Columna de César Barros: Qué pesada salió la guitarra



Por César Barros, economista

Cuando las empresas se ven complicadas financieramente, están enfrentadas a un período muy complejo, tratando de renegociar (“en buena” primero, “en mala” si es necesario) los contratos anteriores con clientes, acreedores, y colaboradores. Y nunca es fácil, porque esos contratos anteriores se hicieron de buena fe, aunque bajo otras circunstancias, y a veces con otros personajes al frente. Y las contrapartes tienen visiones divergentes sobre el pasado, sobre el futuro de la empresa y sobre el mercado. Y a nadie le gusta cambiar derechos ya adquiridos, que creen permanentes.

En política también se renegocia, y eso es palpable en los nuevos equipos de este gobierno enfrentados al Parlamento, la oposición, el Poder Judicial y hasta las FF.AA.

A Chile le tocó elegir entre dos programas de corte maximalista: Boric (FA/PC) y JAK (derecha conservadora). Y si bien ninguno pensó inicialmente llegar a la meta, al caerse Jadue (miedo nacional al PC), Provoste (por no apelar al centro) y Sichel (inexperiencia pura y dura), quienes inicialmente solo pretendían hacer un punto político algo más extremo, se vieron de repente obligados a competir por el centro político sin mucha convicción: fueron las segundas versiones de Boric y JAK caricaturas de sus personajes en las primarias. En la definitoria, convenció más Boric. Y al ser elegido debió, casi de inmediato, renegociar lo prometido en sus dos versiones. Eso, aparte de olvidarse de sus sueños universitarios, y de su imagen de joven revolucionario, formada con tanta dedicación, en una década de actuaciones ininterrumpidas.

Y ahora, como gobierno, debe volver sobre sus pasos, olvidar las frases dichas, muchas de las promesas hechas y enfrentar la dura realidad de ese Chile que le llegó de repente, como al capitán Willard en Apocalipsis Ahora: “pedí una misión, y por mis pecados me dieron una”.

La guitarra que recibió Gabriel Boric era muy pesada, le faltaban cuerdas y estaba desafinada. El resto de la orquesta eran puros novatos (basta ver a la pobre “primus inter pares”). Y donde quería diálogo recibió balas, donde esperaba comprensión, encontró dureza, y donde creía tener compañerismo y complicidad, recibió caras agrias.

Pero como tiene que gobernar sí o sí, debe entendérselas con los viejos de “la cocina”, con los empresarios y hasta con las FF.AA. Y lo peor: con muchas de sus propias huestes, que se quedaron pegadas en la versión de Boric dirigente estudiantil y novel diputado.

Sin embargo, yo tengo confianza en que sabrá gobernar: es inteligente y perceptivo el hombre.

Pero le falta enfrentar la renegociación mayor de su periodo: que es modificar la nueva (o la antigua) Constitución. Gane el Apruebo o gane el Rechazo (ambos por poco, sin duda), el país deberá cambiarlas: si hay Rechazo, modificando la Constitución de Lagos, o si gana -por poco- el Apruebo, la de los casi 500 artículos. ¿Qué hará Boric? ¿Le encomendará la tarea al nuevo Parlamento? ¿Formará un grupo de expertos? ¿Llamará a la ONU? Nadie lo sabe, porque no hay plan B, ni C, ni D.

Y esta complicada renegociación la debe encabezar Gabriel Boric, nadie más podría. No podrá eludirla, y de esa tarea puede salir para la historia como una figura muy grande o una muy pequeña. Menuda tarea don Gabriel.

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