¿Cómo colapsan los establishments?



Por Carlos Meléndez, académico UDP y COES

No todos los establishments políticos caen de igual manera. El chileno fue herido mortalmente en las movilizaciones del 2019. Una fase superior de un proceso de movilización social que tuvo a la politización de la desigualdad como el principal transeúnte de La Alameda de los últimos quince años. Hoy vemos los estertores de ese duopolio moribundo, con pulsiones de 9% de aprobación presidencial.

Pero hay otros establishments que colapsan a través de elecciones, vía outsiders anti-sistema. Perú está viviendo su propio estallido, pero en las urnas. Pedro Castillo asoma como favorito en el balotaje. Su fortaleza radica en haber sintonizado (¿circunstancialmente?) con esa ira contenida e indignación de la mayoría de peruanos respecto al statu quo que, en una sociedad informalizada y con débil tejido social, no se expresa en movilización, pero sí en votos.

Los establishments de Chile y de Perú se fundamentan en un modelo de desarrollo económico erigido sobre los pilares de las reformas de ajuste de fines del siglo pasado. Si bien estos esquemas fueron importantes para resolver crisis previas, en los últimos años han acumulado malestar social. Chilenos y peruanos le fueron perdiendo la fe a los esquemas que les gobiernan y, por lo tanto, a sus respectivos gobernantes. Esta incredulidad tiene razones objetivas, pero es, asimismo, subjetiva. Y es en el hiato entre las expectativas y los recursos que se funda el encono, la rabia, el “que se vayan todos”.

Según la teoría prospectiva, los individuos que se perciben en el campo de las ganancias, tienden a preferir el statu quo; mientras que quienes se ubican en el campo de las pérdidas, buscan un cambio radical. Los “ganadores” son adversos al riesgo; mientras que los “perdedores”, sienten que no tienen nada que perder. En términos políticos, los primeros resisten la continuidad del establishment, mientras que los segundos apuestan por el colapso del mismo, aún incluso con resultado incierto.

Ante la pregunta: “Pensando en el desarrollo económico en Chile/Perú actual, ¿Usted se siente ganador o perdedor?”, en Chile, los “ganadores” cayeron del 43,2% en 2015 al 29,7% en el 2020; mientras que los “perdedores” aumentaron del 42,7% al 48,3% (UDP). En Perú, los “ganadores” son un 32% y los “perdedores”, un 55% (Ipsos para 50+1). Cuando quienes se perciben como perdedores del desarrollo económico son mayoría (independientemente de sus niveles de ingreso), la clase política que sostiene ese “desarrollo” pierde legitimidad. Es así que, ya sea a través de la protesta o de las urnas, los perdedores se cobran la revancha y hacen desplomar las estanterías. Actualmente, en Chile, los “perdedores” buscan escribir una nueva Constitución; en Perú, han encontrado -por ahora- en Castillo a su remake de Fujimori de 1990. Aunque esta vez, no solo “desconocido” para las mayorías, sino también radical, tanto en las formas como en el fondo.

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