Cómo evitar la segunda ola mientras llega la vacuna

El gran riesgo que enfrenta nuestro país es que en esta fase la población se relaje en el cumplimiento de las medidas sanitarias y vea menos riesgo en el virus.



En lo que puede considerarse un hito en la historia de la medicina, la empresa Pfizer acaba de presentar a las autoridades de Estados Unidos y Europa la solicitud de aprobación de urgencia para el uso de su vacuna contra el coronavirus. Nunca un antídoto de este tipo se había desarrollado en un tiempo tan corto -menos de un año- y con una efectividad tan alta en sus pruebas. Y si bien se trata de la primera, hay al menos otras 10 vacunas en la última etapa de pruebas. De allí que en las próximas semanas debiera haber novedades, lo que sin duda abre una luz de esperanza al final del túnel de la penosa lucha contra una pandemia cuyos costos son todavía incalculables.

Es cierto que todavía hay múltiples interrogantes respecto a la eficacia final de las vacunas, sus problemas de producción y distribución. Pero es indudable que la parte más difícil, que fue desarrollarla, está cumplida. Todo lo demás son problemas que caen en la logística, algunos de los cuales están más solucionados de lo que se cree. Por ejemplo, Pfizer también anunció que tiene disponible la tecnología para el transporte y almacenamiento que requiere su vacuna (-70 grados bajo cero), algo que muchos veían como un problema mayor. En esto, lo correcto parece ser apostar a la enorme capacidad de innovación y desarrollo tecnológico que han demostrado en general las empresas y organizaciones frente al Covid-19.

A pesar de ello, es indudable que hay un problema de tiempo que no se puede obviar. La preocupante segunda ola de contagios que está viviendo Europa y Estados Unidos habla de que las necesidades son urgentes. Y si bien se estima que las primeras dosis de vacunas estarán disponibles a fines de este año -50 millones en el caso de Pfizer-, escalar la producción a los requerimientos mundiales tomará tiempo. Menos del que se piensa -se habla del segundo trimestre del 2021-, pero más del que quisiéramos. La pregunta entonces es cómo manejar este lapso que queda sin vacuna. En el caso de países como Chile, es una pregunta muy relevante, ya que lo que está en juego es si se podrá evitar una segunda ola de contagios, algo que fue imposible en el hemisferio norte.

En esto, tenemos una ventaja; nuestro país se preparó bien para el acceso temprano a las vacunas, lo que constituye un acierto por parte del gobierno, que supo ser previsor en esta materia. En ese sentido, existe un precontrato por 10 millones de dosis con Pfizer, las cuales debieran comenzar a llegar a partir de enero. Como esa, hay otras negociaciones que permitirían llegar a 40 millones de dosis, suficientes para cubrir a la población, tomando en cuenta que hay varias que requieren dos dosis para lograr la inmunidad. Esta estrategia fue destacada esta semana en un informe de Capital Economics, donde se señala que Chile es el único país de América Latina con una posibilidad razonable de contar con una vacuna generalizada en 2021.

Pese a ello, la pregunta de cómo evitar la segunda ola mientras llega la vacuna sigue abierta. Si se toma la experiencia internacional, lo que haga el país en los próximos meses será crítico, especialmente en el verano, donde la gente está menos propensa a cumplir con las medidas básicas de prevención. A esto se suma el cansancio a las restricciones -algo sobre lo cual ya ha advertido la propia OMS-, y la idea que ocurre en los países que están al final del primer ciclo de contagio, en el sentido de que la fase más crítica se da por superada, sensación que podría acrecentarse ante la certeza de contar con una vacuna en el corto tiempo.

Por ello, de alguna manera el problema de Chile parecer ser frenar el optimismo ante el coronavirus e insistir en las tres claves: uso de mascarilla, distancia social y espacios ventilados. Esto es fundamental, porque más del 70% de los actuales casos de contagio se están produciendo al interior de los hogares, en reuniones sociales de todo tipo, lo que es un claro signo de que la población se está relajando en el autocuidado. Revertir esta tendencia y pedir un último esfuerzo a la ciudadanía es necesario.

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