Columna de Sergio Solís: Un viaje en tren desde estación Indultos hasta estación Isapres



Recuerdo una conversación, hace muchos años atrás, con mi abuela. Se originó por una aseveración. Dije en voz alta: “Hay personas que parecen atraer todo tipo de problemas y dificultades”.

Para mi desgracia, ella escuchó esto y prontamente estaba interrogándome. “Querido nieto: ¿De verdad crees eso?, ¿tú piensas que es un tema de que existen personas a las que los problemas los persiguen, algo así como señaladas por un destino de mala fortuna que les va acumulando ‘cuentas por pagar’?”.

“Sí abuela, eso creo”, contesté con prontitud. El paso de los años ha ido borrando de mi memoria lo que mi abuela me dijo en esa oportunidad. Algo recuerdo, pero no me atrevo a citarlo sin el riesgo de ser impreciso. Debo contarles que, según mis amigos hípicos, las bisabuelas maternas son determinantes en la genética de las bisnietas.... Siempre lo recuerdo cuando converso con mi hija mayor.

Hoy, mi hijita y yo nos juntamos a compartir un café y conversamos sobre la actualidad nacional. “Fíjate lo que le está pasando a nuestros gobernantes”, le dije. “Llevan casi tres semanas llenos de problemas complejos y pareciera ser que cada día empeoran”. Y luego agregué: “Creo que hay personas con mala suerte a las que los problemas las persiguen”.

Ella, mi hija, me miró con la misma cara con que me miraba mi abuela, y me preguntó: “¿Te refieres al tema de los indultos?, ¿A eso de que el juicio a Mateluna fue injusto y que los jóvenes indultados no son delincuentes?”. Y antes que pudiese contestar siguió: “¿O te refieres a esa frase de que: ‘Si el Presidente hubiese tenido todos los antecedentes’... ¿o tal vez a eso de que por ‘desprolijidades’ se van una ministra y el jefe de gabinete?”.

Yo me preparaba a contestar (siempre cuidando mis palabras para no ser mal interpretado); pero no alcancé a decir nada y ella siguió: “¿O quizás piensas en el infortunio del ministro aquel que al ser interrogado sobre algunos aspectos básicos del tren Santiago a Valparaíso parecía no tener antecedente relevante alguno?”.

Y, sin piedad, continuó. “Tal vez tú te refieres al asunto del fallo de la Suprema y a la posibilidad de que nuestro sistema de salud colapse en los próximos meses”.

Estaba seguro que ella esperaba mi pronta respuesta y cometí el error de no guardar silencio. “Sí -le dije-, es impresionante la mala suerte de nuestros gobernantes. Pareciera ser que la fortuna se ha alejado de ellos”. Guardó silencio unos segundos y luego, al igual como lo hacía mi abuela (y también mi psicólogo), me dijo: “¿Y no has considerado que tal vez las cosas no son como las has pensado y no se trata de ‘mala suerte’? Yo creo que no se puede obviar la posibilidad de que sea falta de oficio; una mezcla de poca experiencia, impericia, falta de preparación, descriterio...”. Y luego sonrió -al igual como lo hacía mi abuela- y con cara de hija buena agregó: “aunque no podemos descartar que se trate solo de ‘mala suerte’”.

Por Sergio Solís, secretario general de Amarillos por Chile

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