Carlos Ominami

Carlos Ominami

Economista

Opinión

COP25: ¿nueva improvisación?

Primer día de trabajo en COP24 (REUTERS)

En la COP24, en Katowice, Polonia, el gobierno de Chile tomó una decisión muy celebrada por la comunidad internacional: reemplazar a Brasil como sede de la COP25, luego que Bolsonaro anulara el compromiso contraído por su país.

La COP25 tiene una agenda importante. Por un lado, terminar la definición de las reglas de aplicación de los acuerdos sobre el mercado de bonos de carbono; por el otro, preparar la “Nueva Ambición”, es decir, las nuevas exigencias en materia de contribuciones nacionales.

Una conferencia bien organizada y exitosa sería un gran aporte de Chile y su gobierno al enfrentamiento del cambio climático, el principal riesgo global del planeta. Si el Presidente Piñera logra, como lo ha sugerido, que Trump revise su decisión de retirarse del Acuerdo de París sería un tremendo éxito para Chile y también para él. La apuesta es mayor. Aunque a la COP asisten todos los países, las decisiones relevantes se toman en “petit comité”, en una “pelea de perros grandes”. El gran aporte de la COP21 celebrada en París fue justamente haber conseguido un acuerdo de todos los grandes. Desde esa fecha abundan las malas noticias: aumento de la temperatura de la Tierra, sucesión de catástrofes, incumplimiento de las metas nacionales y retiro de EE.UU. del Acuerdo.

Pero, luego del anuncio por parte del Presidente Piñera y la ministra Schmidt de la celebración de la COP25 en Santiago, han comenzado los problemas. En un acto insólito, mediante una carta dirigida al comité organizador, la ministra solicitó una postergación de la conferencia para enero del 2020, argumentando la falta de un lugar adecuado para su realización, problemas de congestión y dificultades para hospedar a los más de 20 mil participantes. La advertencia de la ministra de que, “a pesar de nuestros mejores esfuerzos, podríamos no estar en la posición de proveer las mejores soluciones”, es una vergüenza. Son cuestiones básicas, que debían ser verificadas antes de hacer el ofrecimiento. Pretender que la COP25 se celebre en enero, en consecuencia que las 24 anteriores han tenido lugar en noviembre-diciembre, es un despropósito. Es no entender el funcionamiento de Naciones Unidas y las formas de organización de las agendas de los jefes de Estado.

El rechazo del comité organizador no se hizo esperar. La carta solo consiguió sembrar la desconfianza sobre las capacidades organizativas de nuestro país.

Con razón la ministra ha hecho presente que, luego del Mundial del 62, este será el evento más masivo organizado por Chile en su historia. Que distinta, sin embargo, su actitud vacilante comparada con la de Carlos Dittborn, el organizador del Mundial, que decía: “porque nada tenemos, lo haremos todo”. Es de esperar que la COP 25 sea un éxito, pero no se puede dejar de advertir que esta decisión confirma lo que a estas alturas es ya un sello de las actuaciones internacionales del gobierno: la improvisación.

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