Columna de Karen Manzano: Chile y Bolivia: fallo sobre el Silala



Tras el largo proceso que significó la demanda ante la Corte Internacional de Justicia, esta ha definido el resultado el 01 de diciembre de 2022. Pero, ¿cuáles son los alcances de una decisión cómo está? Sin duda, llamó la atención que la Corte estableciera que se quedaba sin objeto de litigio en varias partes de la lectura del resultado, es decir, sin el elemento de discusión que había sido llevado ante ellos para que emitieran un fallo como tal, como estaba contemplado originalmente.

Cuando Chile asistió a la Corte Internacional de Justicia de la Haya en el año 2016, este caso se encontraba en un momento álgido, debido a que el gobierno de Evo Morales había insistido que el Silala no era un río, era un manantial que solamente les pertenecía a los bolivianos y que Chile había desviado las aguas de manera artificial hacia su territorio, por lo que demandaría al gobierno chileno en instancias internacionales por este hecho, incluso reclamando alguna indemnización. Debido a ello, Chile acudió a la Corte para obtener la certeza jurídica de que las aguas del Silala correspondían a un curso internacional, es decir, recursos hídricos que compartían ambos países y cuyo uso debía ser equitativo entre las partes, como lo entendía nuestro país desde hacía décadas, e incluso con el conocimiento del gobierno boliviano, que lo había catalogado como río en la década de los noventa, pero que luego cambió radicalmente su postura inclinándose por un manantial propio y exclusivo de su territorio. Desde entonces, el proceso pasó por las correspondientes fases, pero con un importante antecedente: en 2020 se conoció que Bolivia había aceptado que el Silala era un río internacional, es decir, reconoció que la demanda chilena en ese punto se encontraba en lo correcto, allanando el resultado en la Corte hacia un resultado positivo para Chile.

Por ello, cuando la Corte emitió su fallo debió mencionar que se quedaba sin objeto, pues las acciones de las partes habían transformado las posiciones iniciales; especialmente en el caso boliviano, que aceptó la tesis de su contraparte chilena con respecto a este curso de agua, definiéndolo como un río y no como manantial, que cruzaba naturalmente hacia Chile y que esto no ocurría por intervención.

Sin duda, un punto a destacar es que la Corte insistió en que estamos hablando de recursos hídricos compartidos, en donde las partes poseen derechos y deberes con esas aguas, tanto en su uso como en el cuidado medioambiental para evitar daños que terminen afectando al otro. Esta idea de “rio arriba – río abajo” ya viene siendo desarrollada por Chile desde hace años atrás, precisamente con Argentina, con quienes compartimos una gran cantidad de cuencas binacionales, ya sean ríos y lagos, especialmente en la zona sur austral de la frontera y donde la cooperación entre ambos gobiernos ha sido crucial en la buena relación entre las partes. Por ello, este resultado nos indica que surge la posibilidad de un período de cooperación entre ambos Estados, para trabajar sobre estas aguas que naturalmente cruzan de un lado a otro de la frontera, y donde el cuidado ambiental debe ser primordial al momento de realizar cualquier actividad económica en ellas. Esto dependerá, obviamente, de que los gobiernos se encuentren dispuestos a conversar dichas situaciones en pos de mantener una buena relación y proteger las aguas de cursos que, como el Silala, se encuentran en la categoría de río internacional.

Por Karen Manzano, investigadora y académica del Instituto de Historia Universidad San Sebastián

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Fue encontrada tallada en la pared de un foso de 10 metros de ancho en la Ciudad Vieja de Jerusalén.