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SEÑOR DIRECTOR

Como sociedad todos fallamos en detectar las alertas del malestar social, lo que sinceremos -a no mediar una cuota de violencia- no lo habríamos percibido.

Nos acostumbramos a que golpear a un policía, faltarle el respeto a rectores, profesores y autoridades, y marchas que terminaban en violencia sin responsables derivó en que antisistemas, con sus destrucciones, le robaron la legitimidad a millones que marcharon. Actos de corrupción de civiles y uniformados, y la errática conducción inicial del gobierno, fueron, entre otros, más leños al fuego.

Basta de lugares comunes sobre modernizar a nuestras policías.

Para que el estado de derecho sea plenamente aplicable, se le debe proveer a las policías de todos los instrumentos y procedimientos y eso incluye hacer uso legítimo de la fuerza cuando sea necesario, regulado, controlable, pero violento al fin. En los países civilizados, las policías siempre cuentan con un instrumento superior para disuadir o repeler al agresor.

En estos escenarios emplear a los militares es aceptar el fracaso de la política y personalmente creo que no es razonable profundizar las heridas que aún tenemos los chilenos del siglo XX.

Un mínimo sentido republicano -ante momentos estelares como éste - convoca a la gran política y confió que emergerán los líderes que requerimos alejados de los populismos.

Debemos apoyar al Presidente y a las instituciones, ya que es la democracia la que está en juego y quienes insistan en llevar agua para su molino, les sugiero que recuerden que la orquesta del Titanic también naufragó. ¿Será mucho pedir que todos cuidemos el buque del país?

Soy optimista, es tiempo de asumir los cambios pero también de reflexionar.

Eduardo Aldunate Herman

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