Costos de la violencia




SEÑOR DIRECTOR

En la medida en que el país intenta dejar atrás la crisis sanitaria, a través de un proceso de vacunación masiva que es ejemplo a nivel mundial, reaparece un flagelo que no hemos superado como sociedad: la violencia sin control.

Los costos asociados a la destrucción de bienes por delincuentes vinculados al narcotráfico o a las barras bravas son cuantificables y conocidos. Pero los efectos de largo plazo de aceptar la violencia como forma de expresión son mucho más profundos y terminan por socavar las bases mínimas mediante las cuales las personas pueden desarrollarse. La destrucción de zonas completas en diversas ciudades, el clima de peligro que se instala en barrios residenciales y la mirada complaciente de ciertos sectores políticos, terminan por encerrar a las personas en sus propias casas, junto con su capacidad de emprendimiento o sus fuentes de ingresos.

Algo de esto es lo que hemos podido constatar en La Araucanía. Grupos violentistas mantienen tomadas extensas zonas y los costos los han pagado sus propios habitantes. En una década, La Araucanía tuvo el peor desempeño regional en materia de empleo -terminó destruyendo puestos de trabajo a una tasa promedio anual de 1,4% entre 2010 y 2020, según datos del INE-, y actualmente es una de las regiones con menor ingreso de los ocupados y es, por lejos, la región con mayor pobreza en nuestro país.

Es preocupante que, lejos de resolver la situación de La Araucanía -que es una necesidad urgente-, presenciemos cómo la violencia se toma otras regiones, como un verdadero cáncer imparable. El proceso constituyente no servirá de nada si permitimos que el vandalismo se siga imponiendo como método en la convivencia nacional. No debemos asombrarnos después si las empresas dejan de invertir y dejan de crear empleos, tal como lamentablemente ocurre en el sur de nuestro país. Es hora de que políticos de todos los sectores asuman como imperativo ético condenar la violencia en cualquiera de sus formas, porque es inaceptable que el miedo se convierta en el sentimiento de una sociedad que aspira a vivir en paz.

Gonzalo Said

Presidente Fundación Generación Empresarial

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