Cuando la macro sí importa

Foto: AGENCIA UNO.



SEÑOR DIRECTOR

La economía chilena se enfrenta a una crisis de proporciones. Y autoinfligida.

A los 6 mil millones de dólares por costo de la destrucción, se le debe adicionar la menor recaudación tributaria por menor crecimiento. De una proyección de 3,5% de crecimiento en enero 2109, a un magro resultado 2019 de un 1,0%, se deberían restar al erario fiscal aprox. 2.400 millones de dólares. Además, el plan del gobierno para el 2020 de 5.500 millones de dólares (para promover el empleo, gasto social, apoyo a Pymes y reconstrucción) llevará a la economía a un mayor déficit fiscal del 4,7% del PIB (16 mil millones de dólares). Aquí las fuentes de financiamiento son variadas; emisión de deuda pública por 9 mil millones de dólares (3% del PIB) y la utilización de activos fiscales en moneda extranjera (7.600 millones de dólares).

Como el crecimiento proyectado es bajísimo, las expectativas para invertir decaen, y se prolongaría el estancamiento. Una nueva reforma tributaria (ya no bastaría con la reversión del proyecto de integración de Sebastián Piñera, que involucionaba la reforma tributaria de Michelle Bachelet) en este contexto actual, sin los acuerdos transversales pertinentes, no tendría futuro y solo debilitaría aún más la economía.

Países OCDE, en general, tienen mayor prestación de bienes públicos que la economía chilena, y sus deudas públicas (como ratio del PIB) son mucho más elevadas que la chilena. Sincerar las deudas sociales en el "Balance País" es absolutamente necesario. La deuda pública y los activos del país deben emplearse en pagar estas deudas sociales a corto plazo. Pero no son un financiamiento permanente, de ahí su debilidad. También llevar a cabo una nueva reforma tributaria no parece sencillo (la economía está débil y se requiere consenso amplio). Sin embargo, el timing, magnitud y disposición de estos ajustes tributarios deberán realizarse no con un discurso antiempresarial o antiemprendimiento, de lo contrario se devaluará el aporte de las empresas.

No hay duda que urge corregir lo que no funcionaba bien, pero sobre todo urge tener una mirada de país de largo plazo donde ningún actor falte. Esta ha sido la estrategia de los países exitosos; confianza y respeto en el centro de la discusión.

Francisco Castañeda

Economista USACH

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