Columna de Ascanio Cavallo: Salvación en el borde

Unidad Constituyente entra tarde a la competencia, entra con una primaria menos espectacular y entra a un espacio programático muy estrecho. Pero ha entrado. En ese limitado sentido, se salvó.



Unidad Constituyente se salvó. Momentáneamente, como todo lo que habita hoy en la política global. Estuvo al borde del precipicio, o del suicidio, con una primaria cuya definición técnica -no convencional- era poca cosa frente a la improvisación, las decisiones de última hora y las dificultades materiales, incluido el invierno.

Algo de eso está implicado en su propio nombre, improvisado para formar una lista en la elección de la Convención Constitucional, pero extendido luego por una combinación de inercia y fuga desde sus nombres anteriores. Unidad Constituyente es la segunda mutación de la Concertación, o, si se prefiere, la tercera identidad de la alianza entre el mundo socialcristiano y el socialdemócrata, aunque ambas parezcan hoy malas palabras.

Se salvó, primero, porque volvió a entrar en el escenario político. Siempre ha estado, pero su potencial división en varias candidaturas presidenciales amenazaba con reducirla a una irrelevancia definitiva. Todavía está pendiente la decisión de Marco Enríquez-Ominami, pero lo cierto es que se ha hecho más difícil después de ayer.

Se salvó también Unidad Constituyente porque, aunque estuvo más cerca del piso que de los sueños, el número de votantes indica que sus militantes siguen allí, fieles a sus capillas, y los circunda una cierta cantidad de simpatizantes, notables por su resiliencia. Las cifras no son comparables con las espectaculares contiendas de la derecha y del Frente Amplio y el PC, pero siempre podrá decir que esas primarias fueron infladas por la polarización. Quizás haber participado en esas primarias y haber obtenido una votación muy baja hubiese sido mucho peor de lo que pasó ayer.

Se salvó por el triunfo de Yasna Provoste, suficientemente holgado para no admitir discusión y a la vez bastante discreto en los números globales como para dar espacio sin humillación al Partido Socialista, al PPD, al PR y al segmento del Frente Amplio que se unió a ellos. Provoste queda impecablemente revestida de legitimidad, algo que no podía darse por cierto hasta la elección de ayer. Y restituye, con la fragilidad que se quiera, la presencia de la DC, aunque será la candidatura con más baja representación en la Convención Constitucional, donde tiene un solo militante.

Y se salvó, al fin, porque adquiere un papel en las presidenciales de noviembre. La irrupción de Provoste vuelve a modificar el cuadro político. Parece probable que Gabriel Boric se sienta empujado a reforzar la identidad de izquierda de su candidatura, dando un nuevo giro a lo que ha sido su estrategia hasta ahora. Algo similar puede ocurrirle a Sichel hacia la derecha. Serían tentaciones comprensibles en una campaña extremadamente corta, donde hay demasiado poco tiempo para ensayo y error.

La primaria de Unidad Constituyente repone la disputa por los grupos moderados, que parecían haber sido desplazados por la elección constitucional (aunque no por las otras). La primera tarea de Provoste será contener la fuga de votos del “centro y la izquierda”, como dijo Paula Narváez, por los dos flancos. La cuestión del “centro y la izquierda” versus la “centroizquierda” tiene alcances ideológicos e históricos muy amplios, y una cierta coincidencia (¿o relación?) con el instante intelectual en que la ex Concertación empezó a dispersar la fuerza gravitacional que por más de dos décadas la sostuvo en la mayoría. Pero esa es otra historia.

La segunda tarea de Provoste tendría que ser la de recuperar a los electores que ya pueden haber migrado hacia Boric o Sichel a partir del cuadro bastante más radicalizado de julio pasado. Aunque todavía no es posible un análisis detallado de los votos de esas primarias, es razonable suponer que hubo allí una participación agregada que se derivaba precisamente de las polaridades que se presentaban en ellas. Un cierto volumen de esos votos podría regresar hacia lo que hoy se parece más a un centro político en el nuevo esquema del país.

Visto en retrospectiva, el proceso político parece estar atravesando por un período de ajuste respecto de lo que se configuró en mayo. El primer momento fue el de las primarias legales, donde el triunfo de Boric y Sichel ya activó un efecto de despolarización, dejando fuera a los candidatos de posiciones o trayectorias más radicales. El segundo es el que ocurrió ayer.

Por cierto, esto no ha conjurado del todo el peligro más relevante para la coalición, que es el de no pasar a la segunda vuelta en las presidenciales. La modalidad electoral chilena permite que esto no afecte a los parlamentarios, cuyas elecciones no dependen de resolver esa incógnita, pero sí dependen de tener una candidatura presidencial. La lucha por la distribución de las candidaturas al Congreso comenzó oficialmente anoche y tendrá que resolverse en el tiempo récord de 48 horas.

Unidad Constituyente entra tarde a la competencia, entra con una primaria menos espectacular y entra a un espacio programático muy estrecho. Pero ha entrado.

En ese limitado sentido, se salvó.

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