Colaboración como eje del 5G

AP Photo/Ng Han Guan

Tal como ha sido hasta ahora, la inversión y el despliegue de telecomunicaciones son posibles mediante alianzas público-privadas, pero esta vez requieren integrar con mayor convicción a un tercer actor fundamental: los centros de conocimiento, con el fin de generar investigación, desarrollo e innovación.




Mucho se ha comentado sobre cómo la tecnología ha tenido un rol clave y se ha convertido en centro neurálgico para seguir operando en contexto Covid. A pesar del confinamiento, hemos podido mantenernos operativos y eso ha sido posible en buena parte, debido al gran avance en telecomunicaciones que Chile ha logrado en los últimos diez años.

La pandemia aceleró la transformación digital del país, resultando un fuerte impulso para consolidar esta nueva era digitalizada. Sin embargo, también hemos observado cómo se han acentuado las brechas en conectividad y se ha evidenciado el gran desafío que debemos enfrentar para avanzar en inclusión digital. Es un reto para todos crecer en banda ancha fija, en fibra óptica y proyectar los significativos resultados que hemos logrado en el mundo móvil, al fijo.

Hoy nos encontramos próximos a dar el siguiente salto en materia de conectividad: la llegada del 5G, nueva generación de tecnología móvil que implicará la masificación del internet de las cosas (Iot), la inteligencia artificial (IA), así como también la automatización y progresiva incorporación de mayores niveles de tecnología en nuestras vidas, hogares y empresas, lo que nos ofrece infinitas posibilidades y a la vez nos sigue planteando grandes desafíos.

Si bien ya contamos con las capacidades y altas velocidades que nos permiten realizar prácticamente todo, 5G permitirá escalar esta transformación a nivel productivo, puesto que serán las industrias las que podrán incorporar este avance tecnológico a gran escala, dando un decidido impulso a la innovación, al desarrollo de nuevas aplicaciones y finalmente generando valor.

Con 5G las personas naturales verán algunos beneficios como la velocidad, pero el verdadero cambio lo experimentarán con el desarrollo de aplicaciones que aprovechen la menor latencia, siendo pacientes de cirugías a distancia, habitando smartcities eficientes y seguras, como conductores de automóviles monitoreados en tiempo real o, a través de videojuegos en línea, por mencionar algunos ejemplos.

Para que esto sea posible, y podamos avanzar en forma decidida hacia esta nueva generación de conectividad, la clave es la colaboración. Tal como ha sido hasta ahora, la inversión y el despliegue de telecomunicaciones son posibles mediante alianzas público-privadas, pero esta vez requieren integrar con mayor convicción a un tercer actor fundamental: los centros de conocimiento, con el fin de generar investigación, desarrollo e innovación y avanzar hacia los distintos usos y aplicaciones de esta nueva tecnología sobre los diversos sectores productivos y áreas específicas.

Esto implica implementar un modelo integrado en que tanto las empresas, el conocimiento y el mundo público se vinculan, coordinan y potencian, con el fin de acelerar el impacto y amplificar el alcance de 5G, incorporando los aprendizajes del despliegue de la infraestructura 4G, que debería permitirnos llevar adelante un proceso más expedito y fluido, que impulse a Chile dar el salto a la siguiente generación y continuar aportando a la inclusión y aceleración digital del país.

-El autor es gerente general de Claro Chile

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