Chile se queda sin margen para el error

Un paciente con coronavirus es bajado de una ambulancia. Foto: Referencial.

Ahora que la pandemia se ha vuelto una amenaza real para la salud, la economía y la convivencia social, es fundamental la máxima responsabilidad de todos los estamentos.



El temido momento en que el coronavirus amenaza con desestabilizar la salud, la economía y convivencia social ya está con nosotros. Atrás quedaron las certezas de que Chile estaba preparado para cualquier eventualidad. Hoy sabemos que, como pasó en muchos países del mundo, nadie está suficientemente bien preparado para contener este virus. Y cuando las naciones se acercan al peak de la enfermedad, todo se ve superado o, en el mejor de los casos, se estresa a tal nivel que no hay margen para equivocarse, en especial cuando la autoridad de Salud ha comprometido que el país no se verá enfrentado al temido dilema de la “última cama”.

El sistema de salud presenta los síntomas claros de estar a punto de ser superado en términos de los requerimientos. Las camas críticas están al borde del colapso, llegando a un nivel de ocupación de 97% en el caso de la Región Metropolitana. Lo mismo sucede con los médicos y enfermeras, donde ya se cuentan más de dos mil profesionales de la salud que han sido contagiados. Los esfuerzos públicos y privados por aumentar la oferta de salud son muy valorables, pero hasta ahora no permiten sacar al sistema del nivel de vulnerabilidad en que se encuentra. Por eso, su uso eficaz se hace más imperativo que nunca. Hay que tener presente que la baja tasa de mortalidad que Chile ostenta hasta ahora se debe en gran medida al buen funcionamiento del sistema de salud. Por ende, intentar mantenerlo en esas condiciones en fundamental.

Pero ya sabemos que esto no solo afecta al sistema de salud, sino al sistema social como un todo. La prueba más clara es la cuarentena obligatoria en que se encuentra todo el Gran Santiago y otras comunas del país. Las cuarentenas selectivas por la que se jugó el gobierno pueden haber sido efectivas en su momento, pero nada impidió el tener que tomar la extrema medida de cerrar Santiago y muchas zonas del país por completo. Y los costos de ello son muy altos.

Una vez más, esta situación requiere acciones muy precisas, donde no hay margen de error. El escenario actual -donde Chile se ubicaba ayer en el lugar 16 del ranking de países con mayor número de contagios, con 65.393 casos- ya es muy adverso como para complicarlo todavía más. Por eso, un punto de inquietud, entre muchos otros, es el anuncio del gobierno de repartir 2,5 millones cajas de alimentos a las familias más vulnerables del país. Una medida muy necesaria, pero que aún tiene que superar muchos problemas para implementarse rápido, tanto desde el punto de vista de la producción de las cajas, hasta la logística de distribución de ellas. De los resultados de este fin de semana, donde se aplicó un plan piloto, se sabrá si el sistema pasa la prueba. De lo contrario, el gobierno debiera evaluar pasar rápidamente a un sistema de voucher o cupones de alimentos que cumple el mismo objetivo, pero de manera más eficiente.

En todo esto, hoy más que nunca resulta fundamental el acatamiento de las medidas sanitarias por parte de la ciudadanía. Sin ello, no hay plan que resulte y en estos momento de máximo riesgo es realmente incomprensible que algunos todavía intenten desafiar la cuarentena. Es en ese contexto donde la imprudente acción del vicepresidente del Senado, quien decidió viajar a Puerto Montt sin esperar el resultado de su examen de PCR, resulta especialmente irresponsable. Siendo él un profesional ligado al área de la salud, y formando parte de la Comisión de Salud del Senado, el no haber respetado una cuarentena precautoria a la espera de sus resultados envía una señal muy contradictoria al resto de la población. Si la autoridad no parte dando el ejemplo, toda la cadena se debilita; es por ello que resulta también cuestionable que el Ministerio de Salud apareciera brindando una suerte de respaldo al parlamentario -señalando que no hay evidencia de que hubiese actuado con “dolo”-, porque con ello no solo se relativiza lo sucedido, sino que se confiere una suerte de privilegio que afecta el principio de la igualdad ante la ley.

Finalmente, está la necesaria unidad política que debe existir en estos momentos. No es el tiempo para cobrar cuentas ni para sacar provechos partidistas. Lo que se requiere es que el gobierno, los alcaldes y los parlamentarios trabajen más unidos que nunca. Que sean parte de este momento donde no hay margen de error.

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