Columna de Carlos Correa: El cambio municipal en la derecha



A primera vista pareciera que, como otras veces, los problemas en el gobierno tienen un reflejo en las elecciones municipales. Así, desde hace un tiempo han actuado como predictor del cambio de signo, y las crisis en La Moneda se reflejan en las elecciones. La comuna de Santiago es el mejor símbolo de ello, que actúa como un buen termómetro de la situación político en Chile. El alcalde Alessandri se suma a la larga lista de los ediles que pagan costos por los problemas del Ejecutivo y los resultados obtenidos por la candidata Hassler son un buen reflejo del giro hacia la izquierda que está realizando el país.

Hasta hace poco se consideraba que la municipalidad era un buen trampolín para palabras mayores, y así los alcaldes Lavín y Jadue encabezaron las preferencias presidenciales por un largo tiempo. El estallido social cambió las cosas y muchos de los nuevos alcaldes son nombres desconocidos por la opinión pública, surgidos en muchos casos de movimientos vecinales. Donde hay que poner la lupa es en los lugares donde la derecha logró detener el descalabro.

Así, en comunas de clase media, en un estilo distinto al que suele tener la derecha, Rodolfo Carter obtuvo un gran resultado en la Florida y Germán Codina, en Puente Alto. En ambas comunas los alcaldes mantuvieron una posición crítica al manejo oficialista de la pandemia, centraron sus esfuerzos en las ayudas directas mientras el Ejecutivo daba vueltas, y tuvieron un rol clave en los primeros plebiscitos sobre el estallido, y por cierto, estuvieron por el Apruebo. Ninguneados ambos por la derecha más tradicional por su estilo popular y cercano, se convierten ahora en las verdaderas esperanzas de recambio cultural en el oficialismo.

El gran problema de la derecha en Chile es que, a diferencia de otras latitudes, está más centrada en defender privilegios que defender libertades. Se preocupa más de los grandes intereses que de las personas. Parece más preocupada de sus donantes que de sus votantes, como si en Chile no hubiese ocurrido nada. Un ejemplo de su opción por los privilegios fueron las defensas corporativas de la alcaldesa de Viña, acusada de grandes irregularidades, o en el caso de Maipú, donde el estilo ridículo color rosado de la alcaldesa generó solo silencios, mientras la municipalidad tenía serios problemas de gestión y su empresa de agua potable se convertía en la de peor servicio en Chile.

El gobierno había calculado que la elección de alcaldes podía ser un salvavidas, pues la división opositora le iba a permitir conservar alcaldías claves. Pero la minoría es tan aplastante, que incluso en escenarios de disputa entre las dos izquierdas, la derecha terminó perdiendo. Si se sigue pensando que el espacio municipal es una buena plataforma para otras lides, por su cercanía a las personas, la derecha tendrá que cambiar. No puede tener un modelo chabacano como el de Barriga, pero tampoco autoritario como el de Alessandri. Un término medio, de eficiencia, libertad y cuidado de la vida de las personas, con un énfasis social distinto, como el de los alcaldes Carter y Codina, parece ser el camino. Y, por cierto, un modelo de todo lo que tiene que cambiar la derecha en Chile si quiere seguir siendo una fuerza influyente en los destinos del país.

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