Chile entre dos plebiscitos



Por Carlos Ominami, economista

Me cuento entre los que vivimos intensamente el plebiscito de 1988. Ese día 5 de octubre salí muy temprano de mi casa rumbo al Comando del NO en Alameda con Lastarria a cumplir tareas de coordinación. No tenía dudas de que éramos mayoría, pero costaba imaginar al dictador reconociendo su derrota. Todo podía pasar. Había mucha tensión e incertidumbre. Salí con una muda y calcetines de lana por si acaso. Preso se pasa mucho frío.

El triunfo del 5/O abrió un largo proceso de transición en el cual se fueron sucediendo gobiernos emanados de la coalición que derrotó ese día a la dictadura. Fueron cuatro gobiernos consecutivos más un quinto, luego de un interregno entre 2010 y 2014. En esas más de dos décadas Chile experimentó progresos sustanciales. La lista de realizaciones es larga. Subsistieron sin embargo desigualdades, discriminaciones y abusos que empañan el balance. No existe todavía suficiente distancia histórica para permitir un examen ecuánime sobre ese período. Prima en la actualidad un juicio negativo bastante ligero.

Contrariamente a la visión dominante, la transición tal cual se desarrolló en la práctica no respondió a un proyecto. Nadie, ni el más optimista pensó nunca que con el triunfo del 5/O se abría un ciclo tan largo y determinante de la historia nacional. El compromiso de las fuerzas que condujeron el NO a la dictadura era más limitado: un gobierno de transición por un período corto, cuatro años, al cabo del cual las fuerzas recuperaban su autonomía para emprender sus proyectos propios. Sin embargo, el éxito del gobierno de Aylwin generó necesidades y perspectivas insospechadas de proyección en el tiempo. Frei, Lagos y Bachelet fueron el resultado de un proceso que fue haciendo camino al andar.

Enfrentaremos en los próximos días un nuevo plebiscito. Espero se cumplan los pronósticos que indican que votará mucha gente y que la opción Apruebo doblará al Rechazo. Será un pronunciamiento tan decisivo como el del 5/O. Más aún, en 1988 no teníamos la noción de estar escribiendo la historia de los siguientes 30 años. Fuimos improvisando; tuvimos muchos aciertos, pero cometimos también graves errores. Con el plebiscito del 25/O y el proceso constituyente que inaugura sabemos fehacientemente que lo que allí resulte marcará los próximos 30 o 40 años. Desde este punto de vista, el desafío es aún más exigente. Si 17 partidos nos unimos para derrotar a la dictadura, no hay razón para enfrentar en la dispersión este nuevo desafío. A partir del próximo 26 de octubre las cosas debieran ser distintas. Movilizándose masivamente a pesar de la pandemia para respaldar ampliamente la opción Apruebo la ciudadanía habrá hecho lo suyo. Corresponderá a las direcciones políticas la responsabilidad de proponer un camino unitario a la altura. Esta vez no hay espacio para equivocaciones.

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