le encuentre otra marca personal que termine con ese ninguneo con que todavía se le identifica. Porque el personaje, un sobreviviente, viene siendo escurridizo desde hace 45 años. Fue y no fue MAPU (“No sé bien por qué no adquirí mayores compromisos”, según propia confesión en entrevista a Patricia Politzer). No militó porque “habría significado romper demasiado”, aunque sí quemó sus simpatías de izquierda el 73 en el patio de la casa junto con sus afiches, libros y bric-à-brac ideológico (“el final del colegio lo tengo en blanco”), “obligado” por su familia porque no querían tener a otro J. Antonio Viera-Gallo perseguido, su cuñado, amigo y alter ego, sustituido luego por Jaime Guzmán, y ahora por su primo presidente. Lo que lo vuelve hombre leal y eso se aprecia en política, hasta por sus contrincantes, si bien lo expone. Poniéndolo en primera línea en el juego-safari de palitroques de hoy día. Muertos G. Varela, M. Rojas, L. Mayol, M. Victoriano, H. Soto et al., otros tantos generales de verde, y Fernanda Bachelet, cómo olvidarla, cae él, y el siguiente es el trofeo mayor.

Carismático no es. Evasivo o sordo, de todas maneras (pudiendo culpar las “interferencias”) aunque, al final, da la cara, que es lo que hace siempre un ministro del Interior, de lo contrario dan con quien emite la orden: su jefe. A Pérez Zujovic lo mataron por lo mismo (Víctor Jara, habiéndolo antes condenado). Chadwick cumple a la perfección el papel de “yes man”. Es funcional, no fundamental. El tosco engranaje de la presidencia se arma en base a estuco y espátula. La razón de Estado que justifica cualquier cosa -siendo esa la prerrogativa y razón de ser de este brazo armado del jefe máximo- no admite caligrafía pincelada. Un político refinado, un Zhou Enlai, sabio mandarín, no hubiese sido jamás nombrado ministro del Interior chileno. Vimos la lógica con Bachelet. Desde la partida, ella anuló a todos sus designados, ninguno un mandarín: A. Zaldívar, B. Velasco, J. Burgos y M. Fernández. Las únicas excepciones con que se avino fueron Pérez Yoma y Peñailillo, parecidos a Chadwick. Reconozcámoslo, las acusaciones constitucionales en esta cartera no cuentan y en el Congreso quienes algo saben (no los frenteamplistas), lo saben.

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