Cuídate comprador

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La discusión hoy es cuán grave será la recesión que se nos vendrá encima. Los más optimistas dicen que para EE.UU. será de -3 o -4% este año. Para la Unión Europea, bastante más grave. Otros, por ejemplo, Goldman Sachs, opinan que será cercana a dos dígitos. Como sea, una recesión de los países desarrollados siempre llega aumentada a Chile, de modo que hay que ir juntando paja. 

Si fuera como la subprime, lo hecho hasta ahora bastaría. Pero... si fuera parecida a la del 82/84, la cosa será mucho más dramática.

En esos años no solo quebraron empresas medianas y pequeñas: también lo hicieron las más grandes (Copec, Celco, Ladeco, CCU, por nombrar algunas). Los bancos -casi todos- fueron intervenidos. Aparte de reestructurar los bancos, había que hacerlo también con las deudas de empresas y personas. Problema no menor, en medio de protestas populares de mucha intensidad.

El gobierno convocó a principios del 84 al distinguido profesional Efraín Friedman (Q.E.P.D) y un grupo de expertos para solucionar el problema. Me tocó ser parte de ese grupo entre los que se contaban Juan Andrés Fontaine, Cristián Eyzaguirre, Fernando Escobar. Y -crucial- Hernán Büchi, en ese año superintendente de Bancos.

De esa comisión salió un programa de reestructuración masivo que dio créditos bancarios a largo plazo, con años de gracia de capital a empresas. Un tema crucial fue la distinción de “empresas viables”, que tendrían acceso a nuevas líneas de crédito, y las “no viables”, que no lo tendrían (también se hablaba de “empresas con chimenea” versus “empresas de papel”, normalmente holdings). Era la manera que la ayuda a los bancos llegara en forma compulsiva a empresas y personas “rescatables”.

Chile, a diferencia de esos años, es ahora una economía mucho más grande, con empresas más fortalecidas y un Banco Central no solo más potente, sino, además, independiente. Y Chile es ahora una democracia, sujeta a los checks and balances que no existen en dictaduras.

Hoy, la autoridad económica, los reguladores y el Banco Central se deberán esforzar para que esa liquidez disponible a una tasa del 0,5% anual a la banca no se transforme solo en mayor caja de los bancos, o se convierta en créditos de consumo al 0,9% mensual (algo así como 12% anual o UF+9% aproximadamente). Si la banca accede a esa tasa preferencial, debe ser a cambio de que traspasen ese costo de fondos a sus clientes y no aprovechen esa ayuda para aumentar sus spreads. Eso fue lo que se evitó en los ochenta.

Traigo esto a colación porque muchos conocidos han estado preguntando por los “planes de ayuda a clientes” de diversos bancos: unos que son aceptables y uno que otro, francamente inadecuado. La conveniencia de todos (o casi) dependerá de la tasa que se aplique a esta ayuda que llega en postergaciones de cuotas o nuevos créditos. Así que, deudores: vean con cuidado sus opciones (caveat emptor, decían los romanos: cuídate comprador). Y que los bancos beneficiados con financiamiento inusualmente barato actúen como buenos chilenos, porque si no lo hacen, más temprano que tarde podrían obligarlos a hacerlo.

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