Columna de Alfredo Jocelyn-Holt: Comicios



Por Alfredo Jocelyn-Holt, historiador

Es tal la habitualidad, o la creciente frecuencia de las elecciones, que parece no repararse en las funciones que éstas cumplen hoy. El término comicios remite a votaciones, también a asambleas de la Antigua Roma en que se ponderaba, decidían asuntos, y designaban cargos. De todas estas funciones, lo menos claro es qué tanto la persona del elector realmente decide hoy día, más allá de que vote.

A medio mundo se le ha pedido saber su preferencia en el plebiscito constitucional del 4 de septiembre, y vea usted lo enredadas que son algunas respuestas. La de la nueva rectora de la Universidad de Chile es de antología: “Difícil sería no aprobar”; entre que suena a oráculo sibilino, se evade, o está diciendo que aunque se quiera rechazar, no se puede, y no pregunte por qué. Hasta “los amarillos” son más claros: “Hay momentos en que dan ganas de rechazar y otros en que uno dice aprobemos”, confiesa su líder. Lo que es un académico que se define como liberal, retruca “Voy a aprobar si la nueva Constitución se saca un 4″, amparándose en el más burdo criterio de calificación: cualquiera sea la mala calidad, si al menos es mediocre, debiera pasar. Otros han anticipado su aprobación distinguiendo entre lo nefasta que ha sido la Convención y lo aceptable, el borrador (para salvar a Atria), y, por cierto, hace rato que se sostiene que el Apruebo no puede no ganar porque de hecho ya ganó el 15-N al primar “la paz”, y ¿quién no quiere la paz? (sic). Podría dar más ejemplos, pero el punto es patente. Uno se atiene a estos raciocinios y no es que se “elija” sino que se estaría por refrendar algo decidido desde la partida.

Ahora, no es raro que académicos respondan de manera bizantina. En sus instituciones así se opera. Se presentan candidatos únicos para ser decanos, parecido a cuando Ibáñez, conforme la Constitución de 1925, designó a dedo el llamado Congreso Termal (si había tantos candidatos como cargos a elegir no era necesario convocar a votar), pero aquí igual montan el espectáculo. Es más, a menudo, una vez elegidos los decanos, no pueden hacer mucho o nada (los alumnos mandan), da lo mismo quien gana elecciones. Boric lo puede explicar mejor que nadie porque, al fin, ha visto el asunto desde los dos lados de la moneda.

Más significativo, no se sabe lo que se va a votar en el plebiscito “de salida” (en realidad de entrada, porque se ingresa a un túnel sin saber qué horrores pueden suceder allí). De qué constitución además se habla si tomará 10 o más años para que cobre existencia, y ya Giorgio Jackson se cuadró con la dictadura vía los DFL. Otros argumentan que hasta aquí el proceso ha sido “destituyente”, y solo a partir del 4-S comenzará la fase propiamente constituyente. En fin, a esta farsa plebiscitaria se nos obliga respaldar con nuestro voto (cualquiera sea éste).

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