Opinión

Democracia y cuidado de instituciones


Esta semana la presidenta de la Cámara de Diputados y el presidente del Senado rindieron cuenta a la Nación sobre el trabajo efectuado por ambas Cámaras en el año inmediatamente anterior. Este acto republicano incluyó un repaso sobre la labor efectuada por el Congreso en materia legislativa, así como las nuevas comisiones e instancias creadas en el Parlamento para el estudio de materias específicas y para acercar al Congreso a la ciudadanía. La cuenta incluyó, asimismo, una reflexión sobre el rol del Congreso Nacional y su importancia para el sano funcionamiento de la democracia.
El llamado de ambas autoridades a ponderar la relevancia del Congreso Nacional en un Estado de derecho democrático resulta del todo pertinente. Convocar al propio Parlamento y a otros poderes del Estado y la sociedad civil a contribuir con propuestas para mejorar la calidad del debate legislativo; modernizar la institucionalidad, acercándola a la ciudadanía, y los mecanismos de control y transparencia en la función y uso de recursos públicos; revisar el rol que le cabe a los parlamentarios y al Congreso en tanto intervienen en temas que forman parte de la discusión nacional y recuperar las confianzas en nuestras instituciones democráticas, son aspectos ciertamente muy necesarios. Los desafíos antes referidos y la importante atención prestada por los líderes del Parlamento a los mismos, constituyen una valiosa contribución al quehacer del Estado; respetar la labor del Congreso Nacional debiera ser un llamado que convoque a todos.
Cabe no olvidar que el Parlamento cumple una función esencial en la democracia, no solo por su vocación de representación ciudadana y de símbolo de la pluralidad política y la diversidad social del país, sino porque constituye un actor muy relevante en materia legislativa, así como también en el control horizontal entre los poderes del Estado, a través de la labor fiscalizadora que ejerce la Cámara de Diputados. En este sentido, como ciudadanía, debemos valorar el rol que ejerce el Parlamento, sin perjuicio de las legítimas críticas que, planteadas en términos constructivos, puedan efectuarse en aras de mejorar importantes aspectos de su funcionamiento e institucionalidad. El desafío político que tiene el Congreso para recuperar prestigio y confianza es enorme, lo que implica no solo efectuar la reflexión y autocrítica que realizaron sus máximas autoridades esta semana, sino también el constante cuidado, desde la propia esfera del Congreso, de no contribuir a su invalidación.
Exigir respeto por la institucionalidad demanda, como contrapartida, que el propio Parlamento respete a su vez a los demás poderes del Estado y a los organismos autónomos del mismo, en las esferas de sus competencias y atribuciones, y no participe, de tiempo en tiempo, en desautorizarlas o desacreditarlas, tal como ocurre constantemente con el Tribunal Constitucional. Las señales contradictorias en esta materia, que muchas veces emanan desde el propio Congreso y sus miembros, deben evitarse en aras del respeto que se viene exigiendo a la institucionalidad democrática.

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