Columna de Héctor Soto: Cine Alternativo: dos películas notables

Sería bueno que el cine chileno atinara. En vez de ir a estudiar tanto a Europa, a Cuba o Estados Unidos, ¿por qué no mejor Palestina o Teherán? Podría ser más barato. Y por lo visto allá hay más cuento.



Debe ser por la misma razón por la cual las flores se dan mejor y más firmes a campo abierto que en invernadero. El asunto es que de lugares tan complicados como Palestina o Irán han estado saliendo en los últimos años mejores películas que de Europa o Hollywood. Es cosa de comprobarlo en Invitación de bodas, que se está exhibiendo presencialmente en Cinemark, o en La decisión, que se puede ver on-line en la plataforma Cining de la misma cadena.

Invitación de boda es una cinta encantadora y entrañable. Padre e hijo reparten las invitaciones al matrimonio de la hija y hermana. La familia es de Nazareth, el padre es profesor y el hijo se fue a vivir a Roma, en parte porque se sentía asfixiado con la vida pueblerina. Eso es todo. Los dos echan todo el día repartiendo partes, que deben entregarse personalmente, y la película es el recuento de esas visitas cortas, cálidas, comedidas, formales, en casas que son muy distintas y entre afectos insistentes. Por debajo corren las heridas de una familia que se rompió (la madre se fue hace años a Estados Unidos), las disyuntivas políticas ante una ciudad ocupada por los israelíes (cosa que el padre tolera y el hijo no) y el conflicto generacional expresado en la mirada del padre, que se quedó, y del hijo, que se fue. Es notable porque lo que sale de ahí, bajo la dirección de una mujer, Annemarie Jacir, es una gran película: reveladora del lugar y su gente, ecuánime en sus perspectivas, entretenida y capaz de enganchar emocionalmente a su audiencia con gran efectividad y con muy poco.

La decisión

La decisión no tiene nada de entrañable porque en realidad es una gran tragedia. Un médico tiene un accidente menor en su auto con una moto en la que viaja una familia. Aunque el incidente es poca cosa, a los dos días el protagonista, que es un médico forense, advierte que llega a la morgue el cadáver del niño que estuvo involucrado en el accidente. ¿Murió a raíz de eso o por otra causa? Al comienzo el médico no dice nada. Después el sentimiento de culpa lo hace volver sobre sus pasos. Pero ya es tarde porque el drama se ha salido de control y, además una familia que se está rompiendo, hay un hombre que está preso y un tercero que está grave. Las implicaciones morales del caso son feroces y esta cinta se hace cargo de ellas con un rigor que a veces incluso es despiadado. De nuevo, gran película. Es el segundo largometraje de Vahid Jalilvand. En términos de tensión, no da tregua en su desarrollo, somete al público a una revelación tras otra, cada cual más golpeadora que la anterior. Bravo.

Ni Invitación de boda ni La decisión son películas caras. Ninguna de ellas requiere efectos especiales, aunque sí buenos actores. Las dos eso sí están hechas con gran devoción por los detalles. La palestina con un guion muy laxo, la otra con uno a prueba de balas. Son ambiciosas ambas, pero en lo chico, no porque quieran arreglar el mundo o dar cuenta de la conciencia artística abultada de un cineasta pretensioso.

Ojo, las dos son para aprender cine. Sería bueno que el cine chileno atinara. En vez de ir a estudiar tanto a Europa, a Cuba o Estados Unidos, ¿por qué no mejor Palestina o Teherán? Podría ser más barato. Y por lo visto allá hay más cuento.

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