Columna de Paula Escobar: Ganar por secretaría

César Monsalves, militante del Partido Regionalista Independiente (PRI), único candidato a alcalde de Renca



Correrá solo y -a diferencia de Pinochet- no saldrá segundo, como pasó en el plebiscito de 1988. César Monsalve, militante del Partido Regionalista Independiente (PRI), será el único candidato a alcalde de Renca y tiene el triunfo garantizado si la situación no se revierte a la brevedad. Un triunfo que jamás habría obtenido si no hubiera sacado de carrera “por secretaría” al alcalde incumbente, Claudio Castro.

Argumentando que el alcalde debió renunciar un día antes a su militancia en la DC, y tras un largo proceso con fallos y apelaciones, el Tribunal Calificador de Elecciones (Tricel) lo inhabilitó de participar en la elección, privando en la práctica a los renquinos a ejercer su derecho a elegir. Los dejará con un alcalde de facto, “designado”, que no habrá ganado los votos (ha postulado antes ocho veces, sin éxito). Tan grave como eso es la denuncia por violencia intrafamiliar que su esposa presentó en su contra el pasado 25 de enero.

En un momento -y un año- en que se juega el destino de Chile por las siguientes décadas, es indignante que se deje fuera así a uno de los alcaldes jóvenes más valiosos y sólidos que ha conocido la política chilena pre -y, especialmente, pos estallido social-. Posee un liderazgo sin estridencias, firme y dialogante, que entiende la profundidad de las transformaciones que deben hacerse, no solo en Renca, sino en un Chile profundamente desigual, “con un Estado que trata distinto a sus ciudadanos dependiendo de dónde vienen”.

Su comuna vivió el 18/O intensamente. Hubo protestas pacíficas, pero también saqueos, personas calcinadas en una fábrica, decenas de heridos por perdigones, incluidos menores de edad, chaquetas amarillas defendiendo lo suyo... Y ahí estuvo siempre, al pie del cañón. Combinando la gestión en terreno con una reflexión de fondo -con sus vecinos- acerca de las causas del estallido y sus vías de salida.

El estallido también gatilló su renuncia a su partido, la DC, el 26 de octubre de 2019, cumpliendo el plazo informado por el Servel para poder competir a la reelección como independiente, según la ley “antidíscolos” (nueve meses de independencia previa a la inscripción de candidaturas).

En una carta dirigida a los renquinos explicó por qué prefería seguir su camino como independiente: “Mi intención es trabajar por la más amplia unidad de la oposición, en base a un proyecto democrático, institucional y transformador”.

Luego llegó el Covid. Por razones sanitarias, el Congreso postergó la fecha de las elecciones al 11 de abril del 2021. Para esto, introdujo modificaciones transitorias en la Constitución que establecen que quienes aspiren a ser candidatos independientes deben serlo “entre el 26 de octubre de 2019 y el día de inscripción de candidaturas”.

Cuando el 11 de enero de 2021 inscribió la candidatura, ya llevaba más de un año y dos meses fuera de la DC.

Y ahí empieza esta especie de opereta.

El 23 de enero de este año, el Servel rechaza la candidatura, diciendo que había sido fuera de plazo, pues el 26 no era independiente. Castro apeló al Tribunal Electoral Regional (TER). El Servel revierte y reconoce, entonces, que cometió una “omisión administrativa”, pues “el candidato Claudio Castro sí era independiente desde el 26 de octubre” y le pide al TER que revierta la decisión original. En fallo unánime, este acepta y le ordena al Servel reponer la candidatura.

Pero ahí el PRI -y su candidato- muestran la madera de la que están hechos. El PRI apela al Tricel diciendo que con el cambio de fecha decidido en el Congreso, la renuncia debió haber sido realizada 24 horas antes. Finalmente, el Tricel -en fallo dividido- decidió a favor del PRI y Castro hoy está fuera de la papeleta.

Varias instituciones debieran salir al pizarrón a raíz de este caso. Para partir, el Tricel y el Servel, por sus fallos contradictorios, y especialmente por imponer condiciones nuevas de modo retroactivo, lo cual solo ensombrece el proceso electoral. Bastante responsabilidad les cabría, también, a los presidentes de partidos políticos que acordaron el cambio de fecha, pues no repararon -¿no quisieron reparar?- que estaban alterando los plazos para los que postularían como independientes, como es el caso de Castro. Esto levanta obvias suspicacias sobre si fue casual o no, lo que, de nuevo, resta credibilidad al proceso electoral. Y, por cierto, está la responsabilidad que debe asumir el PRI y su coalición desde 2015, Chile Vamos: algo tendrán que decir respecto de emplear estos métodos para ganar y lo que revela este episodio respecto de sus convicciones democráticas.

Si la situación no se revierte, esta será -de cualquier modo- una victoria pírrica.

Monsalve quedará instalado en el sillón edilicio gracias a una triquiñuela, una pillería, por “ventanilla”. Es un daño no solo contra el alcalde Castro y los habitantes de Renca, sino contra la credibilidad y la legitimidad democráticas.

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