Confusión



Por Gonzalo Cordero, abogado

Al estado mental en que se afecta la capacidad de discernir y hay un desorden en la percepción de las cosas y los hechos, se le llama confusión. Las personas confundidas no deben tomar decisiones, pues la alteración subjetiva de la realidad impide distinguir adecuadamente los datos de las opiniones, las causas de los efectos, los objetivos de los medios para alcanzarlos, incluso los puntos de referencia se difuminan y alguien puede llegar a creer que la derecha está a la izquierda y viceversa.

Hay gente que vive confundida, esto es habitual en la política chilena; por ejemplo, los dirigentes de un partido de inspiración conservadora y de centro han promovido el laicismo de izquierda. Con todo, es imposible dejar de reconocer que en materia de confusión son los partidos de derecha los que llevan la delantera y la han llevado siempre; no ha habido propuesta socialista de cambio estructural dirigida a debilitar, material o simbólicamente, las bases de un estado de derecho y la libertad individual que no haya contado con sus votos. Así fue con la reforma agraria, con la nacionalización del cobre y ahora con el retiro de los ahorros previsionales.

Cualquiera que supere la confusión se percata que la estabilidad de la sociedad subsistente hasta la primera mitad del siglo pasado se fundaba en la relación cuasi simbiótica entre el latifundista y el inquilino, la lucha de clases se instalaba ahí o no se instalaba. Luego de logrado aquello, no había manera de transitar al paraíso de Marx mientras la gran minería del cobre estuviera en manos privadas; la orden del día fue, entonces, devolverle al “pueblo lo que es del pueblo”, para decirlo tomando el verso de Piero.

Ahora, el capitalismo que nos estaba llevando al desarrollo se sostenía en buena medida en el ahorro previsional en cuentas individuales, seguro, rentable, alejado de promesas electorales y, lo que es “peor”, alimentando un individualismo intolerable para quienes prometen esa sociedad colectivista, pobre y sin libertad, pero “justa”.

El misil ha sido certero: lo apuntó la extrema izquierda, lo cargó la moderada -salvo Pepe Auth, vaya mi reconocimiento-, pero lo disparó la derecha, esa “con calle”, la social y que ahora es transversal, pues incluye a buena parte de la UDI. Los campos expropiados dejaron de producir, la minería sin inversión también; lo que quede del sistema previsional, después del retiro, la estampida de los que quieran poner a salvo sus ahorros y el desguace de la reforma que viene, estará a punto de morir y con él nuestro sueño de ser un país desarrollado.

A la extrema izquierda la mueve su convicción, que puede estar plagada de errores, pero es firme; la derecha, como el país y como siempre, naufraga en la confusión.

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