Columna de Gonzalo Valdés: No minimicemos el diseño constitucional

túnez



Por Gonzalo Valdés, subdirector, Instituto UNAB de Políticas Públicas.

Después de un intenso mes de protestas el gobierno se doblegó. El presidente -fuertemente ligado a grupos empresariales- renunció y escapó del país. Le siguió un gobierno de unidad nacional, que llamó inmediatamente a elecciones. En seguida se eligió una Asamblea Constituyente, que ganó el Nobel de la Paz por “su contribución decisiva en la construcción de una democracia pluralista”. No, no es una historia alternativa de Chile: es la de Túnez y su Carta Fundamental de 2014. Hoy esa Constitución está muerta.

La revolución de 2011 democratizó el país. Recién el 2014 empezó a regir una nueva Constitución que instaló nuevas libertades civiles y representación femenina en el Congreso. Lamentablemente, la Constitución de 2014 también instaló un sistema de gobierno caótico e ineficiente, y la economía nunca se recuperó.

El sistema de gobierno tunecino 2014 es semi-presidencial con un Congreso proporcional unicameral. En éste, el presidente (que comanda al ejército) pide al partido más grande que forme una coalición de mayoría, puede disolver al parlamento llamando a elecciones. El Primer ministro gobierna.

El diseño fue un fracaso. En la primera ronda de la elección presidencial de 2019 participaron 25 candidatos. Los que pasaron a segunda ronda lograron 18 y 15%. El actual presidente, Kais Saied, fue electo en segunda ronda con un 72% de los votos y -aunque es apoyado por el partido más grande- es independiente. En las elecciones parlamentarias más de 20 partidos consiguieron representación y el partido más votado logró solo 25% de los escaños. Ante esta hiperfragmentación se formó un gobierno en base a una coalición de 5 partidos y varios independientes, que duró sólo unos meses.

Entre escándalos de corrupción, protestas y caos político el reciente electo Saied disolvió el parlamento y días después anunció que gobernaría por decreto mientras no hubiera elecciones. Después llamó a un Plebiscito por una nueva Constitución. El proceso constituyente -que fue boicoteado por los partidos- culminó el 25 de julio reciente con un 95% de apoyo, sólo un 30% de participación y fuertes críticas sobre su transparencia. Los votos a favor de la nueva Constitución son similares a los ganados por Saied en la segunda ronda presidencial.

La nueva Constitución tunecina de 2022 instala un gobierno presidencial con un sistema bicameral. Organismos internacionales han criticado que la Corte Suprema no tendrá suficiente independencia y que el presidente tendrá poderes excesivos en temas de orden público.

La experiencia de Túnez nos enseña que no basta con que un proceso constitucional haya sido inclusivo y generoso en derechos para sostener la democracia. Los gobiernos deben ser eficaces.

Lamentablemente el proyecto constitucional chileno peca del mismo error que la premiada Constitución tunecina de 2014. El sistema de gobierno propuesto es caótico: el Congreso puede ser unicameral, bicameral o tricameral (consulta indígena) dependiendo del tema, los diputados pueden presionar al presidente en proyectos que requieren gasto público, el presidente adquiere nuevas formas de legislar, desaparecen herramientas para controlar el orden público, se superponen sistemas de justicia y atribuciones de autoridades, y nada hace pensar que se ponga remedio a la hiperfragmentación actual del Congreso.

La democracia no vive sólo de formas; un buen diseño Constitucional -y especialmente del sistema de gobierno- es un requisito básico.

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